Por. Pedro Alfonso García Rodríguez
La salida del senador tabasqueño de la bancada morenista representa el inicio del fin del dominio obradorista dentro de Morena y, al mismo tiempo, la eliminación de uno de los principales obstáculos impuestos a la presidenta Claudia Sheinbaum.
La red de intereses tejida por el amigo personal de AMLO y ex titular de la Secretaría de Gobernación optó no sólo espacios de poder nacional, sino también la gobernabilidad en Tamaulipas, limitando el margen de acción del gobernador Américo Villarreal Anaya.
El senador José Ramón Gómez Leal fungía prácticamente como su representante en el estado y sostuvo alianzas estratégicas con otras figuras de la 4T, como el alcalde de Madero Erasmo González Robledo y el de Altamira Armando Martínez, así como la ex secretaria de Finanzas Adriana Lozano.
En medio del conflicto entre el ex gobernador Francisco Javier García Cabeza de Vaca y el ex presidente AMLO, Adán Augusto mantuvo cercanía con el grupo político del reynosense, al grado de facilitar que el llamado Grupo Tabasco obtuviera las licitaciones de la carretera Tam–Bajío a través del grupo empresarial Hycsa.
De la mano de su incondicional, el entonces secretario de Educación Federal Mario Delgado, se “pasó la charola” a diversos grupos de poder para subastar candidaturas y cargos de elección popular desde 2020. Es ampliamente conocido que, durante sus recorridos por Tamaulipas, este esquema se habría aplicado en Reynosa con el clan Ortiz Peña.
En ese contexto, el entonces senador Américo Villarreal Anaya fue poco más que un espectador de los amarres del tabasqueño, que —sumados a los candados legales impuestos por Cabeza de Vaca— terminaron por secuestrar el arranque de su gobierno.
Desde la lejanía, pero con influencia sobre el aparato de justicia y los organismos de fiscalización, la caída de Adán Augusto marca el punto más alto —y al mismo tiempo el límite— de una concentración de poder sin precedentes.
Para el futurismo político de Tamaulipas, este episodio implica el debilitamiento de un grupo enquistado bajo el obradorismo y deja el escenario prácticamente reducido a tres bloques de poder:
• El grupo de los hermanos Canturosas, con la posibilidad de que la alcaldesa de Nuevo Laredo, Carmen Lilia Canturosas, busque la sucesión.
• El clan Ortiz Peña, al que se le retiran del camino aliados de conveniencia como Francisco Javier García Cabeza de Vaca y José Ramón Gómez Leal, con todo lo que ello implica en beneficios y costos políticos.
• El grupo político de Tania Contreras, titular del Poder Judicial, impulsado desde el poder en turno.
Con los candados removidos y los obstáculos debilitados, al grupo del gobernador Américo Villarreal solo le queda como contrapeso real la propia presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien, todo indica, definirá al menos las candidaturas más relevantes para su proyecto político.
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