29 marzo, 2026

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TMEC: el tratado que no basta

Faljoritmo/Jorge Faljo
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El 24 de marzo Marcelo Ebrard, el secretario de economía dio una entrevista tras regresar de la primera ronda oficial de negociaciones del TMEC en Washington. Planteó en el lenguaje de la diplomacia económica lo esperado por México. El mantenimiento del tratado, evitar, de hecho reducir los aranceles impuestos a México por la administración Trump y una política industrial “más alineada” con la de Estados Unidos. Esto porque ambos países tienen una dependencia mutua muy alta en sectores estratégicos.

Ebrard señaló también las dificultades que enfrenta la negociación; los dos irreductibles de Trump son proteger, mediante aranceles, la producción de aluminio y acero y la producción automotriz en Estados Unidos. Trump lo ha expresado de manera más contundente, quiere la reindustrialización de los Estados Unidos a partir de reubicar al interior toda la manufactura estratégica, incluyendo la producción de automotores e insumos industriales básicos. Esta posición amenaza fuertemente a lo que en México han sido los sectores estratégicos de la producción industrial exportadora.

Lo verdaderamente relevante es algo que Ebrard no dice explícitamente. El tratado cambió y México está negociando en las nuevas condiciones sin cuestionarlo. Durante años, el T-MEC —y antes el TLCAN— se presentó como una garantía. Cumple las reglas, integra tu producción, invierte, y tendrás acceso estable al mercado estadounidense. La promesa esencial era certidumbre en el largo plazo. Hoy esa promesa está rota, aunque nadie lo declare abiertamente.

La administración de Donald Trump ha demostrado que puede imponer aranceles, recargos y restricciones sin abandonar el tratado. No lo cancela; lo rodea. No lo viola de manera frontal; lo condiciona. El resultado es un cambio silencioso pero decisivo: el T-MEC ya no garantiza acceso, solo lo hace negociable.

Hoy el tratado es más importante que nunca antes. La integración entre México y Estados Unidos es demasiado profunda y no puede deshacerse sin costos severos para ambas partes. Trump, presionado por los grandes conglomerados industriales norteamericanos, no se propone destruir el tratado. No obstante tiene maneras para endurecer su postura, presionar, introducir excepciones y hacerlo impredecible. Estira la cuerda, administra la tensión y sabe que México no está dispuesto a soltarse de ese clavo ardiente.

Así que México tiene que resistir, negociar, no replantear. Lo que está claro en la entrevista de Ebrard es que lo que está en juego es la industria: autos, acero, reglas de origen, cadenas de suministro, todo enmarcado en el sector de la manufactura de exportación. El TMEC es esencialmente un acuerdo de integración industrial… y nada más.

Cuando se menciona política industrial alineada no se refiere a una política que cubra e impulse la producción industrial del país. Si es visto desde la perspectiva nacional el TMEC y su antecedente el TLCAN han sido fracasos rotundos.

Lo dicen los datos del INEGI que en su último boletín mensual de la actividad industrial nos revela que entre enero de 2025 y enero de 2026 la actividad industrial de México se redujo en -0.1 por ciento, que en el último mes cayó -1.1. Estos datos no son meramente coyunturales sino los últimos de una tendencia persistente; de 2018 a la fecha la actividad industrial de México creció un mero 0.3 por ciento.

El comportamiento por sectores nos señala un profundo dislocamiento de la producción, sectores globalizados relativamente exitosos como los derivados del petróleo que crecieron en 55.2 por ciento de 2018 a la fecha; la fabricación de equipos de computación que subió en 20.7 por ciento; los aparatos eléctricos en 15.8 por ciento. Otros mostraron un crecimiento modesto a enero de 2025 como los plásticos (8.6 por ciento) y equipo de transporte (3.6 por ciento), pero en el último año decayeron fuertemente.

Por otro lado están los que a lo largo de todo el periodo mostraron un deterioro continuado. Por ejemplo textiles cayó en 27.7 por ciento en los últimos 8 años; prendas de vestir se redujo en 32.8 por ciento; calzado en 26.1 por ciento.
La realineación industrial o profundización de la integración industrial con los Estados Unidos que se está negociando es imprescindible para conservar lo que se pueda de los sectores de la manufactura de exportación. Pero no nos confundamos, no va más allá de eso; no ofrece una política para el conjunto de la industria nacional. Mucho menos para el desarrollo del país y para beneficio del conjunto de la sociedad mexicana.

El TMEC y el TLCAN mostraron su incapacidad para impulsar el crecimiento económico, verdaderamente modernizar al país e integrar al conjunto de la población a la economía formal, al empleo digno.
La peor ausencia del tratado es el campo. El Programa de Fertilizantes para el Bienestar, un documento oficial señala que “actualmente el 59.1 por ciento de los hogares en México carece de los recursos económicos necesarios para acceder a una alimentación adecuada tanto en calidad como en cantidad”.
Renegociar el TMEC sin demandar y conseguir un estatus especial para la producción agrícola, como lo piden los productores rurales, implicar correr un grave riesgo. El deterioro del campo podía ser aliviado anteriormente mediante la emigración hacia los Estados Unidos. Esa válvula de escape ha dejado de existir. Ahora hay que avanzar en serio hacia la autosuficiencia alimentaria basada en la configuración creciente de autosuficiencias alimentarias regionales. Lo que requiere una fuerte alianza entre gobierno y productores.

Hay que reconocer que impulsado por los Estados Unidos el mundo se aleja del libre comercio. Trump impone nuevas reglas del juego y genera una enorme incertidumbre. En este contexto, y dada la integración de las dos economías el TMEC es más importante que nunca y al mismo tiempo brinda menos certidumbre y sobre todo es evidente su marcada insuficiencia para impulsar la economía del país, ni siquiera al conjunto de la industria. Y ya no puede seguirse sacrificando al campo en aras del beneficio de un muy pequeño sector de la manufactura.

Lo que nos dicen respecto al TMEC es que México exporta más. Pero no necesariamente produce más en conjunto. La economía mexicana se ha organizado para servir a mercados externos. Y en ese proceso ha descuidado, la producción destinada al consumo interno mayoritario: alimentación y consumo básico.
Hay que procurar mantener el TMEC. Pero reconozcamos que ya no brinda certidumbre y que desde la perspectiva norteamericana habrá una renegociación constante asociada a sus argumentos de seguridad nacional.

México debe plantear también con firmeza sus propios argumentos en favor del bienestar de la población, la estabilidad social y, en un mundo que presenta graves riesgos, priorizar nuestra propia estrategia de seguridad nacional.

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