El presupuesto y el legado
POR: MIGUEL DOMINGUEZ FLORES
El gobernador Américo Villarreal convocó esta semana a los 43 alcaldes de Tamaulipas para revisar la cartera de proyectos de obra pública para 2026. La reunión, de más de tres horas en Palacio de Gobierno, incluyó al gabinete estatal y al auditor superior del Estado. El mensaje central del ejecutivo fue directo: obra pública y manejo honesto de los recursos no son objetivos separados.
Los números sobre la mesa son significativos. El Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social destinará este año mil 591 millones de pesos, mientras que el FAISMUN comprenderá mil 398 millones adicionales. La inversión acumulada en obra pública municipal durante la administración supera los 21 mil millones de pesos.
En materia de seguridad, el gobernador presentó un dato que, si se sostiene con metodología consistente, representa un cambio estructural relevante: en febrero de 2026 se registraron 13 homicidios dolosos en el estado, con un promedio de 0.46 diarios. La comparación con los 130 casos mensuales que se registraban en administraciones anteriores sitúa a Tamaulipas entre las entidades con mayor reducción de ese indicador en el periodo.
La reunión con los alcaldes tiene una lectura política que va más allá de la coordinación presupuestal. Estamos en el último tramo de las administraciones municipales antes del proceso electoral de 2027, y la forma en que se ejerzan los recursos del FAIS y el FAISMUN en los próximos meses definirá, en buena medida, el capital político con el que cada presidente municipal llegue a ese proceso. El exhorto del gobernador a dejar una administración caracterizada por el manejo transparente de los recursos tiene ese contexto de fondo.
El punto más delicado es la capacidad real de supervisión sobre el ejercicio de esos recursos en 43 municipios simultáneamente. La presencia del auditor superior en la reunión es una señal de que el gobierno estatal es consciente del riesgo.
El legado que el gobernador pidió a los alcaldes construir se medirá, al final, en obra entregada y cuentas cerradas sin observaciones. Esos dos elementos rara vez coexisten sin tensión en el último año de una administración municipal. Los próximos meses dirán si esta generación de alcaldes es la excepción.




