Una encuesta de la firma Electoralia, revela que la presidenta Claudia Sheinbaum mantiene una aprobación del 69 por ciento, un dato relevante por su actualización al 22 de enero.
El nivel de respaldo resulta especialmente significativo si se considera que, en los últimos dos meses, ha enfrentado presiones reales de Donald Trump y episodios complejos de inseguridad.
En términos generales, y contrario a ciertas percepciones, la presidenta va bien. Sin embargo, algo no está funcionando dentro del movimiento: Morena comienza se ve distraído y pareciera que empieza a perder terreno.
Históricamente, Morena no había bajado del 53 por ciento en preferencias electorales promedio, pero el escenario cambia cuando se desagregan los resultados sin el PT y el Verde.
No se trata aún de una crisis electoral. En entidades como Tamaulipas, Morena ha logrado triunfos en solitario y se mantiene competitivo, aunque las señales de desgaste son evidentes.
Las proyecciones rumbo a 2027 advierten una posible caída hasta el 38 por ciento en preferencias, un descenso que no puede minimizarse ni atribuirse solo a factores externos.
Desde 2015, Morena ha tenido un crecimiento sostenido, pero hoy enfrenta una erosión acelerada, quizá por la obsesión de algunos liderazgos con la elección de 2028.
Antes de pensar en la gubernatura, el partido y sus actores políticos deberían concentrarse en 2027: Hay elecciones en ayuntamientos, diputaciones locales y federales. Hoy, nadie parece estar trabajando seriamente en ello.
No existe una estrategia territorial clara que contrarreste la narrativa opositora, que aunque no crece, sí logra impactar negativamente ante la falta de operación política.
Tampoco debe omitirse la falta de presencia de alcaldes, secretarios o legisladores con una estrategia partidista y sólida en los territorios o atendiendo a grupos políticos. No se puede dejar de pensar que la guerra sucia genera cohesión, venga de donde venga.
En Nuevo Laredo, por ejemplo, se ha reactivado una campaña de desgaste contra colaboradores de Carmen Lilia Canturosas, buscando minar proyectos municipales y políticos.
Situaciones similares se repiten en Reynosa con Carlos Peña, donde la falta de oficio político mantiene a Morena aislado, con vínculos débiles y sin control territorial.
Si estas prácticas continúan en Nuevo Laredo y Reynosa, el escenario para Morena será cada vez más complicado, con riesgos claros de fractura interna.
Aun más: Ciudad Madero, el alcalde parece más concentrado en una narrativa extravagante que en gobernar, abriendo frentes contra cualquiera que no se alinee a su mando.
En Tampico persiste una ruptura de liderazgo y operación política con riesgos de perder sin que la oposición se nueva; en Altamira, el alcalde actúa como un pequeño virrey; en Victoria, las diferencias siguen sin resolverse.
Roy Campos, de Consulta Mitofsky, ha advertido una crisis futura de Morena a nivel nacional, incluida Tamaulipas, pese a la fortaleza personal de la presidenta que también la ve con una alta aprobación.
Mientras Sheinbaum conserva respaldo y reconocimiento internacional, Morena cae de un 58 a un 42 por ciento en aceptación promedio, con variaciones regionales.
Estos datos no parecen estar en el radar de la dirigencia partidista, más enfocada en disputas internas y campañas de desgaste, que en defender resultados de gobierno.
Salvo Nuevo Laredo y Victoria, pocos hablan de las obras y acciones estatales y federales en Tamaulipas. El resto parece dormido, mareado por el poder.
Morena aún está a tiempo de corregir el rumbo. Pero para ello necesita menos guerra sucia y más operación política.



