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Columnas: El Truco de Trump

El Truco de Trump

/ 06 de octubre, 2019 / Jorge Faljo

Varios meses antes de que el entonces
candidato Trump fuera elegido
presidente de los Estados Unidos,
en un discurso de campaña le pidió a Rusia
encontrar y difundir los correos de su rival
Hillary Clinton. Pedirle ayuda a Rusia era
un delito, pero al hacerlo descaradamente
frente a las cámaras y salir en los noticiarios
de todo el país, pasó como broma o
inocencia. Así Trump logró algo que
repetiría innumerables veces en adelante;
convertir un delito en la nueva normalidad
mediante el “truco” de hacerlo a plena luz.
Antes, en enero de 2016, en otro acto
de campaña electoral, dijo que podría
dispararle un balazo a cualquier persona a la
mitad de la quinta avenida y no perdería ni
un solo voto. Un público de fans le aplaudió
tal y como un sector de la población le sigue
aplaudiendo cualquier barbaridad, infamia
o chiste que diga. Infamia por ejemplo
haber dicho durante años que Obama, el
primer presidente afroamericano, no había
nacido en los Estados Unidos y su acta de
nacimiento era falsa.
Me remonto a cuando Trump no era
presidente para señalar que en realidad
no engañó al pueblo norteamericano. A
las claras les hizo saber a sus seguidores
que era mentiroso, farsante, inmoral y
decidido a quebrantar las normas; todo
abiertamente. Su mensaje de fondo,
subliminal, es que él, el truhán, enfrentaría
a otros truhanes, a los políticos melosos,
que eran peores por ser hipócritas.
Cuando Bill Clinton fue presidente se
le hizo juicio político y estuvo cerca de ser
defenestrado (impeachment en inglés),
aparentemente el problema era que había
mentido acerca de su relación sexual con
una becaria de la Casa Blanca. Trump que le
pagó 130 mil dólares a una “estrella porno”
para que cerrara la boca habría hecho algo
peor. Pero Clinton y Trump fueron juzgados
desde dos estándares distintos; Clinton
engaño al infringir sus normas de decencia;
pero lo que hizo Trump parecía normalito
en un truhan multimillonario.
Cuando Nixon fue presidente estuvo
al borde de ser defenestrado y tuvo que
renunciar. Su problema es que había sido el
candidato de la justicia y el orden y le falló
a su propio estándar.
Trump ha cometido múltiples delitos
que a otro personaje le hubieran costado
el puesto, pero a los que el parece
invulnerable; sus fans todo se lo permiten y
se lo celebran. Eso porque Trump no fue el
candidato adalid de la justicia, el orden, la
rectitud, el conocimiento y el buen juicio.
Lo que prometió fue el caos, comportarse
como chivo en cristalería.
Aquí el punto es, ¿Por qué buena
parte de la población norteamericana
quiere el caos? Tal vez porque el orden
anterior les resultaba insoportable.
Millones perdieron sus empleos cuando
los grandes conglomerados se fueron
a contratar trabajadores más baratos
en el tercer mundo; millones perdieron
sus casas a resultas de la ruptura de la
burbuja inmobiliaria en el 2008; millones
tienen ahora menos años de esperanza de
vida y viven aquejados de alcoholismo,
drogadicción y depresión; millones ganan
menos de lo que ganaban sus padres 30
años antes.
Para esos muchos millones el “sueño
americano” se volvió pesadilla al
mismo tiempo que sus dirigentes les
aseguraban que no había otro camino,
que esa era la nueva normalidad. Que
de hecho las cosas no estaban tan mal.
Que incluso iban bien. Eso cuando el uno
desmesuradamente; y los orquestadores de
los mega fraudes no recibían castigo y nadie
entre los grandes gurús de la economía supo
predecir el desastre, y menos solucionarlo.
Así que en 2016 ganaron los que le
apostaron al campeón del caos.
Ya antes el pueblo norteamericano había
elegido a un actor: Ronald Reagan. Ese era
al menos un actor serio que en sus papeles
encarnaba a los buenos, a los justos. Con
Trump eligieron a otro actor, en este caso
de “reality show” que se encarnaba a sí
mismo como un cabrón despiadado y que
para mantener su “rating” tenía que ser
cada vez más extremo. Si no el público se
aburriría.
Eso, el escandalo creciente, era la
capacitación previa de Trump, el tipo de
“sabiduría” que lo llevó a la presidencia.
Para sus fans no se trataba de elegir
a otro representante del fraudulento
neoliberalismo honesto y de principios;
tampoco a un héroe defensor del pueblo,
ya habían perdido esa esperanza. Solo
quedaba aquello de que pa’ los toros del
jaral los caballos de allá mesmo.
Trump destaca por una ignorancia
descarada que le hace negar el
calentamiento global, proponer arrojar
una bomba atómica para desintegrar
un huracán, o que los aerogeneradores
de electricidad producen cáncer. Es en
extremo cruel contra los más vulnerables,
niños, mujeres, pobres. Llegó a proponer
que les dispararan a las piernas a los
migrantes; solo que le dijeron que sería
ilegal. Y está dispuesto a la ilegalidad. Es
también un mentiroso redomado.
Trump sorteó el escollo de la
investigación de Mueller que claramente
concluyó que obstruyó la investigación y la
justicia en torno a la interferencia rusa que
le ayudó a ganar las elecciones. Varios de
sus más cercanos colaboradores están en la
cárcel. Pero el la libró.
Ahora, por fin, los demócratas se han
decidido a iniciar la investigación inicial a
un juicio político que podría conducir a su
defenestración. Insisto en que es un juicio
político, no criminal, y por tanto depende
de la relación de fuerzas políticas en las
dos cámaras del congreso norteamericano.
Y esas fuerzas dependen a su vez de la
opinión pública y su comportamiento
previsible en las próximas elecciones
presidenciales y para senadores y
representantes en el 2020.
Los republicanos han defendido a
capa y espada a su presidente porque
dependen de su base política, sus fans,
para reelegirse. Y los demócratas no se
atrevían a formalizar una investigación
porque si no ganaban el juicio político
en el senado, mayoritariamente
republicano, podrían fortalecer a Trump
para la reelección.
Pero surgió un nuevo escándalo; Trump
pidió ayuda al gobierno polaco, a cambio
de desbloquearle la ayuda militar que le
asignó el congreso, para desprestigiar
al hijo de Joe Biden, el precandidato
demócrata favorito para las elecciones
presidenciales del 2020. Eso convenció a
los demócratas de lanzar los preliminares
del juicio político en la idea de que esto ya
no lo aceptaría la opinión pública.
En respuesta Trump ha recurrido a su
truco básico; hacer normal el delito. Frente
a micrófonos y videocámaras le pidió al
gobierno chino que investigue a los Biden,
padre e hijo. Reincide abiertamente y
niega que sea incorrecto. ¿Le volverá a dar
resultado?
Creo que Trump será defenestrado,
si no ahora, más adelante. Ha salido
políticamente airoso de varias acusaciones
graves y sí cambiara a un comportamiento
mesurado tal vez no le pasaría nada. Pero
Trump se siente impune y lleva en la sangre
la cultura del “reality show”, que lo hace
reincidir en escándalos crecientes. Eso
lo llevó al triunfo y parece que esta vez
terminará por hundirlo.