Por. Jesús Collado Martínez
Trópico de Cáncer/Expreso Tamaulipas
13 de abril de 2026
Desaparecido, dice la Real Academia Española, es una persona que se halla en paradero desconocido sin que se sepa si vive, también dice que es un eufemismo para decir muerto, que está sin vida.
Desaparición forzada, de acuerdo con la ONU, es aquella que se lleva a cabo a través del arresto, detención, secuestro o cualquier otra forma de privación de la libertad cometida por agentes del estado, o por personas o grupos que actúan con apoyo o aquiescencia de este, y que exista la negativa a reconocer esa privación de la libertad u ocultar el paradero de la persona desaparecida.
Desaparecido, en el lenguaje de todos los días, es una ausencia sensible en una familia que produce un gran dolor, es una madre y un padre sin hija o hijo, una esposa sin esposo, unos hijos sin padre, hermanos y hermanas, amigos, vecinos a quienes les hace falta el ausente, el desaparecido es una herida profunda en una comunidad y en la sociedad.
De acuerdo con las cifras del Secretariado Técnico del Sistema Nacional de Seguridad Pública y el Informe de la Comisión para los Desaparecidos de la ONU hay más de 132 mil personas desaparecidas en México que corresponden al período del 2006 al 2025, lo que ha dado lugar a una amplia discusión después de la publicación del Informe de la Comisión de la ONU, en el que manifiesta que llevará ante el pleno de la Asamblea General de esa organización la situación de los desaparecidos en México.
Desaparecido también es, en el lenguaje coloquial, un vocablo que usamos en nuestro país para señalar a quienes se sustraen de una responsabilidad, se hacen los desentendidos, “le hacen al loco”, “callan como momias” o cambian de tema para distraer a quienes los requieren para obtener una respuesta sobre algún tema específico. En este sentido, el sentido político, hay muchos “desaparecidos” en el debate sobre el tema de los desaparecidos.
Desaparecidos el PAN, sus dirigentes y su Presidente Vicente Fox que postularon a Felipe Calderón, y “desaparecida” la camarilla de cínicos que mediante el chantaje, la violencia y el fraude electoral lo llevaron a empujones a tomar posesión de la Presidencia de la República.
Desaparecido Felipe Calderón el Presidente que declaró una guerra en el territorio nacional y sometió a los mexicanos a la violencia de los delincuentes, la muerte, las desapariciones y una larga cadena de desgracias y sufrimiento que aun no ha terminado y por los que él no ha respondido frente a la justicia.
Desaparecidas las policías municipales que fueron desarmadas y desmanteladas por el gobierno de Calderón y el narcotraficante que fue su Secretario de Seguridad, dejando a cientos de los municipios más habitados del país y a sus gobernantes sin la unica posibilidad de tener seguridad y a merced de los delincuentes.
Desaparecido Enrique Peña Nieto, el presidente priista que mantuvo la política de seguridad de confrontación y no atendió los reclamos de paz y justicia de los ciudadanos de la república ni revirtió la guerra del narco y sus nefastas consecuencias.
Desaparecidos los partidos de la autodenominada “transición democrática” PAN-PRI-PRD que no se opusieron a la guerra del narco y sus flagelos. Desaparecidos los gobernantes postulados por esos partidos que fueron omisos ante la escalada de violencia que arrasó sus estados y su municipios llenándolos de muertes, destrucción, cuerpos sin identificar, miles de desaparecidos y de huérfanos y viudas y un gran dolor que todavía no termina.
Desaparecidos los medios y las redes sociales que hicieron un pacto de silencio con el poder frente a la escalada de violencia de los grupos criminales, “para no dañar la imagen de México”, “para no ahuyentar a los inversionistas”, para no arriesgar nada ante la violencia del Estado y de los criminales.
Desaparecidos los empresarios que hicieron pactos de complicidad con los delincuentes para reprimir las demandas de sus trabajadores y en pago sirvieron como fachada para limpiar sus recursos ilícitos y ahora esconden sus inversiones para sabotear la economía nacional.
Desaparecida la imparcialidad de la Comisión para los Desaparecidos de la ONU que propone llevar a México ante el pleno de la Asamblea General por desapariciones forzadas, cuando hay evidencia de desapariciones cometidas por particulares, sepulcros clandestinos y restos de cuerpos a los que se trató de desaparecer mediante el uso de otros métodos. Es irresponsable hacer una denuncia genérica sin especificar a quien se señala y el período específico de la falta o faltas que se acusan y cuáles son las acciones u omisiones del estado que se denuncian, es importante decir que los crímenes de lesa humanidad se definen en forma precisa, quién, cuando, como y donde, por no por analogía ni por mayoría de razón.
Desaparecido el pudor político de la derecha opositora y sus voceros que atacan en jauría al gobierno de la Presidenta Sheinbaum y medran con el dolor de las madres buscadoras, sabiendo quiénes, cuándo, cómo y dónde originaron las desapariciones.
Desaparecido el entendimiento para ver que el mensaje de la Comisión para los Desaparecidos ante la Asamblea de la ONU es que el gobierno de la Presidenta Sheinbaum no puede resolver el problema y requiere ayuda internacional.
Desaparecida la memoria para unir los cabos sueltos y recordar que hace muy pocos días alguien más ha dicho en una cumbre de 13 países de Latinoamérica que México es el epicentro de la violencia de los carteles y que el Gobierno de la Presidenta Sheinbaum requiere ayuda.
Todos están dispuestos desde el extranjero a “ayudar” interfiriendo directamente en el ámbito de nuestra soberanía nacional. Todos esos “desaparecidos” políticos de México están dispuestos a dar su aquiescencia y aplaudir si eso sucede.




