Por Nora M. García
Expreso-La Razón
CIUDAD VICTORIA, TAM.- Hay un número que explica la circunstancia política que vive Tamaulipas ahora: las mujeres son 52 por ciento del padrón electoral, votan más que los hombres, y en cada proceso electoral desde 2016 han ganado más espacios de representación que en el ciclo anterior.
Ese número es el producto de décadas de participación sostenida en un estado donde durante mucho tiempo la política fue un asunto de hombres, de cárteles y de caciques, y donde las mujeres aprendieron a moverse dentro de ese sistema primero, y a transformarlo después.
El recorrido por los tres poderes y los tres niveles de gobierno en 2025 no produce una sola imagen sino varias superpuestas, avances reales que cambiaron la fisonomía del poder, paradojas que revelan dónde están los límites, y una tensión estructural que ningún partido ha resuelto todavía: la distancia entre la representación que se cuenta y el poder que se ejerce.
Esa distancia es el dato político más importante de Tamaulipas en este momento.
EL PISO MÁS ALTO
El 1 de octubre de 2024 una mujer tomó posesión como presidenta de México por primera vez en doscientos años de historia republicana, y ese hecho aterrizó en Tamaulipas con una traducción electoral que los números registraron con precisión.
Sheinbaum obtuvo en el estado alrededor de 57 por ciento de los votos en los comicios del 2 de junio de 2024, un resultado que superó las proyecciones iniciales y que los análisis de participación atribuyen en parte a la movilización del electorado femenino en municipios donde Morena no tenía estructuras tan consolidadas.
Las encuestas de campaña mostraron que el apoyo a Sheinbaum entre mujeres de 25 a 50 años de Tamaulipas superó consistentemente los porcentajes obtenidos entre hombres del mismo segmento, una brecha que confirma que la representación en los cargos más altos produce efectos reales sobre la movilización electoral.
El efecto no fue solo simbólico, la visita de Sheinbaum a Tamaulipas en enero de 2026 para la inauguración de la Aduana Nacional en Nuevo Laredo incluyó mensajes orientados explícitamente al electorado femenino, con referencias directas a pensiones, becas y servicios de salud como ejes del vínculo entre el gobierno federal y las mujeres del estado.
SENADO: VENTAJA FEMENINA
Si hay un espacio donde las mujeres de Tamaulipas tienen ventaja sobre los hombres en la representación formal, es el Senado de la República, y no es una ventaja menor.
Olga Patricia Sosa Ruiz llegó al Senado por Morena con el principio de mayoría relativa, con una trayectoria que incluye la diputación federal, la diputación local y la titularidad de la Secretaría del Trabajo en el gabinete estatal de Américo Villarreal, donde fue una de las arquitectas de la política laboral del gobierno de la transformación en el estado.
Imelda Margarita Sanmiguel Sánchez llegó al Senado por la primera minoría en la fórmula del PAN, arquitecta con maestría en valuación, con experiencia en obras públicas y desarrollo urbano en el gobierno municipal de Nuevo Laredo, una trayectoria que la separa del perfil tradicional del político de carrera y que representa el tipo de liderazgo que las reformas de paridad han permitido visibilizar.
En tanto, Maki Ortiz, ex alcaldesa de Reynosa, llegó al Senado por la vía plurinominal.
Tres senadoras y un senador, José Ramón Gómez Leal de Morena, es la proporción con que Tamaulipas participa en la cámara alta del Congreso federal, una de las más favorables a la representación femenina entre los estados del noreste.
CÁMARA BAJA, EQUILIBRIO SE ROMPE
La Cámara de Diputados es donde el argumento de la paridad encuentra su primer muro, de los ocho distritos electorales federales de Tamaulipas, cinco los ganaron hombres en 2024 y tres los ganaron mujeres, una proporción que no es accidental.
Claudia Alejandra Hernández Sáenz ganó el distrito dos con cabecera en Reynosa, la ciudad más poblada del estado, y Casandra Priscilla de los Santos Flores ganó el distrito tres de Río Bravo, dos representantes de mayoría relativa que junto con la diputada plurinominal panista Blanca Leticia Gutiérrez Garza forman el bloque femenino de la representación federal tamaulipeca en la Cámara Baja.
Los distritos de Nuevo Laredo, Matamoros, Victoria, Tampico y los restantes quedaron con representantes masculinos, lo que reproduce el patrón donde los centros de mayor peso económico y político producen con más frecuencia representantes hombres cuando la norma no garantiza el resultado sino solo la candidatura.
El contraste entre el Senado, con dos mujeres de tres, y la Cámara de Diputados, donde las mujeres son minoría, ilustra que la paridad formal no produce resultados homogéneos porque los mecanismos de selección de candidatos dentro de los partidos operan con lógicas que todavía favorecen a los hombres en los distritos de mayor competitividad.
GOBIERNO, PODER FEMENINO
En el arranque del gobierno, Américo Villarreal presentó el gabinete con mayor presencia femenina en la historia del ejecutivo tamaulipeco, ocho mujeres en los primeros quince nombramientos, 53 por ciento, el doble de lo que tenía el gobierno panista que lo antecedió, donde cuatro secretarías de quince estaban en manos de mujeres y el resto era un club exclusivo de hombres.
Adriana Lozano Rodríguez encabezó la Secretaría de Finanzas al inicio del gobierno, Ninfa Cantú Deandar la Secretaría de Economía, Norma Angélica Pedraza Melo la Contraloría General, y Tania Gisela Contreras la Consejería Jurídica de la oficina del gobernador, entre otros cargos de primer nivel ocupados por mujeres.
Los ajustes de enero de 2025, previos al segundo informe de gobierno, reconfiguraron esa composición, con la Secretaría de Finanzas pasando de manos de Lozano Rodríguez a Jesús Lavín Verástegui y la Secretaría de Administración quedando bajo la titularidad de Luisa Eugenia Manautou Galván.
El intercambio no alteró de manera sustancial la proporción general, pero ilustró el límite estructural del avance femenino en los ejecutivos, cuando la paridad depende de la voluntad discrecional del titular y no de una norma que la garantice, es reversible con un solo movimiento de gabinete.
La brecha más reveladora no está en los números globales del gabinete sino en la distribución de las carteras, la Secretaría General de Gobierno y la Secretaría de Seguridad Pública, los dos ejes del poder político y coercitivo del ejecutivo estatal, están encabezadas por hombres, Héctor Joel Villegas González y Óscar Aparicio Avendaño respectivamente, desde el primer día del gobierno y sin modificación hasta la fecha.
El patrón no es exclusivo de Tamaulipas, en los gabinetes estatales y federales de México las secretarías de mayor poder político y coercitivo siguen siendo predominantemente masculinas incluso en administraciones que presumen paridad en su composición general, una asimetría que los indicadores de género en el servicio público han documentado con consistencia.
CONGRESO LOCAL, MÁS EQUILIBRADO
La LXVI Legislatura del Congreso de Tamaulipas, instalada el 1 de octubre de 2024, es la segunda legislatura consecutiva con composición paritaria, 18 diputadas y 18 diputados entre sus 36 integrantes.
La paridad legislativa estatal es el avance más sólido y más verificable del proceso de empoderamiento femenino en Tamaulipas, porque no depende de la voluntad de un gobernador ni del cálculo electoral de un partido, sino de normas que obligan a todos los actores con independencia de sus preferencias internas.
El Instituto Electoral de Tamaulipas aplicó los criterios de paridad establecidos por el INE desde 2019 con consistencia en los procesos de 2021 y 2024, y el resultado es un congreso donde la presencia femenina dejó de ser una variable para convertirse en una constante.
La composición paritaria del legislativo local ha influido en la agenda de iniciativas, con un incremento de propuestas vinculadas a violencia de género, licencias de maternidad en el sector público y presupuesto etiquetado para programas de igualdad, avances concretos aunque todavía insuficientes frente a la dimensión de los problemas que abordan.
MUNICIPIOS: MAYORÍA SIN PODER PLENO
El 2 de junio de 2024 produjo el dato municipal más contundente en la historia electoral de Tamaulipas: 23 mujeres ganaron presidencias municipales, 53.4 por ciento del total, una mayoría que en cualquier otro contexto sería motivo de celebración sin reservas.
La paradoja que contiene ese número es igualmente histórica, las 23 presidentas gobiernan en conjunto a 1 millón 56 mil 644 habitantes, apenas 29.9 por ciento de la población del estado, mientras los 20 presidentes municipales hombres administran al 70.1 por ciento restante, es decir, siete de cada diez tamaulipecos viven bajo un gobierno municipal encabezado por un hombre.
La mayoría numérica de alcaldesas se construyó sobre municipios de menor densidad poblacional, una distribución que no fue accidental sino el resultado de la forma en que los partidos asignaron sus candidaturas para cumplir con las normas de paridad, privilegiando a las mujeres en los municipios con menor competitividad y reservando los de mayor peso para los candidatos masculinos con mayor capital político acumulado.
Reynosa y Nuevo Laredo son la excepción que confirma la regla, dos ciudades de primer orden donde el liderazgo femenino no es resultado de una asignación residual sino de trayectorias políticas construidas con continuidad y reconocimiento ciudadano.
Maki Esther Ortiz Domínguez lleva más de una década gobernando Reynosa con un perfil que combina gestión sanitaria, presencia territorial y comunicación directa, médica cirujana especializada en medicina preventiva que hizo de los temas de salud el vínculo principal con su electorado y que ha demostrado que el liderazgo femenino municipal no necesita apelar a la condición de género para sostenerse en el tiempo.
Carmen Lilia Canturosas Villarreal en Nuevo Laredo representa otro modelo, al frente del municipio con el puerto fronterizo más grande de México y con un primer informe de su segunda administración en septiembre de 2025 que legisladores locales y federales calificaron como el de la mejor alcaldesa del estado, con obras de infraestructura urbana, tratamiento de aguas residuales y posicionamiento de la ciudad como referente nacional en materia de comercio exterior.
Cuatro alcaldesas lograron reelegirse en 2024, lo que indica que la permanencia en el cargo no es anomalía sino tendencia, y que el electorado tamaulipeco no penaliza el liderazgo femenino sino que en condiciones de desempeño equivalente lo respalda con la misma consistencia que al masculino.
PODER JUDICIAL: FRONTERA QUE SE ABRE
El Poder Judicial ha sido históricamente el espacio más hermético al cambio en términos de género, no porque la ley lo impidiera sino porque las redes de poder que controlaban los nombramientos lo gestionaban como un territorio propio, y ese territorio empieza a romperse en 2025.
Tamaulipas fue el primer estado en publicar los listados de candidaturas para ese proceso, con un ajuste de género que garantiza la representación paritaria entre las candidaturas presentadas para cada cargo, cinco mujeres y cinco hombres en la lista para las magistraturas del Pleno del Supremo Tribunal de Justicia.
Las candidatas para el Supremo Tribunal incluyen a Tania Gisela Contreras, que fue consejera jurídica del gobierno estatal y tiene una trayectoria que la ubica en la primera línea de la abogacía tamaulipeca, además de Guillermina Reynoso, Claudia Charles, Minerva Vargas y Rosa Salazar, perfiles que combinan experiencia en el litigio, la docencia universitaria y la función pública.
La reforma judicial es el único espacio donde la paridad está garantizada tanto en las candidaturas como en la sustitución de vacancias, la ley orgánica del poder judicial reformada establece que si falta un magistrado o magistrada, la vacante será ocupada por una persona del mismo género que haya obtenido el segundo lugar en votos, un mecanismo que cierra la puerta a que la paridad formal se diluya por la vía de los reemplazos.
El riesgo que la reforma no resuelve es que la elección popular por popularidad reproduzca las ventajas que los hombres acumulan en términos de visibilidad pública, financiamiento de campaña y redes de apoyo, variables que en el corto plazo pueden contrarrestar el efecto igualador de las normas de paridad en candidaturas.
PODER REAL Y REPRESENTACIÓN FORMAL
El recorrido completo por los tres poderes y los tres niveles de gobierno produce una imagen que el optimismo oficial y el pesimismo militante distorsionan con igual entusiasmo, y que merece ser leída sin ninguno de los dos.
Las mujeres de Tamaulipas tienen hoy más cargos, en más niveles, con más respaldo normativo y con mayor continuidad en sus liderazgos que en cualquier momento previo de la historia política del estado, y ese avance no fue concedido, fue tomado, a través de décadas de participación electoral sostenida en un entorno que en el mejor de los casos las ignoraba y en el peor las cooptaba.
El padrón femenino de 1 millón 460 mil 917 mujeres, la tasa de participación que supera a la masculina en cuatro a seis puntos, y la presencia en el 52 por ciento del electorado son la base sobre la que se construyó todo lo demás, la premisa aritmética que hizo políticamente insostenible ignorar a las mujeres en la distribución del poder.
Pero la arquitectura del poder real, medida en presupuesto administrado, población gobernada, poder coercitivo y capacidad de negociación política, sigue siendo mayoritariamente masculina, y esa brecha entre la representación formal y el poder efectivo define el estado actual del proceso.
Las alcaldesas gobiernan 53 por ciento de los municipios pero solo 30 por ciento de la población, los hombres controlan las secretarías de seguridad y gobierno en el ejecutivo estatal, y los distritos federales de mayor peso económico produjeron representantes masculinos en 2024.
La paradoja no cancela el avance, lo delimita, y esa delimitación es información para el siguiente ciclo, porque los actores que han aprendido a leer el electorado femenino también están aprendiendo que la distancia entre la representación simbólica y el poder real es un problema político que tiene consecuencias electorales.
Las campañas de 2027 se diseñarán con ese diagnóstico sobre la mesa, y los partidos que no traduzcan la paridad formal en poder real tendrán que explicarle a 800 mil votantes mujeres por qué el número de alcaldesas importa más que el presupuesto que administran.
La respuesta a esa pregunta es la que definirá si el empoderamiento de la mujer en Tamaulipas es una transformación estructural o un reacomodo cosmético del poder de siempre.
LA GENERACIÓN QUE VIENE
Debajo de todo lo que se ha documentado en este recorrido hay una variable que los datos actuales apenas capturan pero que va a redefinir el análisis en el ciclo que viene: la generación que entró al padrón electoral después de 2018 es distinta a cualquier generación anterior de mujeres en la política tamaulipeca.
Las universidades tamaulipecas tienen matrículas donde las mujeres representan más del 50 por ciento del estudiantado en la mayoría de las carreras, incluyendo derecho, comunicación y ciencias sociales, las disciplinas que forman a quienes construirán el discurso político de la próxima década.
Los movimientos feministas que tomaron fuerza en México entre 2019 y 2020 tuvieron expresión local con movilizaciones en Ciudad Victoria, Tampico y Reynosa que pusieron sobre la agenda pública temas que el sistema político prefería mantener al margen, violencia de género, feminicidio, brecha salarial y acceso a servicios de salud reproductiva.
Tamaulipas registra tasas de feminicidio que el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública ubica entre las más altas del país, un dato que convierte la seguridad de las mujeres en un tema electoralmente sensible que ninguna campaña puede ignorar sin que su silencio sea leído como complicidad.
La generación joven tiene mayor disposición a candidatearse, a exigir rendición de cuentas y a movilizarse sin necesidad de una estructura partidista que la convoque, tres características que en los procesos electorales de la última década han demostrado ser más eficaces que la operación territorial tradicional en los municipios urbanos.
El proceso que empezó con mujeres que aprendieron a valorar el voto como herramienta está produciendo una generación que ya no se conforma con votar sino que quiere gobernar, y esa diferencia de ambición es la que hace de 2027 un ciclo cualitativamente distinto a todos los anteriores.
El poder que se toman las mujeres de Tamaulipas no llegó por decreto ni por benevolencia partidista, llegó porque cada ciclo electoral acumuló más participación, más presencia en los padrones, más candidaturas y más victorias, hasta que ignorarlo dejó de ser una opción política viable.
Lo que viene es más de lo mismo, en el mejor sentido de la expresión, y más rápido de lo que el sistema político está preparado para procesar.




