El mundo observa con atención la evolución y la perspectiva de la guerra desatada por Estados Unidos e Israel contra Irán.
Es mucho lo que se encuentra en juego; la absurda destrucción en marcha ya afecta mucho más allá de los actores directos. La jefa del fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, recién declaró que la guerra impactará de manera negativa y persistente los niveles de vida de prácticamente todos los habitantes del planeta.
La destrucción de infraestructura, a las cadenas de abastecimiento, la pérdida de confianza, entre otros daños, son heridas permanentes, independientemente de si se alcanza o no un acuerdo de paz rápidamente.
El hecho es que no sabemos lo que depara el futuro para el transito por el estrecho de Ormuz y la recuperación de la región. Las declaraciones de Donald Trump han sido tremendas y erráticas. Declaró que destruiría en una noche una civilización milenaria, es decir Irán, y le fijo un plazo de 48 horas.
Hora y media antes del tiempo fijado Trump anunció que debido a que había cumplido con creces todos sus objetivos militares, había acordado con Irán un cese de hostilidades que duraría dos semanas en las cuales se negociarían los detalles de lo que Trump consideró acuerdos bastante avanzados.
El hecho es que desde hace semanas Trump buscaba una rampa de salida, como las que hay en las carreteras para detener vehículos desbocados. Entre sus principales motivos estarían el agotamiento acelerado de su arsenal ofensivo y defensivo.
En sentido contrario el gobierno de Irán le apostó a una guerra de desgaste de largo plazo y se había negado a toda posible negociación. Pero cambio de posición de improviso. Hay versiones distintas sobre el motivo pero aquí se apunta la que parece más posible.
Al parecer China, inquieta por una posible escalada brutal del conflicto se comunicó con los lideres de Irán y Pakistán y promovió abrir la posibilidad al dialogo. La influencia de China sobre Irán se basa en el apoyo que le ha brindado anteriormente. No se sabe a ciencia cierta la magnitud de los apoyos pero por lo menos se conocen dos de ellos.
Uno es la información en tiempo real relativa al campo de batalla y la conexión de equipos militares a esa información que le permitió a Irán elevar la precisión de sus defensas y ataques. Lo segundo fueron miles de señuelos inflables en forma de aviones, tanques, lanzamisiles que incluso generan calor y el tipo de señales que atraen los misiles y bombas del enemigo.
Tal vez llegaron a miles de millones de dólares lo que Estados Unidos e Israel gastaron en atacar esos plásticos creyendo que destruían la capacidad militar del enemigo. El caso es que Irán hizo una propuesta de 10 puntos que Pakistán le presentó a Estados Unidos. Trump aceptó esta propuesta como base negociación señalando, muy en su estilo, que lo hacía porque su victoria había sido total.
Hubo exigencias de ambas partes para iniciar el dialogo que duraría dos semanas a partir del sábado 11 de abril.
Trump exigió como requisito previo la apertura del estrecho de Ormuz al paso de buques tanque, cargueros y demás. Por su parte Irán nunca habló de cese al fuego porque antes había descalificado esa posibilidad. Pero ofreció que si no era atacado no ejercería represalias; es decir que en la práctica habría un alto al fuego. Sin embargo su propuesta contenía puntos que no eran negociables, sino precondiciones para el dialogo.
Los principales eran: un alto a las hostilidades en toda la región, incluyendo en particular a Líbano y la liberación de miles de millones de dólares, producto de sus exportaciones petroleras, que Estados Unidos le había congelado.
Sin embargo Netanyahu, el primer ministro de Israel, arreció como nunca antes el bombardeo a Beirut, la capital de Líbano. Siguió una estrategia de destrucción de la infraestructura civil y humanitaria; instalaciones eléctricas, de agua, hospitales, escuelas y viviendas entre otros objetivos. Israel afirmó que el alto al fuego en Líbano no estaba incluido en el acuerdo preliminar y Vance el vicepresidente de los Estados Unidos lo aceptó.
En respuesta Irán cerró el estrecho de Ormuz hasta que se suspenda el ataque israelita contra Líbano.
Tras una tensa llamada desde Washington, Netanyahu anunció que instruyó a sus colaboradores a entrar en dialogo directo con Hesbolá tendiente a un futuro cese al fuego, bajo la condición de que Hesbolá se desarme.
Es una medida dilatoria y tramposa, que no suspende el ataque. Pero si ocurriera esa negociación secundaria Netanyahu estaría condicionando el dialogo mayor entre Irán y Estados Unidos. Irán y Hesbolá se oponen al dialogo secundario con Israel. Irán ha reafirmado que no reabrirá el estrecho de Ormuz si Israel no suspende sus ataques en Líbano. Tampoco habrá negociaciones en Islamabad si Estados Unidos no descongela sus fondos.
Al momento de escribir esta nota algunas fuentes informan que Vance llegó a Islamabad y que los representantes de Irán se encuentran en el aeropuerto de esa ciudad esperando el descongelamiento de fondos. Trump está sometido a fuertes presiones contradictorias, su popularidad se desploma y tiene que elegir entre los consumidores norteamericanos o la alianza con Israel.
Enfrenta criticas crecientes, a nivel internacional e interno, que le exigen que resuelva el embrollo que inició y que no ha podido cargarle a otros la tarea de resolverlo. Irán tiene la carta ganadora, puede estrangular el estrecho de Ormuz y someter al mundo a una depresión histórica que ya afecta incluso a los consumidores de los Estados Unidos.
No obstante le interesa detener el ya muy fuerte daño a su población, infraestructura, hospitales, universidades, recintos culturales y demás. Es posible que a pesar de que no se han cumplido las precondiciones de los dos principales actores, estos hayan decidido, al momento de publicarse esta nota, dialogar en Islamabad. Ambos quieren detener la guerra.
El mundo quiere que se pongan de acuerdo. Falta ver qué decide Netanyahu.




