Se llama… no diré su nombre real. Le pondré José Luis. Es el amigo de mi querida sobrina. Resultó ser un bruto porque participó en un reto muy peligroso de TikTok y terminó destruyendo su prometedor futuro.
Esa red social creada por el empresario chino Zhang Yiming es una de las más populares entre los jóvenes en el mundo. De acuerdo con Statista, en México representa el 70.4% de los usuarios. Por supuesto no es la única red que mantiene cautivos a niños, jóvenes y adultos ni tampoco se trata de satanizar a una u otra compañía tecnológica.
Pero el caso de José Luis es solo un ejemplo de un joven más que buscó popularidad en internet y terminó frustrando su potencial. Participó hace tiempo en el reto de TikTok llamado “rompecráneos” y estuvo a punto de morir debido al derrame cerebral que le ocasionó el traumatismo durante su osadía. Permitió que dos compañeros de la escuela lo tiraran y al caer se golpeara la nuca. Hoy no es un chico normal, tiene secuelas neurológicas y daño cognitivo. De esta manera, resultó ser un cretino más de la nueva generación de “nativos digitales”.
De acuerdo con la Real Academia de la Lengua Española, “cretino” es una persona estúpida o necia, y para el neurocientífico francés Michel Desmurget ―autor del libro La fábrica de cretinos digitales (2019)― un “cretino digital” es el resultado de la larga exposición que tienen los niños, adolescentes y jóvenes, durante varias horas al día, a las diversas pantallas digitales como lo son los teléfonos celulares o smartphones, los videojuegos y las tabletas, etc.
Desmurget demuestra que los daños de esta exposición digital extrema ―sobre todo si se empieza en la etapa temprana de la maduración neurológica, es decir, cuando nuestros hijos son pequeños― comprenden principalmente la disminución del coeficiente intelectual así como diversas afectaciones en el lenguaje, la concentración, la capacidad de memoria y la creatividad. Según sus estudios, el coeficiente intelectual decrece a medida que el uso de pantallas aumenta.
El nativo digital puede sentirse un “expertazo” al pasar horas en sus videojuegos, manejar una nueva aplicación, subir un video de YouTube o crear una “genial” ocurrencia en TikTok. Sin embargo, su coeficiente intelectual será inferior al de sus padres (coeficiente intelectual no es lo mismo que cúmulo de información). Poco a poco, ese tipo de cibernauta perderá capacidad cognitiva pues por la fijación –las madres le llaman vicio- en sus dispositivos ha reemplazado un valioso tiempo que le sería de mejor provecho ocuparlo en la interacción humana durante una convivencia familiar, la práctica del deporte o actividades físicas, en la atención a la enseñanza personalizada, etc.
Para desmentir a Desmurget, las grandes corporaciones tecnológicas han contratados sicólogos y pedagogos que ensalzan las bondades de las nuevas tecnologías; pero, ¡oh sorpresa!, resulta que también la UNESCO ha publicado estudios recientes que demuestran que los niños de esta nueva era digital han perdido capacidad de comprensión de lectura.
En efecto, de acuerdo con un estudio de la UNICEF, la UNESCO y el Banco Mundial, a partir de la pandemia (y cuando más se acentuó el uso de dispositivos digitales para “apoyar” la educación en casa) la capacidad de comprensión de los niños de América Latina y el Caribe cayó dramáticamente.
En palabras de Jean Gough ―director regional de UNICEF para América Latina y el Caribe― esta región “perdió más de diez años de avances en términos de aprendizaje a causa de los dos años de cierre de escuelas”. El “quédate en casa” propició un incremento de nativos digitales y este, como lo detalló Desmurget, es una verdadera fábrica de cretinos digitales, brutos digo yo, como el pobre José Luis.
El fenómeno no es tan simple. Una sola pantalla no puede tener un potencial tan demoledor. Se trata de la influencia cognitiva que están provocando los algoritmos de inteligencia artificial no solo en jóvenes sino en todos los que nos saturamos de información y de distractores por internet, propiamente dicho: “infodemia. Estos algoritmos crean “cámaras de eco” o “filtros burbuja” y logran un verdadero acotamiento de las potencialidades de nuestra inteligencia sobre el complejo entorno de nuestra realidad. No soy catastrofista, solo quiero poner el dedo en la llaga sobre este fenómeno actual que ha causado alerta en los estudiosos del Humanismo Digital.
Seguramente el amigo de mi sobrina no es el único cretino digital. Por cierto, no me gusta ese término ya que me parece peyorativo, pero lo entiendo de verdad. Con estas “maravillosas” tecnologías hemos privado a las nuevas generaciones de una formación integral, natural, comunitaria y, para decirlo con todas sus letras: auténticamente humana. Lo más preocupante, como dije, es que José Luis no es el único cretinillo, probablemente mi querida sobrina también está siendo afectada y ya forma parte de esta triste realidad.
Por José Orlando Carrillo
Comunicólogo UPAEP. Comentarios: carrillososa@yahoo.com




