La que Trump ha llamado su grande y hermosa armada, es decir la flota naval que amenaza atacar a Irán, se ve reforzada por la llegada de la joya de la corona, el portaviones USS Gerald R. Ford y la flota que lo acompaña. Hace un par de semanas este gigante de los mares, el más poderoso, tecnológicamente avanzado y letal, recibió la instrucción de trasladarse de las costas de Venezuela al Mar Mediterráneo. Es parte substancial, tal vez lo más importante de la acumulación de fuerzas que amenaza atacar a Irán al mismo tiempo que defiende a Israel del contrataque previsto.
El portaviones costó 13 mil millones de dólares e incluyó lo más avanzado de la tecnología, no solo militar, sino para otros aspectos funcionales. Uno de ellos es un sistema de drenaje al vacío que ahorra agua. Sin embargo el USS Gerald R. Ford enfrenta un problema inusitado; tiene zonas inundadas de aguas negras; buena parte de sus excusados no funcionan; y el alcantarillado está en vías de colapsarse. Hay imágenes de marines haciendo cola para entrar al excusado; hacer la fila les lleva más de media hora. Otros videos muestran marines limpiando charcos de aguas negras. Se habla de turnos de mantenimiento 19 horas.
El portaviones más grande del mundo tiene 4 mil 600 tripulantes, es una densidad poblacional alta en una arquitectura diseñada para el ahorro de espacio; pasillos zonas funcionales estrechas, relativamente aisladas y propensas a la contaminación y a la persistencia de malos olores. Se habla de riesgo de infecciones gastrointestinales; lo evidente es un deterioro de las condiciones de vida de la tripulación.
Esos marines llevan 11 meses alejados de sus familias cuando se sabe que los despliegues mayores de seis meses, ya largos, incrementan la fatiga emocional y el estrés. Esto ocurre en un contexto de dificultades de la marina, y de todo el ejército norteamericano, para reclutar suficiente personal.
Para la mayoría de los norteamericanos ingresar a las fuerzas militares ya no les ofrece una oportunidad de avance personal atractiva. Los despliegues de largo tiempo disminuyen el interés de reclutarse en la marina, a lo que se suman las guerras absurdas, de largo plazo, que terminan en derrotas (Vietnam y Afganistán por ejemplo) y que ya no convencen a la mayor parte de la población civil.
Trump llegó a su segunda presidencia con la promesa de que sería el presidente de la paz; acabaría con el genocidio en Gaza y la guerra en Ucrania y no ha cumplido.
El hecho es que el prolongado alejamiento de sus familias, las condiciones de vida insalubres, las largas jornadas de trabajo, conducentes a una fatiga crónica, más el desencanto con el portaviones tecnológicamente más avanzado del planeta, inciden negativamente en el estado de ánimo. Y esto que es un factor importante en la concentración, la disciplina y las habilidades que exige la eficacia operacional de un buque ultramoderno.
Tomar decisiones y operar equipos delicados bajo estrés y bajo la tensión que implica el estar continuamente a punto de entrar en batalla ante un enemigo que muy posiblemente tenga capacidad de responder. Irán no es otra Venezuela, Yemen o Afganistán. Es un país extenso que en condiciones de bloqueo y acoso ha podido desarrollar sus propias capacidades tecnológicas y militares.
Se dice que la tripulación esta desmoralizada por, entre otros factores, los problemas de aguas negras en el buque. No obstante cabe preguntarse lo que la mayoría de los medios no quieren ver. ¿Acaso el orden de los factores es el inverso, que la desmoralización incida en los problemas del drenaje?
Algunos datos de la descompostura del sistema de manejo de aguas negras del portaviones llaman la atención. A lo largo del 2025 el portaviones reportó un problema de mantenimiento del alcantarillado al día. Últimamente reportó 205 fallas en cuatro días. Se multiplicaron recientemente los atascos. Y estos se originan, según reportes oficiales por la entrada a las estrechas tuberías de objetos extraños, que no deberían haberse depositado en los excusados; se trata sobre todo de camisetas y mechudos de los trapeadores.
Tal vez el estrés de la tripulación origine que algunos de los marines que van rumbo a la guerra tengan descuidos y se les vaya la camiseta en el excusado. O, tal vez, ocurra algo que nadie se atreve a sospechar de un cuerpo militar usualmente exaltado por su heroísmo y lealtad. Nadie señala que haya sabotaje interno; no se vería bien en los medios.
Lo que sí es indudable es que el buque estrella de la flota norteamericana presenta una inesperada fragilidad ante lo que es preferible llamar pequeños descuidos. Un problema que solo es posible solucionar con un mantenimiento a fondo que no se puede realizar en alta mar; se arreglará cuando el portaviones regrese a una base naval.
Los problemas del drenaje no reducen la capacidad destructiva del portaviones y no alteran las decisiones militares relativas a atacar o no a Irán. Pero tal vez indican que los 13 mil millones de dólares que costó, y que le dieron enormes ganancias a varias empresas privadas, no fueron suficientes para enfrentar un problema humano; el del estado de ánimo depresivo que se expande entre sus marines.
Algo que no está muy distante del estado de ánimo de la mayoría de la población norteamericana enfrentada a las noticias sobre otras formas de aguas negras; los archivos Epstein, la violencia contra migrantes y ciudadanos morenos, el declive del nivel de vida y la multitud de promesas incumplidas.
El USS Gerald R. Ford está en camino de convertirse en símbolo de decadencia. Ojalá y el pueblo norteamericano logre recuperar su democracia e institucionalidad, así sea arrojando camisetas donde no debe.




