No, no es un recuerdo de Peña ni de su misoginia contra su pareja, es la referencia despectiva que a manera de chiste hacen muchos de las personas que trabajan en casa. Este 30 de marzo se conmemoró el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar y por la ocasión se visibilizaron las violencias que viven en su entorno de trabajo.
El año pasado había 2.3 millones de personas dedicadas al trabajo doméstico remunerado, esto es 4 por ciento de la población ocupada. Casi 9 de cada 10 personas en esta labor son mujeres, en edad promedio de los 40 a 50 años y están al servicio de la patrona o patrón más de 30 horas a la semana.
Para comprender el tamaño de este problema hay que visibilizar sus condiciones, solo 1 de cada cien trabajadoras del hogar reportan tener un contrato por escrito y solo 4 de cada cien señalan que tienen acceso a servicios de salud, esto según los datos oficiales de La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo.
Pero más allá de que no tienen garantizados sus derechos laborales, tampoco tienen la seguridad del respeto pleno a sus derechos humanos, en este sentido el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la CDMX informa de las violencias que más sufren son alejarlas de sus lugares de origen, muchas veces viven aisladas por sus patrones, en condiciones de salarios ínfimos, con extensas jornadas o sin horarios, víctimas de maltrato psicológico, físico, emocional y hasta sexual, enfrentan, dice esta organización «Trata de personas en su modalidad de explotación laboral».
La realidad en este sector laboral es que no tienen acceso a una vida libre de violencia y para hacer conciencia social, presentan el Violentómentro especializado en este tema para que tanto las empleadoras y las mismas empleadas puedan identificar las formas en que se vulnera su dignidad, equiparando este problema a la esclavitud moderna.
Las violencias inician desde que las ponen a trabajar sin contrato, les etiquetan con nombres despectivos como «sirvientas» «criada» o «gata», les hacen bromas clasistas y racistas, las chantajean, las ignoran, descalifican, si se pierde algo las culpan, les gritan, las controlan, les prohíben cosas, las aíslan.
Cuando las agresiones suben de tono, pueden llegar a golpearlas, castigarlas o destruirles artículos personales, les prohíben o limitan el uso de su celular. Esta herramienta que clasifica las tantas violencias que se ejercen sobre ellas, coloca en rojo, como alerta, los abusos sexuales, el manoseo del patrón, las violaciones y los embarazos por abuso de poder.
Conocer su problemática ayudará a cambiarla, y las efemérides sirven para eso, para reflexionar y qué como sociedad actuemos en serio, en manos de ellas, como dicen las colectivas feministas, se sostiene el bienestar familiar.
Por Guadalupe Escobedo Conde




