25 marzo, 2026

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¿Por qué se regalan huevos de Pascua? El origen entre tradición y chocolate

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¿Por qué se regalan huevos de Pascua? ¿Cuál es la relación entre el chocolate y los conejos? ¿En qué momento decidimos que la mejor forma de celebrar una festividad religiosa o el equinoccio era intercambiando confitería con forma de embrión de ave? ¡Te contamos todo sobre esta tradición de Semana Santa! 

Así como en CDMX es famosa la representación de la Pasión de Cristo, en otros países y ciudades, no pueden faltar los huevos de Pascua durante esta época. Sin embargo, este evento es un collage de mitología pagana, restricciones dietéticas medievales y el ingenio de los pasteleros europeos que transformaron un símbolo de fertilidad en un fenómeno de ventas global.

Mucho antes de que los supermercados se llenaran de envoltorios de papel aluminio brillante, las civilizaciones antiguas ya veían en el huevo un microcosmos del universo. Para los egipcios, los fenicios y los persas, el mundo mismo nació de un huevo primordial.

Regalar uno no era un simple gesto de cortesía, sino un deseo ferviente de que la vida, tras el gélido y estéril invierno, volviera a brotar con fuerza en los campos y en las familias.

Hoy en día, la Pascua es una de las festividades más dulces del calendario, pero su ADN está compuesto por capas de historia que van desde las estepas de Mesopotamia hasta las cortes de los zares rusos. 

Significado del huevo en la mitología
En la cosmogonía de diversas culturas, el huevo representaba el caos contenido que, al romperse, daba lugar al orden universal. Los antiguos persas, durante su festival de año nuevo llamado Nowruz (que coincide con el equinoccio de primavera), tenían la costumbre de decorar huevos como símbolo de la creación. 

Esta práctica tiene más de 2,500 años y sigue vigente hoy. Para ellos, el huevo era la promesa de que el sol derrotaría a la oscuridad.

Especificamente durante la primavera y el equinoccio, muchas culturas ligaron el huevo a diosas de la fertilidad. Aquí entra en juego la figura de Eostre (u Ostara), una deidad germánica de la primavera cuyo nombre dio origen a la palabra inglesa Easter. Se dice que su símbolo era la liebre (por su alta capacidad reproductiva) y el huevo (por el inicio de la vida).

El huevo en la cristiandad
Para el cristianismo, el huevo adquirió un nuevo significado teológico. El cascarón duro representaba la tumba de piedra de Jesús, y el interior vivo que sale al romperse simbolizaba la Resurrección, de acuerdo con la organización Building Faith. 

Durante la Edad Media, las reglas de la Cuaresma eran extremadamente estrictas. No solo estaba prohibido comer carne, sino también huevos y productos lácteos (lo que se conocía como Lacticinia). Sin embargo, las gallinas no sabían de leyes eclesiásticas y seguían poniendo huevos durante los 40 días de ayuno.

Para no desperdiciar este valioso alimento, la gente los cocía para conservarlos. Al llegar el Domingo de Resurrección, el fin de la prohibición se celebraba con un festín donde los huevos eran el plato principal. 

Para hacerlos especiales, se empezaron a pintar con tintes naturales: rojo para representar la sangre de Cristo o dorado para celebrar la luz de la alegría.

Los huevos Fabergé y el chocolate
El zar quería sorprender a su esposa, María Feodorovna, y encargó al joyero Peter Carl Fabergé un huevo especial. 

El resultado fue el «Huevo de la Gallina»: un huevo esmaltado que contenía una yema de oro, que a su vez contenía una gallina de oro, que a su vez escondía una réplica de la corona imperial. Fue un éxito tal que se convirtió en una tradición anual. 

Por otro lado, a principios de 1800, en Francia y Alemania se empezaron a fabricar huevos de chocolate sólido. Sin embargo, el chocolate de la época era amargo, granulado y difícil de digerir. 

En 1875, la compañía británica Cadbury lanzó el primer huevo de chocolate hueco. Gracias a la invención de la prensa de manteca de cacao de Van Houten, los pasteleros pudieron crear un chocolate más fluido y maleable. 

El hecho de que fueran huecos permitía rellenarlos con caramelos o sorpresas, recuperando esa idea ancestral del «huevo con secreto». 

El conejo y los huevos de Pascua: ¿cuál es la tradición?
La tradición del conejo de Pascua llegó a América de la mano de inmigrantes alemanes en el siglo XVIII. Según la leyenda del Osterhase, una liebre blanca escondía huevos decorados para los niños que se portaban bien. 

Los niños preparaban «nidos» con sus sombreros o canastas, esperando que el conejo los llenara durante la noche.

Cada cultura ha puesto su sello personal en esta tradición:

Pysanka en Ucrania: son huevos decorados con cera de abeja y tintes, con diseños geométricos y simbólicos extremadamente complejos. Son considerados talismanes de protección.
La Tortilla Gigante de Bessières: en Francia, cada lunes de Pascua, se rompen miles de huevos para hacer una tortilla gigante de 4 metros de diámetro para alimentar a todo el pueblo.

El «Egg Rolling» en la Casa Blanca: una tradición que data de 1878 donde los niños compiten empujando huevos con cucharas de madera por el césped de la residencia presidencial en Washington D.C.
 

Más allá de la religión y la tradición, regalar huevos de Pascua sobrevive porque apela a algo universal: la alegría del descubrimiento para ver qué hay dentro, conectando con nuestro sentido de la maravilla.

CON INFORMACIÓN DE EXCÉLSIOR

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