Cypher era parte del equipo de Morfeo hasta el día que lo traicionó. La escena, como sucede en múltiples situaciones del poder público o privado, se llevó a cabo en un restaurante de primer nivel, junto a los ‘agentes’ Smith, cuya única misión en la Matrix es (o al menos de origen) mantener el orden y evitar cualquier colapso por amenazas internas o externas
Mientras planeaban la forma en la que sería entregado Morfeo y Neo erradicado, Cypher disfrutaba de un buen corte de carne preparado en el punto deseado. Mientras sostenía los cubiertos y su porción, reconoció frente a sus nuevos aliados que solo vivía una experiencia vacía de algo que al final era una simple simulación. Como cualquier placer de la vida proveniente de la civilización actual…
Y probablemente ese sea uno de los pilares que sostienen la simulación que proyecta el modelo actual de sociedad erigido principalmente desde la posguerra. ¿Qué característica de modelos como el sistema democrático, el socialista-comunista y el totalitario-fascista tienen en común? La simulación como mecanismo de control social.
Las civilizaciones surgieron por supervivencia; la simulación, como el instrumento ideal del modelo burgués para estructurar la política, la economía y a la sociedad. Si la civilización es el dominio del entorno para garantizar el desarrollo de los individuos, la simulación es toda esa serie de elementos que los mantienen sometidos a sus estructuras.
El mayor ejemplo de simulación en cualquier parte del mundo es la concepción de Estado-nación. Un poder imaginario pero a la vez real sostenido por el monopolio de la fuerza, una sociedad imaginaria de individuos que en innumerables ejemplos no comparten las mismas características, fronteras imaginarias que en algunas ocasiones provocan más problemas que soluciones, y un proyecto de nación cocinado generalmente por las élites beneficiadas por implementarlo.
Más allá de concentrar similitudes en un territorio, población o gobierno determinados, la verdadera razón de cualquier Estado es la delimitación temporal y espacial de los intereses de sus élites (ya sean internas o externas). Las sociedades del mundo previas a la fiebre comunista que se dio entre el final del siglo XIX y la primera parte del siglo XX tuvieron un desarrollo industrial propio y sin tantos modelos de ‘exportación’, que llegó a su cúspide tras el fin de la Guerra Fría. Los países precursores y desarrolladores de la industrialización adquirieron una identidad propia que incluso en la era del mercado global aún es perceptible.
Al igual que todos los países con un desarrollo de identidad nacional previo a su conformación como Estado-nación, y no como una imposición (como el colonialismo).
El desarrollo de sus ciudades, previo al modelo burgués y la industrialización, les permitió en la era industrial un modelo de simulación ‘nativo’ y no impuesto mediante ‘manual’. Solo el colonialismo británico, y solo el de su primera fase colonial (Estados Unidos, Canadá, Oceanía), mantuvo en el desarrollo de sus urbes un modelo de simulación propio al excluir a cualquier población nativa de inicio. Aunque el modelo de Estados Unidos, tras su conformación como Estado-nación, sería el primero en saltar cualquier tipo de identidad previa a su implementación: primero
en su expansionismo acelerado y después en su etapa imperialista tras la caída del bloque socialista.
El expansionismo de este a oeste, la heterogénea población generalmente inmigrante proveniente de todos los rincones de Europa, de Asia, afrodescendientes y mexicanos (originarios) impedía continuar con el mismo modelo que acoplaron de origen las 13 colonias originarias.
Desde la experiencia mexicana, la incapacidad de formar una identidad o sentido de pertenencia de la recién llegada población proveniente de todas partes; existía el riesgo de que, al igual que en el caso de Texas, un grupo étnico preponderante tratara de formar su propia identidad nacional.
Además del mismo Texas, que si bien de inicio mostró su deseo por pertenecer a Estados Unidos, también desde el origen prevalece un sentido de pertenencia propia con su estrella solitaria. Los modelos de comunidades protestantes de inicio permitieron establecer en muchos de sus territorios un sentido de pertenencia al menos religioso.
Y la piedra angular de un modelo de simulación que por naturaleza sería de exportación primero en su territorio y después para el mundo entero. ¿Cuál era la principal misión de las comunidades protestantes? Establecer un modelo de privatización como mecanismo de control social, además de generador de riqueza, y la restricción de los espacios públicos.
La defensa de la propiedad privada (y la legitimación de su defensa), el desarrollo económico regido por el mercado y la poca regulación del Estado, la autosuficiencia en el desarrollo de las áreas de prosperidad. El sometimiento de las comunidades del Western no daba flexibilidad en el acceso a los espacios públicos por los riesgos que conllevaba el desarrollo de una nueva civilización con identidad propia. La identidad tenía que ser también impuesta, y la vida de la población controlada de principio a fin, de día y de noche; no había margen de error.
El modelo esclavista tarde o temprano tendría que colapsar; ahora toda la población tenía que entrar en una dinámica productiva en torno a regiones de prosperidad, sin descanso. Pero faltaba un ingrediente indispensable, y era la fabricación de una identidad, de un sentido de pertenencia. Y no había mejor modelo para construirla y propagarla que el de franquicias. Y fue el modelo imperante durante prácticamente todo el siglo XX, hasta la década en turno, cuyo colapso es el de la evolución a uno más agresivo e invasivo. Y no hubo mejor arma para construirla que el aspiracionismo, proveniente de la idea protestante de ‘construir el reino de Dios en la tierra’.
La médula del sueño americano, con un estilo de vida modelo basado en la cultura del esfuerzo como una forma de dar tranquilidad en la vida de cualquier individuo. Y la distribución de la prosperidad terminaría por distribuir a la población del país de tal manera que lo terminaría de trazar en cuadrículas chicas y facilitar su control. Además de la intercomunicación que se daría para facilitar cualquier ruta comercial sin dificultades.
Como la construcción del Sistema Nacional de Autopistas Interestatales y de Defensa Dwight D. Eisenhower. Garantizaba la producción y rápida distribución local, una mayor regulación y el consumo interno. Y como siempre, exportarlo a otras regiones de ‘prosperidad’.
De la noche a la mañana todas las regiones mantenían una intercomunicación sin precedentes, pero en las ciudades propiciaría un desarrollo urbano en el que prácticamente es imposible vivir sin el uso de un vehículo. La vida tiene como eje principal el uso del ‘Freeway’, que además fomentaría el uso de hidrocarburos.
La fase final del siglo XX y el inicio del XXI, en su etapa neoliberal, influyó en Latinoamérica un modelo similar impulsado con el TLCAN que tendría consecuencias catastróficas como el aumento de las desigualdades sociales y el estallido de conflictos como el de seguridad.
El modelo de inicio fracasó por la naturaleza de cada país, por la composición de sus élites y las facilidades de su geografía para propiciar economías paralelas ante la falta de control. Pero era solo el inicio del fin. El modelo de ‘civilización’, de simulación, también colapsaría en Estados Unidos. Los estragos del consumismo aspiracionista cobraron factura, lo que llevó a la humanidad a un punto de no retorno con el cambio climático.
Se inició la regulación de las emisiones para la industria y las restricciones a la industria automotriz. La producción agrícola a gran escala para sostener el modelo de franquicias en producción y comercio terminaría en regulaciones ambientales y de riesgo para la salud de los individuos. Y en algunas partes del mundo, con el ascenso de las izquierdas, se restringieron al menos en papel los abusos y la explotación de los recursos naturales y la integridad de los trabajadores en las empresas paraestatales.
O el cambio de modelo de negocio proveniente principalmente de China con su modelo de socialismo ‘de mercado’, que ha propiciado una nueva guerra tecnológica con miras al espacio y la IA. Y mientras una parte de las élites estadounidenses aún defienden un modelo de simulación agotado y al borde de la obsolescencia, desde Asia y Silicon Valley surgen otros modelos de simulación, desde cada individuo con la ayuda de la tecnología. Y ese es probablemente el choque en los modelos implementados de simulación a lo largo del territorio estadounidense y en otras partes del mundo, que revivieron de las cenizas de una historia que, vaticinaron algunos pensadores, había terminado. Y es solo una breve disección del modelo de civilización simulada en el diseño de las ciudades, de lo concerniente a la organización y distribución poblacional.
La simulación en aspectos tan indispensables para cualquier sociedad como un sistema democrático al final demuestra, con el quiebre de la comunidad internacional, cómo, al igual que cualquier modelo, terminó por expirar. La percepción de la política y la vida pública al final guardaría la misma comparación con la escena en la que Cypher traiciona a Morfeo. La sensación de simulación, de falsedad es evidente; el deseo de permanecer por comodidad es tentador.




