Por Raúl López García
Expreso-La Razón
CIUDAD VICTORIA, TAM- No todo en Ciudad Victoria está en el mapa… y, sin embargo, hay lugares que definen su esencia mejor que cualquier guía turística.
En esta temporada de Semana Santa, cuando las calles cambian de ritmo y los visitantes buscan algo más que calor y paisajes, hay paradas obligadas que resumen la identidad gastronómica de la capital tamaulipeca: tradición, familia y sazón que no se aprende en recetas, sino en generaciones.
Son sitios que muchos pasan de largo, pero que quienes los conocen saben que ahí se come historia.
1. Tacos La Estación el legado que nació con el tren
Antes de que el ferrocarril dejara de sonar en Victoria, ya había un aroma que anunciaba su llegada: el de los tacos de Doña Tacha.
Hace más de 70 años, en plena época de trenes de pasajeros, Doña Tacha, como llamaban de cariño levantó este negocio para sostener a su familia. No había marketing, ni letreros luminosos, solo el humo de los comales y el paso constante de viajeros, obreros y curiosos.
Hoy, ese mismo espíritu sigue vivo con su hija Erica quien desde pequeña vio a su madre trabajar desde la madrugada hasta aprender su estilo y sazón.
Detrás del mostrador, las manos que sirven los tacos son herederas de una historia que no se ha interrumpido. Desde las 4 de la mañana comienza la rutina: preparar guisos, calentar tortillas, poner el café. A las 6, ya hay clientes. Obreros, madrugadores, gente que sabe que el día empieza mejor con un buen plato de carnita o unas manitas de puerco.
Aquí no hay pretensión:
Platos de plástico, repollo fresco, salsa casera y ese sabor profundo que solo las patitas de puerco, orden de pollo, carne o solo taquitos con papas bien tostadas pueden dar.
Cada orden —cuatro tacos bien servidos— no solo alimenta, también conecta con una época donde Victoria giraba alrededor de la estación.
2. La Flauta Soñada
La exageración que se volvió identidad
En Victoria, una flauta no es cualquier cosa.
Aquí es grande. Muy grande.
Y todo comenzó como suelen empezar las buenas historias: por accidente.
En los años 70, alguien decidió hacer una tortilla más grande de lo normal. Un cliente la pidió. Gustó. Y se quedó. Así nació la versión gigante que hoy define a La Flauta Soñada, un negocio que lleva más de cuatro décadas alimentando generaciones.
Pero el origen va más atrás. Desde los años 50, Doña Rosita Charles ya vendía guisos en tortillas de harina a choferes y viajeros. Ahí nació el concepto.
Hoy, esa idea evolucionó en una pieza casi legendaria:
una flauta de hasta 65 centímetros, hecha a mano, con masa trabajada pacientemente, rellena de picadillo, chicharrón, machacado o lo que el antojo dicte. Las puede encontrar en dos direcciones, en el 13 Miguel Hidalgo y en el 9 Matamoros, el lugar donde inicio todo.
No es solo comida, es experiencia.
Quien llega por primera vez no puede evitar sorprenderse. Quien regresa, ya sabe que ahí está uno de los símbolos más claros de la ciudad.
Porque en Victoria, si no probaste una flauta de este tamaño… simplemente no viniste.
En esta Semana Santa, cuando hay tiempo para redescubrir lo cercano, vale la pena mirar donde casi nadie mira.
Porque a veces, los mejores recuerdos no están en los destinos más conocidos… sino en esos rincones donde el sabor cuenta historias.




