1 febrero, 2026

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Operan maquiladoras, entre el auge y la crisis

La industria maquiladora en Tamaulipas pasó de ser una solución emergente a convertirse en el eje económico de la frontera; hoy conserva su peso productivo entre estancamiento, mayores costos y un modelo claramente agotado

Por Nora M. García
Expreso-La Razón

CIUDAD VICTORIA, TAM.- La industria maquiladora en Tamaulipas surgió como una solución de emergencia y derivó en una dependencia estructural de la economía estatal, concebida como política temporal para contener el desempleo terminó por convertirse en el eje productivo de la frontera, sin diversificación industrial, sin estrategia de largo plazo y con costos sociales persistentes.

El punto de partida fue 1965, cuando México lanzó el Programa de Industrialización de la Frontera Norte tras el fin del Programa Bracero, no fue un proyecto de desarrollo, fue un dique social, generar empleo rápido, barato y cercano a Estados Unidos, aun sin valor agregado ni integración productiva local.

En ese arranque existían apenas una docena de plantas y poco más de tres mil trabajadores en todo el país, eran líneas de ensamble básicas, salarios mínimos y una lógica clara, producir barato para exportar caro, con el Estado absorbiendo costos de infraestructura y renunciando a una parte de la recaudación.

Tamaulipas se incorporó pronto, para 1973 ya operaban al menos 56 maquiladoras en Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros, no llegaron por planeación industrial, llegaron por geografía, por frontera, por puentes internacionales y por disponibilidad de mano de obra joven y sin organización.

Durante los setenta y ochenta la maquila creció sin freno, para 1980 México ya contaba con unas 120 plantas y cerca de 120 mil empleos maquiladores, las ciudades fronterizas comenzaron a transformarse, pero la estructura económica siguió siendo dependiente del exterior.

El verdadero salto ocurrió en los noventa, la apertura comercial y la firma del TLCAN en 1994 integraron a México a las cadenas productivas de Estados Unidos, la maquila dejó de ser excepción y se convirtió en política económica central, con efectos sociales y fiscales que se prefirió ignorar.

Para el año 2000 el país registraba más de 3,500 maquiladoras y alrededor de 1.2 millones de empleos, Tamaulipas ya figuraba como estado clave del modelo, con crecimiento acelerado en Reynosa y Matamoros, y Nuevo Laredo como soporte logístico del comercio exterior.

La década siguiente fue el tiempo del esplendor, entre 2005 y 2015 la maquila se expandió sin cuestionamientos, más plantas, más turnos, más empleo, pero con la misma lógica, salarios bajos, alta rotación y escasa generación de cadenas productivas locales.

En 2013 México superó las cinco mil plantas maquiladoras y los 2.1 millones de trabajadores, en Tamaulipas el empleo maquilador rebasó los 230 mil puestos, consolidándose como la columna vertebral del ingreso urbano fronterizo y del comercio local.

Matamoros llegó a concentrar más de 120 maquiladoras activas, Reynosa superó el centenar de plantas y se consolidó como polo electrónico y de autopartes, la maquila marcaba el ritmo de la vida urbana, horarios, transporte, vivienda y consumo.

En 2006 el modelo se formalizó bajo el esquema IMMEX, se prometió modernización, mayor valor agregado y competitividad global, en los hechos el cambio fue administrativo, no estructural, la lógica de ensamble barato se mantuvo intacta.

El punto máximo llegó en 2017, Tamaulipas alcanzó cerca de 234 mil empleos maquiladores, uno de sus niveles históricos más altos, parecía estabilidad, pero era estancamiento, el crecimiento se había agotado sin que las cifras lo delataran.

Después vinieron los ajustes, la guerra comercial entre Estados Unidos y China, la automatización y el aumento gradual de salarios comenzaron a presionar márgenes, no hubo cierres masivos, hubo recorte de turnos, congelamiento de contrataciones y precarización laboral.

La pandemia terminó de romper la inercia, paros técnicos, suspensiones temporales y reconfiguración de cadenas evidenciaron la fragilidad del modelo, la maquila resistió, pero ya no volvió a crecer, solo aprendió a sostenerse.

Hoy, en 2025, Tamaulipas cuenta con alrededor de 417 establecimientos IMMEX registrados, más del 86 por ciento son manufactureros, el número de plantas se mantiene alto, pero no crece, la expansión se detuvo y el reemplazo tecnológico avanza.

El empleo actual ronda los 239 mil trabajadores, cifra similar a los años de auge, la diferencia es contundente, antes crecía de forma constante, hoy apenas se conserva, Tamaulipas concentra cerca del 7.4 por ciento del empleo maquilador nacional.

Reynosa y Matamoros siguen siendo el corazón del sistema, Nuevo Laredo crece de forma selectiva, ligado a logística y procesos específicos, Ciudad Victoria y el sur del estado participan de manera marginal, sin peso real en la estructura maquiladora.

La maquila continúa siendo el principal generador de empleo formal privado en la frontera, sin ella las economías urbanas colapsarían, pero su peso ya no equivale a desarrollo, funciona como red de contención social, no como palanca de crecimiento.

El aumento al salario mínimo cambió la ecuación, mejoró ingresos, pero tensó un modelo diseñado para pagar poco, muchas empresas respondieron con automatización, menos turnos, mayor presión laboral y contratos cada vez más frágiles.

El costo energético se volvió un factor crítico, tarifas elevadas, infraestructura limitada y falta de certeza en el suministro encarecen la operación industrial, en varias ciudades fronterizas la electricidad ya figura entre los principales costos.

La inseguridad actúa como impuesto invisible, no cierra plantas, pero encarece logística, seguros y transporte, también frena nuevas inversiones y dificulta atraer talento técnico, debilitando la transición hacia manufactura avanzada.

En el plano laboral la maquila dejó de ofrecer estabilidad, predominan contratos temporales, alta rotación y pocas oportunidades de ascenso, el empleo existe, pero es más precario y menos predecible que hace una década.

El estallido laboral de Matamoros en 2019 marcó un quiebre, decenas de miles de trabajadores exigieron mejores salarios y evidenciaron la tensión acumulada del modelo, la maquila mostró su rostro social, no solo productivo.

Desde entonces las empresas operan con mayor cautela, fragmentan procesos, reducen concentraciones laborales y evitan expansiones masivas, el objetivo ya no es crecer, es resistir sin conflictos y con costos controlados.

El discurso del nearshoring prometió un nuevo auge, en la práctica llegó de forma selectiva, algunas inversiones se concretaron, muchas se quedaron en anuncios, Tamaulipas no captó el volumen esperado ni el tipo de industria más sofisticada.

La razón es estructural, el estado compite con ventajas del pasado, mano de obra barata y cercanía geográfica, hoy el capital exige energía confiable, seguridad logística, talento técnico y certeza regulatoria, variables aún débiles.

Las plantas que mejor sobreviven son las que migran a procesos complejos, automatizados y especializados, dispositivos médicos, electrónica avanzada, manufactura de precisión, menos intensivas en empleo, más intensivas en capital.

Eso redefine el futuro, la maquila ya no absorberá mano de obra masiva como antes, el empleo se mantendrá, pero crecerá poco, la frontera enfrenta el reto de qué hacer con una población formada para un modelo que envejece.

Tamaulipas sigue atado a la maquila porque nunca construyó una alternativa real, no hubo política industrial estatal, ni encadenamientos locales, ni innovación propia, se apostó todo a la permanencia de un modelo externo.

Hoy el motor sigue encendido, pero vibra, produce, paga, sostiene, pero no impulsa, la maquila ya no es promesa, es límite, su peso económico es innegable, su capacidad de transformar, cada vez menor.

El dilema es claro, o el redefine su papel en la industria global, o la maquila seguirá funcionando como hasta ahora, conteniendo el desempleo, pero administrando la decadencia productiva.

La maquila no está en crisis terminal, pero sí en crisis de sentido, sigue siendo indispensable, pero dejó de ser suficiente, ese es el dato duro que no aparece en las estadísticas, pero define el presente de Tamaulipas.

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