Por Carlos Ramírez
Los responsables de la defensa de la soberanía territorial y geopolítica mexicana en los gobiernos de la 4T no deben preocuparse por acusar al terrible imperialismo americano ni su renovado brazo operativo de la CIA geopolítica, sino entender primero que la subordinación del espacio soberano de México y el lenguaje expansionista del presidente Trump y sus cinco mosqueteros fue un compromiso pactado de manera consciente por el presidente Carlos Salinas de Gortari.
Las realidades están a la vista: el caballo de Troya del discurso geopolítico de Trump en sus últimos documentos de seguridad y defensa nacionales no es otro que el Tratado de Comercio libre que el presidente Salinas firmó a sabiendas de que entregaba la soberanía mexicana a los intereses de EU y los gobiernos de la 4T quieren mantener a toda costa porque es el camino más fácil para que México crezca económicamente como rémora del capitalismo estadounidense y de ahí salgan recursos para toda la política social que garantice la base electoral de varios sexenios.
En Indicador Político hemos reiterado casi hasta la saciedad que el Tratado negociado en 1990-1993 se firmó a sabiendas de que México tendría que ser una pieza clave de la seguridad nacional geopolítica de Estados Unidos y que ningún discurso nacionalista podría cambiar los términos de la subordinación y dependencia comercial.
La argumentación se encuentra en el Memorándum secreto que el embajador de Estados Unidos en México en mayo de 1991 –el estratega de inteligencia y seguridad nacional y súper espía de la Casa Blanca– John Dimitri Negroponte envió al subsecretario de Estado Bernard Aronson para apresurar la firma del Tratado por razones más de control geopolítico e ideológico de México que por el beneficio en el comercio exterior. El documento fue publicado por la revista Proceso y sigue siendo el principio rector de la seguridad nacional de EU que está explícita e implícita en todos los derivados y actualizaciones del acuerdo. Su párrafo más importante es más claro que el agua transparente cristalina:
“El prospecto del TCL debe ser visto en el contexto de estas tendencias reformistas (neoliberales del Gobierno de Salinas de Gortari) que comenzaron a la mitad de los años ochenta y que fueron aceleradas dramáticamente por Salinas cuando tomó el poder en 1988. La propuesta del TCL es de alguna manera la piedra que culmina y asegura estas políticas. Desde la perspectiva de política exterior, un TCL institucionalizaría la aceptación de una orientación estadounidense en las Relaciones Exteriores de México”… “La adopción de un TCL nos ayudaría a poner de forma abierta y legítima lo que muchos sienten debería ser la relación entre México y Estados Unidos hace mucho tiempo”.
El Tratado al que se refería Negroponte –primer director de inteligencia nacional de la Casa Blanca después de los ataques terroristas del 9/11 de 2001 y antes asesor de seguridad nacional con Henry Kissinger– es el vigente y contiene justamente los elementos de seguridad nacional que planteaba el embajador estadounidense en México en 1991: México firmaría el tratado bajo tres criterios: subordinar la economía mexicana a las necesidades de la economía estadounidense, mantener y profundizar las reformas neoliberales –que, por cierto,, siguen vigentes en la 4T– y el compromiso mexicano para mantener una orientación estadounidense en su política exterior.
Si el Gobierno de la presidenta Sheinbaum Pardo quiere invocar intereses nacionales de México en la geopolítica internacional y sobre todo en los planes del presidente Trump y sus mosqueteros –Marco Rubio, Pete Hegseth, J.D. Vance, John Ratcliffe (CIA) y Kash Patel (FBI)–, entonces tendría que comenzar por congelar el T-MEC y buscar una negociación estrictamente comercial que logre borrar del Tratado y de la política exterior mexicana los compromisos de aceptación subordinada que firmó el presidente Salinas de Gortari.
Los contenidos agresivos y redactados en modo de feudalismo moderno o de revalidación descarnada del viejo imperialismo estadounidense en la Estrategia de Seguridad Nacional, la Estrategia de Defensa Nacional, la Agenda Exterior del Departamento de Estado, la CIA como agencia de desestabilización en otros países y el FBI no hacen sino reflejar el sentido integral del Tratado de Comercio Libre salinista vigente hasta 2036.
Todas las quejas, respuestas e ironías del Gobierno mexicano contra el Gobierno de Trump por las amenazas directas de invasión militar y los operativos clandestinos de la CIA, el FBI y la DEA en territorio mexicano no dejarán de ser frases que carecen de valor estratégico y que el único camino que tiene México para recuperar su soberanía nacional frente al expansionismo imperial de Estados Unidos es el de negociar un nuevo acuerdo comercial sin el entreguismo que aceptó de manera consciente el presidente Salinas de Gortari y sus economistas cincelados en universidades estadounidenses de pensamiento neoliberal.
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Política para dummies: la política se define como un acto de fuerza moral cuando sus objetivos defienden la soberanía.
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