El reacomodo en el gabinete de Américo Villarreal Anaya generó una ola de turbulencias en las redes sociales, que solo traslucen una realidad: la batalla digital es el reflejo de la circunstancia política que vive Tamaulipas, atizada por grupos obsesionados con el poder y el presupuesto a cualquier costo.
La respuesta la dio el mismo Américo en el Poliforum: no está dispuesto a caer en la guerra sucia que se practican desde el anonimato, desde páginas negras que buscan debilitar a su gobierno, su discurso y los movimientos previos tienen que leerse como la intención de dar un golpe sobre la mesa, con dedicatoria implícita a quienes enturbian el clima político con ambiciones futuristas.
Desde sus butacas, los personajes que alientan sueños de ser gobernadores, alcaldes o diputados locales sonrieron nerviosos o con gesto desencajado, unos se acomodaron en silencio, otros se pasearon entre los pasillos tomando selfies con sus admiradores, pero el empoderamiento que exhibían días atrás ya no asomaba en sus rostros.
En el análisis más riguroso, el mundo digital solo causa mella cuando existe ira social genuina: circunstancial, ante hechos que sacuden las emociones, o permanente, cuando se viven condiciones extremas de autoritarismo, violencia, miedo o desastres de largo alcance.
Tamaulipas conoce esas condiciones de sobra, las caravanas de sicarios aplastaron durante años a los ciudadanos y acabaron con miles de vidas hasta infiltrarse en las instituciones y apoderarse de sus áreas más estratégicas, en ese contexto histórico, las escaramuzas digitales de la clase política alimentan el morbo pero no mueven el ánimo popular.
Lo que sí hay que documentar como circunstancia política de fondo es la pugna entre los grupos de poder que llegaron con Morena, alentados por el pragmatismo de Andrés Manuel López Obrador, y que ahora pretenden perpetuarse en el control de los recursos y las decisiones.
Así ocurre con los clanes que se entronizaron en Nuevo Laredo, Reynosa, Matamoros, Victoria, Mante, la zona conurbada y los municipios rurales, muchos tienen sus enclaves en el gabinete y la suma de todos representa un desafío real al gobierno de Américo Villarreal Anaya, su intención es acotar la capacidad de maniobra del ejecutivo de cara al 2027 y la sucesión gubernamental del 2028.
Esa es la batalla que importa y no se librará en las redes sociales, las únicas opciones reales son el ejercicio político y la aplicación de la ley, el tiempo de las decisiones que los próximos años exigen ya llegó.
BAILADORES
Hay figuras de la política estatal que tomarán decisiones que influirán en el tablero político y en su propio futuro.
Eugenio Hernández y Maqui Ortiz estarán en una encrucijada, ambos juegan un rol protagónico en el Partido Verde y lo que decidan marcará su destino en un entorno complicado por la polarización política existente.
Es el crucigrama que tendrán que resolver otros personajes que fueron actores principales y ahora se empeñan en resucitar viejas glorias, con el riesgo de perderlo todo en el intento.
Es el caso de Chucho Nader, Carlos Cantú Rosas, Truko Verástegui y otros más que ya bailaron pero no quieren sentarse.




