CIUDAD VICTORIA, TAMAULIPAS.- Al que madruga, el cielo de Victoria lo bendice con paisajes naturales que cobran vida ante los ojos, antes de irse a descansar la noche empujada por la luz primera del nuevo día.
Es miércoles.
La luna aún cuelga desde el infinito y la silueta móvil de miles de urracas traza en el cielo una diagonal desde el sur-oriente al norte-poniente.
Y al girar la cabeza hacia la Sierra Madre, un «ovni» cobrizo deslumbrará a quien lo identifique como tal… y le arrancará la primera sonrisa matutina.
Por Magdiel Hernández
EXPRESO-LA RAZÓN




