24 febrero, 2026

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Seminarios vacíos y parroquias saturadas: la otra realidad de la Iglesia en Victoria

La Diócesis de Ciudad Victoria, que debería contar con un número suficiente de presbíteros para atender a todas las parroquias del centro de Tamaulipas, hoy exhibe un déficit marcado
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Por Antonio H. Mandujano
Expreso-La Razón

CIUDAD VICTORIA, TAM.- Este miércoles 18 de febrero, es miércoles de ceniza, día en que la Iglesia Católica inicia el tiempo fuerte de Cuaresma, un periodo previo a Semana Santa, pero sobre todo, de preparación espiritual y reflexión profunda para los fieles.

Sin embargo, la realidad eclesial en Ciudad Victoria pinta un cuadro distinto: lejos de fortalecer el camino espiritual, la Diócesis enfrenta una severa crisis de vocaciones sacerdotales que repercute en la atención pastoral cotidiana.

La Diócesis de Ciudad Victoria, que debería contar con un número suficiente de presbíteros para atender a todas las parroquias del centro de Tamaulipas, hoy exhibe un déficit marcado.

Y es que según datos oficiales eclesiásticos, la diócesis cuenta con 75 sacerdotes en activo, de los cuales, 3 se ordenaron en el transcurso del 2025.

Sin embargo, para una cobertura pastoral ideal se necesitarían al menos 100 sacerdotes, lo que deja un déficit de alrededor de 25 curas aún por cubrir.

El propio obispo de Victoria, Óscar Efraín Tamez Villarreal, ha señalado que la falta de ingresos al seminario en años recientes ha generado un vacío generacional: en los últimos dos años no se han registrado nuevos ingresos al seminario menor, y se prevé que después de la ordenación de un diácono a sacerdote este 2026, hasta hasta el 2030 no habrá nuevas ordenaciones sacerdotales.

La falta de vocaciones entre los jóvenes es un factor clave en esta situación, pues la ausencia de candidatos para el sacerdocio no sólo frena el relevo en el clero, sino que obliga a que sacerdotes actuales cubran amplias zonas pastorales, atendiendo múltiples comunidades con recursos humanos limitados.

En algunos casos, un solo sacerdote debe dar servicio a decenas de localidades rurales.

Aunque la ordenación de nuevos ministros ofrece una nota de esperanza para la diócesis, su impacto es acotado ante la magnitud del desafío: cada sacerdote requiere años de formación y discernimiento, y la ausencia de un flujo constante de candidatos jóvenes ha llevado a que la Iglesia local viva períodos sin ingreso de seminaristas, lo que se traduce en años con pocas o ninguna ordenación.

La crisis vocacional en Victoria, como en otras regiones, está ligada a cambios culturales y sociales que influyen en la percepción del sacerdocio entre las nuevas generaciones; esto, sumado a la demanda pastoral creciente por el aumento poblacional y la distribución geográfica de las comunidades, plantea un reto mayúsculo para la Iglesia en este tiempo litúrgico y más allá.

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