Dos meses han pasado del dos mil veintiséis y el calendario se acerca a los idus de marzo, fecha que en la vieja Roma era señal de traiciones y peligros. La atmósfera política local no está lejos de ese clima: desde la cúpula de Morena llegan mensajes a los políticos desesperados para que guarden calma y acaten los tiempos.
Lo que se exige, en pocas palabras, es disciplina y lealtad, o como diría la alcaldesa de Nuevo Laredo, unidad sin hipocresías. Tal vez sin detenerse un momento a ejercitar la inusual práctica de pensar y razonar, hay en Morena figuras que han rebasado los límites de la prudencia, y lo peor es que tanto gasto de tiempo y dinero solo les genera una percepción de frivolidad e impertinencia.
En función de hacer valer la equidad de género e impulsar la presencia femenina en la vida pública, se anunció, extraoficialmente pero como si fuera ya una decisión de la presidenta Claudia Sheinbaum, que el relevo del doctor Américo Villarreal Anaya será una mujer.
No había mucho que averiguar para saber quiénes de las morenistas tamaulipecas figuran en la corta lista de cuadros políticos con posibilidades de transitar en la pasarela rumbo al 2028. Del sur emergió la figura de la senadora Olga Sosa; después de la elección judicial se empezó a especular con el nombre de la magistrada Tania Contreras y, de una manera muy natural, en función del cargo estratégico que ocupa, también se menciona a la presidenta de Nuevo Laredo, Carmen Lilia Cantú Rosas.
Cada una, a su manera, ha desplegado activismo político, pero sobre todo Olga Sosa, que ya ha recorrido varias veces el estado, es protagonista de eventos políticos, deportivos, etcétera, se reúne con amigos y enemigos morenistas, despliega una intensa campaña en redes sociales con puntuales publicaciones tres o cuatro veces al día y aparece frecuentemente en medios nacionales donde el minuto en pantalla nunca ha sido gratuito si se trata de promocionar a una figura.
Por su parte, Tania ha convertido su despacho en una especie de “war room” o cuartel de campaña. Por su sala de juntas desfilan diariamente figuras políticas de todos los niveles: diputados locales, líderes empresariales, funcionarios estatales o federales, personajes de los medios de comunicación; además, frecuentemente aparece en la celebración de efemérides en actos oficiales, clubes sociales o deportivos y despliega una promoción de su figura para proyectar cercanía con los ciudadanos.
Las fortalezas de Nuevo Laredo han sido la bandera de Carmen Lilia Cantú Rosas; después de todo gobierna la ciudad con mayores recursos presupuestales, con el más intenso movimiento aduanal de América Latina y con un potencial de desarrollo que se multiplicó a partir de que se instaló en esa ciudad la Dirección General de Aduanas. Con todo esto se justifica la presencia de la alcaldesa en los recurrentes foros, seminarios, reuniones y eventos para mandar mensajes claramente direccionados hacia lo que son sus aspiraciones: ser candidata a la gubernatura.
Para resumir las circunstancias de las figuras que mencionamos, las tres están en pleno activismo; es imposible que sus movimientos se interpreten como algo diferente a sus proyectos personales de ser figuras en el 2028.
Habría que agregar a otros personajes de Morena como el polémico senador José Ramón Gómez Leal, quien arrastra el desgaste por su cercanía con personajes como Adán Augusto López y Francisco García Cabeza de Vaca; también el exalcalde neolaredense y actual diputado federal Carlos Cantú Rosas, que le apuesta a un posible cambio de opinión en la decisión de incluir a Tamaulipas en las cuotas de género.
Hay otros políticos locales como Eduardo Gattás, Erasmo González, Adrián Oseguera y Armando Martínez que operan en público para alguna de las posiciones que estarán en disputa y alientan y promueven su ilusión de ser incluidos en el juego de la sucesión gubernamental.
En otro nivel de la tragicomedia en que se ha convertido el momento político habría que agregar a tipos como Humberto Prieto, Beto Granados, Víctor García Fuentes, Marcelo Olán, Mauricio Ojeda y mil más que andan alborotados y en acción buscando ser candidatos a cualquier posición que el gran elector les otorgue.
El circo preelectoral se desbordó, lejos de frenarse, el despliegue anticipado de los aspirantes perturba el clima político y desata un gasto sin control, cuando los recursos proceden del erario, la conducta es una falta grave que puede alcanzar el rango de delito, cuando el dinero viene de grupos que desde las sombras buscan retener o conquistar espacios de poder, el daño es peor.
Por eso la conclusión final es que el mensaje de Américo Villarreal Anaya tiene múltiples destinatarios y cada uno de los personajes que mencionamos, y otros que faltan, debieran darse por aludidos. Finalmente, conforme a las reglas del juego político, se han brincado las trancas y están generando un clima de rivalidad política, de pleitos e intrigas que ponen en entredicho la supuesta unidad existente hacia el interior de Morena.
Como un comentario final, habría que revisar lo que pasa en el escenario nacional: hay un despliegue de la fuerza del Estado, en manos de la presidenta, que se advierte en los sucesos registrados en Jalisco, Tabasco, Nuevo León y otros estados de la República.
La concentración del poder en los gobiernos estatal y federal -para bien o para mal-, permite desplegar acciones que inciden directamente en el rumbo político de México y de Tamaulipas, un dato que no deberían ignorar quienes perturban el ambiente antes de tiempo, sobre todo cuando desde Palacio de Gobierno se advierte que hay otras prioridades en la agenda.




