Morena entró en la etapa de deslindes y depuración de candidaturas, una fase donde el mensaje central va mucho alla del simple hecho de recorrer territorio, ahora tendrán que probar su apego a la legalidad, explicar el pasado y pasar el filtro del poder central, un proceso que define desde ahora quién puede competir en 2027 y 2028 y quién queda fuera por arrastre de pasivos políticos.
El país y Morena están en la hora de deslindarse de personajes con pasado oscuro y vínculos con entornos de la ilegalidad, la señal vino desde la Presidencia cuando se tocó el caso de Tequila, Jalisco, al advertir que habrá “cedazo” para decidir candidaturas, más que saturar redes o hacer giras anticipadas, lo que se evaluará es el compromiso institucional, así parece que se moverá la lógica interna en Morena, lo de otras fuerzas políticas es otra historia.
Lo primero que tendrán que preguntarse quienes aspiran es qué hicieron antes y qué están haciendo ahora para merecer un voto de confianza, porque Morena es el conducto y la plataforma política, pero quien manda, como ha sido siempre en México, es la Presidencia, y hoy la decisión final tiene un solo centro de gravedad, Claudia Sheinbaum.
En Tamaulipas este proceso adquiere un peso específico por su condición estratégica de frontera, comercio, tránsito y control territorial, donde las definiciones no se procesan en los comités locales ni en la grilla interna, sino en el centro del poder. Hay muchas cosas en juego pero principalmente la seguridad nacional y la relación con Estados Unidos.
El gran reto para perfiles como Carmen Lilia Cantú, Olga Sosa, Maki Ortiz y Tania Contreras será construir un deslinde creíble con cualquier pasado que haya quebrantado la confianza pública, no bastan los discursos de ruptura ni las mudanzas partidistas de ocasión, tendrán que demostrar con hechos que han cumplido con eficiencia y honestidad sus responsabilidades, y que en el juego de las lealtades no existen indicios de dobles juegos, pactos cruzados ni deudas políticas heredadas.
La congruencia se vuelve el primer filtro real, quien aspire tendrá que explicar su pasado sin eufemismos, sostener su narrativa con hechos verificables y acreditar que su lealtad no es coyuntural, porque el reciclaje exprés de panistas y priistas dejó de ser ventaja táctica y hoy opera como lastre político, los expedientes se revisan con lupa y la depuración no será cosmética, será selectiva y con costo.
Por eso hoy se ve a perfiles que se mueven de más, que se adelantan, que saturan redes, que inauguran lo que no inauguraron cuando podían, que posan donde antes no se paraban, una coreografía de exceso que no comunica fortaleza sino ansiedad, señales claras de incertidumbre frente al único voto que pesa de verdad, el que se define arriba y no en las bardas ni en la propaganda temprana.
En Tamaulipas el filtro es más duro, en un estado donde los vínculos de figuras políticas con entornos de la ilegalidad son parte del ruido permanente, el expediente no es un trámite, es la frontera entre seguir en la carrera o quedar fuera, no hay margen para perfiles de riesgo ni para candidaturas empujadas por grupos fácticos con intereses opacos que luego condicionen al gobierno.
Mostrar músculo ya no alcanza, la señal ahora es pasar el escáner político sin sombras, sin dobles lealtades y sin pasivos que comprometan al gobierno federal desde el primer día, menos ruido, menos simulación, más perfiles que no obliguen a administrar crisis desde el arranque.




