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Expreso-La Razón
Los procesos político-electorales del 2027 y 2028 están en marcha con movimientos que ocurren en los márgenes del calendario formal.
El gobernador Américo Villarreal Anaya lanzó en semanas recientes una advertencia a la militancia y al liderazgo del partido: frenen sus aspiraciones adelantadas, prioricen el proyecto colectivo, no los intereses personales. Fue una señal clara de que la presión ya existe, de que las maniobras ya comenzaron, y de que el escenario que se avecina para Tamaulipas es extraordinariamente complejo.
La confección del evento en el que el gobernador presentó su Cuarto Informe de Gobierno también apuntó en la dirección de contener los ímpetus de muchos grupos políticos.
La convulsión electoral llega en diferentes etapas: primero el 2027, con alcaldías y diputaciones en juego; luego el 2028, con la gubernatura como premio mayor.
Antes de todo eso, un proceso interno de Morena que definirá las coordinaciones distritales y municipales, y que en la práctica funciona como un primer round de la sucesión sin que nadie lo admita en voz alta.
EL CALENDARIO QUE LO CAMBIA TODO
El Consejo Nacional de Morena aprobó en marzo de 2026 el calendario electoral que regirá los procesos internos del partido de cara a las elecciones de 2027. El esquema es técnico en apariencia, pero político en sus consecuencias: el 3 de agosto se elegirán las coordinaciones distritales federales; el 21 de septiembre, las coordinaciones municipales; y el 8 de noviembre, las coordinaciones distritales locales.
Esto significa que en menos de siete meses desde la aprobación de ese calendario, Tamaulipas conocerá a los prácticamente seguros candidatos de Morena para presidencias municipales, diputaciones federales y diputaciones locales. La velocidad del proceso contrasta con la magnitud de lo que está en juego.
El proceso formal para definir candidatos a gubernaturas de 2028 está todavía lejos de comenzar, pero todo apunta a que será en la mitad del próximo año, justo después de la elección intermedia.
Por lo pronto, ahora la diferencia entre ser candidato viable y ser candidato nominal se construirá en las coordinaciones municipales de septiembre, en las listas de quién controla qué distrito, en el mapa de quién pone a sus operadores en los puntos clave del partido.
Quien logre colocar a sus personas en las coordinaciones de septiembre habrá ganado un round importante de la sucesión gubernamental sin que nadie lo haya declarado candidato todavía.
Quien fracase en ese proceso —o simplemente no participe con seriedad— verá reducida su base de apoyo sin confrontación visible desde afuera.
LA ÚLTIMA OPORTUNIDAD: REELECCIÓN EN JUEGO
Uno de los elementos que complica aún más el tablero tamaulipeco es la reelección municipal. Varios alcaldes morenistas todavía tienen la opción legal de competir por un segundo periodo consecutivo, y 2027 será la última ocasión en que eso sea posible: a partir de 2030, la figura de la reelección municipal habrá quedado prohibida.
Eso convierte a este ciclo en un escenario único, con alcaldes que defienden posiciones, aspirantes que esperan una rendija y grupos políticos que presionan desde afuera. La combinación es una receta para el conflicto interno.
En la zona conurbana del sur de Tamaulipas, dos casos concentran la atención. En Tampico, la alcaldesa Mónica Villarreal tiene la posibilidad legal de reelegirse, y su partido ha enviado señales de que se le dará esa oportunidad. Pero la señal no cierra el espacio. En los pasillos del cabildo y en los grupos internos de Morena, varios personajes ya levantan la mano.
El nombre que más circula en los círculos políticos tampiqueños es el de la diputada local Ursula Salazar Mojica, ex presidenta del Congreso del Estado y sobrina del expresidente Andrés Manuel López Obrador. En la elección pasada ya intentó ser candidata a la presidencia municipal de Tampico; esta vez, su nombre vuelve a sonar con más fuerza.
En caso de no ser considerada para la alcaldía, la legisladora podría orientar sus aspiraciones hacia una diputación federal, lo que implicaría disputarle al PAN una posición que actualmente ocupa el panista Jesús Nader, quien a su vez ha dejado entrever su propio deseo de regresar a la presidencia municipal.
El tablero, en Tampico, es un juego de ajedrez con varias piezas moviéndose al mismo tiempo.
En Ciudad Madero, el escenario es igualmente tenso. El alcalde Erasmo González también tiene la opción de la reelección, pero su gestión ha generado fricciones internas.
El ex alcalde y actual diputado federal Adrián Oseguera fue señalado recientemente de influir en el Cabildo para que votaran en contra de proyectos del presidente municipal, entre ellos uno que programaba el pago obligado al Sindicato municipal. El episodio reveló las tensiones al interior del bloque morenista maderense, y reforzó la percepción de que Oseguera no ha renunciado a sus ambiciones locales.
Además de Oseguera, el diputado local Claudio de Leija también tiene en la mira la candidatura a la alcaldía de Madero, un puesto que ya ha intentado alcanzar anteriormente. En Madero, como en Tampico, la reelección del alcalde en funciones no está descartada, pero tampoco es un camino despejado.
MATAMOROS: ENTRE LA REELECCIÓN Y LAS TURBULENCIAS
En Matamoros el caso es igualmente complicado. El alcalde Alberto Granados está apenas en su primera gestión, lo que lo pone en posición de competir por la reelección en 2027. Sin embargo, los problemas que ha enfrentado en este periodo —entre los que destaca el retiro de su visa para ingresar a Estados Unidos, un asunto de dimensiones políticas mayores en una ciudad fronteriza— han debilitado su posición y avivado las ambiciones de otros actores.
El nombre que más ha ganado peso en los círculos internos es el del diputado local Víctor García Fuentes, actual presidente de la Comisión de Salud en el Congreso del Estado. Su perfil legislativo lo posiciona como una alternativa ordenada dentro de Morena, aunque todavía no hay definiciones formales. Lo que sí está claro es que la situación de Granados ha abierto una ventana que varios personajes observan con atención.
REYNOSA: LA FORTALEZA QUE TODOS QUIEREN
Si hay un municipio que concentra la intensidad de la disputa interna en Morena, ese es Reynosa. La ciudad más poblada de Tamaulipas tiene además una carga simbólica particular: es el territorio donde la familia de Maki Ortiz —dos veces alcaldesa y hoy senadora plurinominal— ha ejercido un control político que data de al menos una década, y que los grupos internos de Morena buscan desmantelar o al menos reformular.
El alcalde Carlos Peña Ortiz termina su gestión, y la lista de aspirantes a sucederlo es la más larga y la más heterogénea de todos los municipios tamaulipecos. Cada nombre en esa lista es también una historia de ambiciones, alianzas y fracturas.
El presidente de la Junta de Gobierno del Congreso del Estado, Humberto Prieto Herrera, ha sido señalado de utilizar recursos del Legislativo para posicionar sus aspiraciones. La acusación, si bien no ha derivado en un proceso formal, lo convierte en un actor polémico dentro del escenario.
En las últimas semanas ha cobrado notable fuerza la figura de la diputada Magaly Deandar Robinson, quien se ha posicionado como una de las aspirantes con mayores probabilidades reales de encabezar la candidatura morenista en Reynosa. Su ascenso no es casual: responde a un reacomodo de fuerzas que tiene que ver con lo que ha ocurrido en los escalones superiores de la política nacional.
La diputada federal Claudia Hernández, ligada al grupo político del senador José Ramón Gómez Leal, también había sido mencionada como posible candidata. En los últimos meses, el senador había construido una alianza con Maki Ortiz, con el acuerdo implícito de impulsar en conjunto a Claudia Hernández para la alcaldía de Reynosa. Sin embargo, la debacle política de Adán Augusto López —principal respaldo del senador tamaulipeco en el escenario nacional— ha tenido consecuencias directas en el escenario local.
Sin ese paraguas protector, la alianza Gómez Leal-Maki Ortiz se ha fragilizado. Y esa fragilidad, ha abierto el camino para Magaly Deandar, quien no depende de esa red de lealtades para construir su candidatura. En Reynosa, los movimientos nacionales se traducen directamente en cambios de tablero local.
NUEVO LAREDO Y LA APUESTA MAYOR
El caso de Nuevo Laredo tiene una dimensión diferente al resto. Aquí, el proceso para la alcaldía no puede analizarse de manera aislada, porque quien controle la capital norteña en 2027 estará directamente vinculado a la carrera por la gubernatura de 2028.
La alcaldesa Carmen Lilia Canturosas termina su segunda gestión en 2027 y ha dejado pocas dudas sobre su intención de convertirse en la candidata de Morena a la gubernatura de Tamaulipas. Su perfil es, de los cuatro aspirantes identificados con mayor viabilidad, el que presenta un expediente más sólido en términos de gestión documentada: más de 300 millones de dólares en atracción de capital privado, 13 Clínicas UNE en operación, disciplina financiera certificada y un reconocimiento binacional LULAC 2026 que la posiciona como la figura de la alianza 4T con mayor interlocución legítima ante organismos estadounidenses de la frontera norte.
Esa interlocución no es un detalle menor. En un contexto donde la relación México-Estados Unidos es un factor constante de presión política, ser reconocida como una figura con credibilidad binacional tiene un valor estratégico que ningún otro aspirante a la gubernatura puede igualar en este momento.
Pero el camino hacia la gubernatura pasa por Nuevo Laredo, y eso hace que la selección de su sucesor en el ayuntamiento sea una decisión de primer orden. Aquí aparece una restricción importante: la prohibición de Morena para el nepotismo en cargos públicos imposibilita que su hermano, el ex alcalde y actual diputado federal Carlos Canturosas, sea el candidato natural del clan familiar. La norma cierra una puerta que de otra manera habría sido la más evidente.
En ese escenario, el actual Secretario de Obras Públicas, Carlos de Anda Hernández, parece posicionado como la apuesta del grupo Canturosas para mantener el control del municipio. Pero fuera de ese grupo opera otro nombre con peso propio: la Secretaria de Economía Ninfa Cantú Deandar, que representa una opción para actores que buscan distanciarse de la hegemonía canturosista sin perder el paraguas de Morena.
La sucesión en Nuevo Laredo es, en síntesis, una sucesión de doble nivel: quien gane la alcaldía contribuirá a construir —o a obstaculizar— el camino de Carmen Lilia hacia la gubernatura. El municipio más estratégico del norte tamaulipeco concentra así dos disputas en una.
VICTORIA Y EL FACTOR VERDE
En Ciudad Victoria, la capital del estado, el escenario presenta un elemento adicional que complejiza el análisis: la influencia creciente del Partido Verde Ecologista de México como opción para aspirantes inconformes con los mecanismos internos de Morena.
El alcalde Eduardo Gattas termina su segundo periodo y estaría orientando sus aspiraciones hacia una diputación federal. Al interior de la estructura municipal, el nombre que se impulsa desde Palacio es el del actual Secretario del Ayuntamiento, Hugo Reséndez, quien representaría la continuidad del proyecto victorense.
Sin embargo, la lista de interesados es extensa y variada. El diputado federal Pepe Braña tiene aspiraciones conocidas en el distrito. Las diputadas locales Katalyna Méndez y Blanca Anzaldúa han sido mencionadas como posibles candidatas. Y la Secretaria de Bienestar, Silvia Casas, suma su nombre a un escenario que ya de por sí es difícil de ordenar.
El Partido Verde, en este contexto, no opera como una fuerza ideológica sino como un vehículo de conveniencia para quienes no consigan el aval de Morena y no quieran pasar al PAN. Es el espacio de los inconformes que no rompen del todo, y su presencia en Victoria indica que la cohesión interna de la 4T en la capital tiene fisuras que van más allá de la simple competencia entre aspirantes.




