En la historia de Latinoamérica, los países que han comenzado a gobernar con el ejército, se convierten en dictadores.
Siempre se espera, por un gran sector de la sociedad y más en los tiempos modernos, en que las sociedades están globalizadas, que esos gobiernos cambien.
México está así, millones de personas están muy bien informados sobre las principales discusiones o debates que se generan en la agenda nacional.
Uno de los temas y de los que han robado la atención desde el 2006, cuando Felipe Calderón asumió el poder, ha sido la intervención del ejército a las calles del país para combatir la inseguridad.
Hoy, Andrés Manuel López Obrador, con el apoyo de los legisladores federales, formalizó y legalizó la permanencia de la tropa en las calles.
La ley protege jurídicamente la actuación de la milicia en operativos e incluye a los elementos de la Guardia Nacional, que se resisten a ser los primeros respondientes (en el nuevo sistema de justicia) para atender los hechos violentos o enfrentamientos.
Es posible que hoy, un amplio sector de los mexicanos justifiquen la presencia del ejército y hasta se aplauda esta acción, pero hay dos cosas que no se pueden dejar de ver, la primera de ellas es que no se percibe una estrategia para frenar la violencia en el país y en muchos lugares a la milicia se les maltrata.
Los hechos violentos, como ejecuciones, enfrentamientos, y crímenes de muy alto impacto, hacen ver que la tropa está batallando para enfrentar la inseguridad que se vive.
Tamaulipas, ayer como hoy, sigue teniendo delitos de alto impacto, aunque sectorizados y no hay un escenario que se desborde, al menos no como pasó en San Miguel Totolapan, en el estado de Guerrero, donde un grupo armado asesinó a 20 personas entre ellos al Alcalde, pero sí hay señales de inseguridad en muchos lugares.
Si el tema de la milicia en las calles se llega a superar sin aspavientos, será porque veremos una seguridad en manos del Estado. Veremos que la estrategia funciona (hoy no se ve en muchas partes del país); la inseguridad no la verá la gente de bien, la gente buena y todo pueblo con gente trabajadora, quiere tranquilidad.
Los riesgos que se corren, es que el Ejército asuma un poder que termine por romper con la vida civil. Está en las principales obras, operatividades, administraciones.
En los Gobiernos de los Estados, son los responsables de la Seguridad Pública y sólo con ello, tienen un rol más activo que contrasta con la discreta presencia que por casi todo el siglo XX mantuvieron y solo se limitaban en brindar la ayuda social en casos de emergencia.
Del Gobierno Federal, en esa gran relación de confianza y cariño, el ejército ha recibido más poder, dinero, posiciones y ¡cuidado! porque, el ejército mexicano se puede estar latinoamericanizando.
El Secretario de la Defensa Nacional Luis Cresencio Sandoval, aseguró hace dos años que el ejército no buscaba protagonismo ni buscaría el poder y no es necesario, el Estado Mexicano se los está otorgando.
Con esa línea, en los Estados podríamos estar viendo en algunos años, a militares en la Cámara baja, en el Senado de la República, en los Congresos Locales (han llegado militares retirados), en los Tribunales de Justicia, Electorales, Administrativos, en las Fiscalías.
No debe garantizarse la seguridad a cambio del poder en todas las funciones civiles con el ejército que es honorable; ni todo el poder, ni todo el dinero en esa relación con el ejecutivo, si ya de por si, hay una clara señal de la militarización como en otros países de Latinoamérica.
Por Arturo Rosas H




