15 enero, 2026

15 enero, 2026

Hay 20 mil canciones, como en Londres 

CRÓNICAS DE LA CALLE / RIGOBERTO HERNÁNDEZ GUEVARA 

TAMAULIPAS.- Estás en mi historia y mi geografía. En mi timidez y en mi ingenuidad. Esto es ahora una calle hecha con talento. Antes era un pequeño bosque. Por encima se sigue haciendo un poco más. Hay edificios y una realidad construida con concreto para todos los hijos. Te veo ahora con mucha realidad. 

Con estos ojos pego etiquetas en una fábrica y ahorro dinero mientras leo para ser escritor que es una profesión económica. No cuesta nada para el que le gusta. Hasta que otros digan que eres bueno y eres confiable en eso. En otra parte eres una calle oscura con paredes emborronadas.

Vida, bañaste mi vida. Vida. Esta es la costra de los días, el sobrante detrás de un perro y de una moto. Escribo. No dejo de escribir antes de un evento. Después la sacudida deja desnuda la pluma. Escribo. Lo que solo a mí me ocurrió a esa hora. 

Escribo del el escenario mágico antes que desaparezca del sombrero. Abro y cierro los ojos como las calles donde se baila y se celebra una boda. La ciudad está llena a precios muy populares y tenemos ese gusto porque en general no se anda por la calle. 

Desde luego un día define la vida, un segundo lo es todo, un círculo. Cada hecho rompe el espejo. Y hay que elaborar muchos hechos para las buenas conciencias. Me preguntan y cada respuesta es una casa, una canción, una colonia de la periferia. 

He salido corriendo detrás de la historia y de los dedos que huyen del cuerpo. Sí. He visto a miles bajar corriendo de un escenario donde se entregaron los artistas y hay rumores de la noche con alquiladas como en Londres. 

La continuidad del tiempo plantea el sentido contrario en un extraño idioma que hablo. Se avanza entre la panza. Se juega, pues se olvida de qué trata la vida. Desde arriba la vida es una carretera y no una estación. 

El sonido conmemora los giros, los trastes que son lavados, el ruido seco, fuertemente oloroso, un hombre gritando en la calle más estrecha. La cartografía de los ambulantes a un lado de los lados.
 
Estoy en la historia y alguien recorta una estampa con mi nombre. No es verdad. Ya cualquiera lo googlea a uno . Estoy imperceptible. Puede usted comprobar mi respiración. Me he encargado del sistema de software en mi mundo, esa misma empresa cuidó del hardware. Me he encargado de aprender el único idioma, el de las miradas. Y de ahí para arriba. 

En los impermeables del tiempo, el imperio arroja almanaques. Las casas son castillos y hay un libro muchas veces leido por los descendientes de la revolución mexicana. Todos íbamos por un dulce, por un vaso de leche. Ya no existe aquel salón de clase, ni el carácter del profe González.

Por la tarde, se queja la tarde al salir del trabajo. Debería alegrarse. Hasta en el centro de la ciudad la ciudad tiene 20 mil canciones que se cruzan entre las calles. Me dijo un vato. 

Cuando venía de regreso, con el sol en Ia espalda. Venía controlando mis instintos, quería chingarme una caguama. Pensé que a dos cuadras de ahí está un depo. Me imaginé unas dos. Pude encargar muchas pero no estoy loco, o quien sabe. 

HASTA PRONTO 

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