15 enero, 2026

15 enero, 2026

El viento en los tendederos 

CRÓNICAS DE LA CALLE / RIGOBERTO HERNÁNDEZ GUEVARA

Es el viento que huye de febrero el que golpea las puertas. Es el viento que regresa de un viaje al sur después de haber sido norte. El que onda las banderas en losg tendederos y trae un poco de frío al mes de marzo. 
Ya no se elevan papalotes para reunir a la banda expectante a ver a qué horas se sueltan, o se corta el hilo y se los lleva lejos a donde irán a buscarles. 
Es el viento que movió el balón, y el portero engañado por el recurso meteorológico, ve cómo entra otro gol que causará la burlas de sus compañeros. Así es la suerte. 
Nada entra, sólo el viento entra y sale por abajo de las puertas o se cuela entre las piernas como entre las calles. El viento mese el cabello que da en la cara de la mujer bonita y la encubre. Nadie la vio y tampoco la buscaban. 
Es el viento que rodea la montaña y luego nos da en la espalda, se filtra por abajo de la chamarra y ahí trabaja. 
El viento anuncia las hojas que van callendo y recorren los barrios hasta ser atrapadas por el silencio. Y hay hojas que convertidas en humo se vuelven viento. 
Con el viento viaja el nauseabundo hedor de las cloacas inmediatas, el olor Inexplicable que se junta con otros y salen a la calle. Viaja el perfume de las flores que son como mariposas de colores que, invisibles, se instalan en las narices. 
Con el viento va la voz con la noticia, el raudo sonido de un árbol, el grito de un niño, el carro que anuncia milagros o compra el fierro viejo al mismo tiempo. 
Con el tiempo el viento raspa las paredes, poco a poco las dirige a otras partes, las disuelve, las mezcla para otras construcciones. 
El viento hace que nos quedemos en los hogares o que en una lucha cuerpo a cuerpo resultemos vencedores de los tornados y de los labios que nos arrojaron un beso. 
El viento trae el plasma del polen, trae el futuro en el aire que que hace turbio el vuelo de las mariposas incansables. Trae la lluvia y se la lleva, la pasea por la calle. El aliento es el viento de los labios, la respiración donde se oferta el oxígeno gratis. 
El ruido de las ramas que sacuden las hojas es el árbol de alguien que dibuja el movimiento del viento. Es el viento que se lleva la memoria y luego la refresca en una tormenta. 
Atrás del viento inalcanzable va un niño creciendo y persiguiendo un sueño, va la pelota y después un remolino que se lleva los años. 
Sucede que el viento se lleva los papeles, alguien arroja un globo al cielo donde pasan aviones viendo al suelo. Tomas un poco de aire y soplas a la vela, incineras la lumbre y amarras la casa para que no se la lleve. El viento entonces se calma y la gente cambia. 
El viento es barredora inesperada de las calles, es el sitio que arrastra de todo y una vez encabronado, en los huracanes, arrasa todo a su paso por las ciudades. Nadie hace enojar al viento y nadie lo calma. 
El viento mueve los péndulos inexplorados, va descubriendo espacios vacios y sale del cuerpo. El viento es un silbato y a lo lejos es otro que contesta en clave morse. 
En el corno, el grueso sonido envejecido y terco, hace una sonata mientras otros duermen y no descansan. No es bueno despertar a los que roncan dice la gente. Pero habrá siempre quien arroje su chancla y se detiene. 
Cuando hay viento la algarabía de la naturaleza tiene sus canciones de moda para la danza. Los árboles se besan las copas de puntitas y se retiran al mismo tiempo. Los botes de vela cumplen su sueño de luciérnagas en el mar de una sola noche y llegan a un extraño puerto. Abres la ventana y entra el viento con el mundo completo. 

HASTA PRONTO

Por Rigoberto Hernández Guevara 

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