8 marzo, 2026

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Madres Buscadoras: el movimiento civil más persistente

Con varillas y fotografías en mano, madres de desaparecidos recorren brechas y predios del estado desde hace más de una década; son 13 mil 546 los casos registrados y ellas sostienen la búsqueda que el Estado no ha resuelto
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Por Nora M García
Expreso-La Razón

CIUDAD VICTORIA, TAM.- Cargan una fotografía en la mano, una varilla metálica en la otra, y caminan durante horas bajo el sol de los municipios fronterizos y en las carreterasj de Tamaulipas, revisando montes, brechas y predios abandonados donde alguien pudo haber dejado de existir.

Lo hacen desde hace más de una década, cuando el incremento de desapariciones obligó a las familias a salir a buscar por su cuenta, madres principalmente, ante la ausencia de resultados de las instituciones del Estado.

El Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas acumula 13 mil 546 casos en Tamaulipas, dentro de un total nacional de 131 mil 990 personas, la mayoría de las víctimas son hombres jóvenes, pero quienes sostienen la búsqueda cotidiana son principalmente mujeres.

El movimiento se organizó entre 2011 y 2014, cuando la violencia alcanzó niveles extremos en la región, de esos años surgieron colectivos que hoy operan en Reynosa, Matamoros, Victoria, Nuevo Laredo y San Fernando, integrados casi en su totalidad por madres.

Entre los nombres que marcaron el inicio está Miriam Rodríguez Martínez, madre de San Fernando, cuya hija desapareció en 2012, durante años investigó por su cuenta, localizó restos de su hija, identificó a varios responsables y presionó para su detención, en mayo de 2017 fue asesinada en su domicilio.

Su historia marcó a las familias que comenzaban a organizarse en la región, después surgieron Madres Unidas por Nuestros Hijos, la Red de Desaparecidos en Tamaulipas y más recientemente Amor por los Desaparecidos, que realiza jornadas periódicas de rastreo en Reynosa y municipios cercanos.

En esos recorridos las mujeres utilizan varillas metálicas para detectar posibles fosas, marcan coordenadas cuando encuentran indicios y notifican a las autoridades para el levantamiento pericial, en varios casos las diligencias oficiales se iniciaron después de que las familias señalaron los lugares.

Además de las búsquedas en campo, recorren fiscalías, hospitales, servicios forenses y centros penitenciarios para revisar registros, algunas familias han localizado a sus parientes en cárceles de otras entidades tras revisar expedientes y listas de internos.

En San Fernando el trabajo se mantiene desde los años posteriores a las masacres de 2010 y 2011, cuando el hallazgo de fosas clandestinas reveló la magnitud del fenómeno en la región, muchas de las familias que comenzaron a buscar entonces siguen activas hoy.

Los colectivos también construyeron registros propios de víctimas, con fotografías, fechas de desaparición y últimas ubicaciones conocidas, archivos que se cruzan con hallazgos y con reportes de otras entidades para identificar restos localizados en el estado.

En ocho años la Fiscalía Especializada en Desaparición Forzada de Tamaulipas abrió 9 mil 821 carpetas de investigación, de ellas solo 19 avanzaron a judicialización y únicamente dos terminaron en sentencia condenatoria, una proporción que explica por qué las familias salieron a buscar solas.

Con más de 13 mil desapariciones registradas, el trabajo de estas mujeres se ha convertido en uno de los movimientos civiles más persistentes de Tamaulipas, son ellas quienes mantienen abiertos los expedientes y sostienen la búsqueda de quienes aún no han sido localizados.

Violencia sexual: cifras que retratan un delito persistente

En Tamaulipas la violencia sexual contra mujeres se mantiene como uno de los delitos de género más frecuentes. Las cifras oficiales muestran la dimensión del problema y confirman que cada año cientos de víctimas acuden a denunciar agresiones que, en muchos casos, ocurren dentro de su propio entorno cercano.

Datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública indican que entre enero y septiembre de 2025 se abrieron en el estado 1,005 carpetas de investigación por delitos sexuales. De ese total, 601 correspondieron a abuso sexual y 404 a violación, lo que coloca a estos dos delitos como los de mayor incidencia.

La tendencia se ha mantenido en los últimos años. Durante 2023, los registros oficiales contabilizaron 1,646 denuncias por delitos sexuales en Tamaulipas, entre violación, abuso sexual, acoso y hostigamiento. El abuso sexual fue el delito más frecuente, seguido por la violación.
Estas cifras se suman a otros indicadores de violencia de género. En el mismo estado se registran miles de denuncias por violencia familiar cada año, un contexto donde especialistas señalan que con frecuencia se originan o permanecen ocultas muchas agresiones sexuales.

Sin embargo, las estadísticas oficiales reflejan solo una parte del fenómeno. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, la cifra negra de los delitos sexuales supera el 90 %, lo que significa que la mayoría de las agresiones nunca llega a las autoridades.
Los estudios de victimización también muestran un patrón constante: más del 70 % de las agresiones sexuales son cometidas por personas conocidas de la víctima, como parejas, familiares, vecinos o conocidos. La violencia sexual ocurre con mayor frecuencia en entornos cercanos y no necesariamente en espacios públicos.

Otro dato preocupante es la edad de las víctimas. Diagnósticos nacionales indican que niñas y adolescentes concentran una parte significativa de los casos de violencia sexual, lo que revela un problema que atraviesa hogares, escuelas y comunidades.

En Tamaulipas las cifras oficiales registran centenares de denuncias cada año, pero detrás de esos expedientes hay un universo mayor de agresiones que permanece en silencio. Las estadísticas permiten dimensionar el problema, aunque también evidencian que la violencia sexual sigue siendo uno de los delitos más invi

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