MÉXICO.- Las arañas suelen provocar impresión, miedo e incluso fobias en muchas personas. Su aspecto, la idea de que pueden ser venenosas y la creencia de que transmiten enfermedades activan un reflejo casi automático: pisarlas para eliminarlas. Sin embargo, la ciencia advierte que esta reacción puede ser un error.
Estos invertebrados cumplen un rol fundamental en el ecosistema doméstico y natural, ya que actúan como controladores biológicos de plagas. Por eso, antes de aplastarlas, los especialistas recomiendan considerar su función ambiental y evaluar si realmente representan un peligro.

¿Por qué no se deben pisar las arañas?
Las arañas no suelen alejarse demasiado de sus telas y pueden permanecer ocultas durante semanas sin alimentarse. En la mayoría de los casos, cazan insectos que habitan en el hogar o el jardín, lo que ayuda a mantener bajo control a especies que sí pueden resultar problemáticas para los humanos.
Aunque existe la creencia de que todas pican o son venenosas, la realidad es que la mayoría de las arañas son inofensivas para las personas. Son pocos los ejemplares que representan un riesgo real.
Su presencia, lejos de ser una amenaza constante, puede convertirse en una aliada silenciosa:
- Controlan poblaciones de mosquitos.
- Reducen la presencia de pulgas.
- Cazan cochinillas.
- Se alimentan de chinches de cama.
- También pueden capturar garrapatas y algunas cucarachas.
En otras palabras, ayudan a disminuir insectos vectores de enfermedades, contribuyendo al equilibrio del ecosistema doméstico.
El rol ecológico de las arañas en el hogar
Desde el punto de vista ambiental, las arañas forman parte de una cadena trófica esencial. Actúan como depredadores naturales que regulan poblaciones de insectos, evitando desequilibrios que podrían derivar en infestaciones.

Eliminar sistemáticamente a estos arácnidos puede alterar ese equilibrio, favoreciendo indirectamente la proliferación de especies que sí representan un riesgo sanitario.
¿Qué hacer si aparece una araña en casa?
Si la presencia de una araña genera miedo o incomodidad, los expertos aconsejan no matarla. En cambio, sugieren capturarla con cuidado y trasladarla a un sector del jardín o a otro espacio exterior donde pueda continuar cumpliendo su función natural.
Esta práctica permite proteger el ecosistema y reducir plagas sin recurrir a la eliminación innecesaria de especies beneficiosas.
CON INFORMACIÓN DE EL HERALDO DE MÉXICO




