La diferencia entre un mentiroso y un mitómano es que el mentiroso sabe que está mintiendo y el mitómano acaba por creer en sus mentiras, algunos le atribuyen esta idea a los profesionales de la salud mental y otros a la sabiduría popular, pero lo cierto es que la frase en cuestión resulta muy útil para ilustrar el fenómeno que se está dando en todas las mesas de discusión de nuestro país, particularmente en el sensible tema de la seguridad.
Desde el inicio del mandato de Andrés Manuel López Obrador, la comentocracia, la derecha partidista, y la derecha civil u orgánica, iniciaron una serie de cuestionamientos respecto a los resultados de la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, por lo que ante esa presión y a su propio estilo, AMLO declaró que su gobierno estaba trabajando, pero él no iba a ordenar matanzas porque se pronunciaba por una política de “abrazos y no balazos”.
A partir de ese momento la derecha opositora desató una campaña de ataques y descalificaciones al trabajo del gobierno para garantizar la seguridad de los mexicanos, publicando mentiras en los medios y las redes sociales, como que el gobierno no hacia nada, que tenía un pacto con los narcotraficantes para que actuaran impunemente, que las autoridades tenían miedo de ejercer su poder, que había una ruptura del estado de derecho y de las instituciones, que México era un estado fallido.
Todo ello a pesar de que la derecha conocía los reportes del Secretariado Nacional del Sistema Nacional de Seguridad Pública que se realizan desde el principio del Siglo 21 para los gobiernos del PAN, del PRI y de Morena para cumplir el ejercicio de rendición de cuentas del estado mexicano, reportes en los que se señala que en el combate al narcotráfico y la delincuencia organizada, durante el periodo del Gobierno del Presidente López Obrador, el Ejercito, la Marina, la Guardia Nacional y la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, obtuvieron resultados significativos.
Las Fuerzas Armadas, en el período 2018 a 2024, aseguraron 702 toneladas de Metanfetamina, 45 toneladas de Cocaína, 5 toneladas de Fentanilo y más de 33 millones de pastillas de distintas sustancias, decomisaron mas de 90 mil armas de fuego, 52 mil 100 millones de pesos en efectivo, abatieron (mataron) en confrontaciones con las autoridades a 3 mil 800 civiles, y detuvieron y pusieron a disposición del ministerio público y, en su caso, de los juzgadores a 18,000 personas por la comisión de diversos delitos.
En ese contexto, en los primeros días de octubre de 2024 la Presidenta Claudia Sheinbaum presentó públicamente su Estrategia para la Construcción de la Paz y la Seguridad que se lleva a cabo desde esa fecha sobre cuatro ejes de ejecución: La atención a las causas, la consolidación de la Guardia Nacional bajo el mando de la Secretaría de la Defensa, el fortalecimiento de la Inteligencia y la Investigación a partir de la creación de un Sistema Nacional de Inteligencia y la Coordinación absoluta entre el gabinete de seguridad, las entidades federativas, y la Fiscalía General de la República.
La puesta en marcha de esa estrategia ha tenido resultados positivos desde el primer mes en cuanto a la reducción de los delitos de alto impacto, el decomiso de drogas, armas y dinero, el desmantelamiento de laboratorios, y el abatimiento y detención de los delincuentes.
Pero en todos los casos la derecha opositora se ha dado a la tarea de desafiar y desacreditar la información en medios y redes sociales, ninguneando cada dato y el esfuerzo de las autoridades, mintiendo abiertamente o desvirtuando los resultados a través de una campaña permanente de descrédito.
Las acciones recientes de las autoridades mexicanas para capturar al Jefe del Cartel mas peligroso del mundo que culminaron con su muerte y la de 29 soldados y policías caídos en el cumplimiento de su deber fueron objeto de distorsión mediática. Los medios de la derecha y todos sus seguidores en las redes sociales afirman que fueron las autoridades norteamericanas quienes detuvieron en suelo mexicano al peligroso jefe gangster, lo repiten no solamente como una mentira a sabiendas, sino con la convicción de que así pasó y que el gobierno se está colgando una medalla ajena. Dicho en otras palabras, pasaron de las mentiras malintencionadas a la mitomanía a niveles de trastorno mental.




