20 junio, 2026

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La escuela secundaria y el amor de tu vida 

CRÓNICAS DE LA CALLE / RIGOBERTO HERNÁNDEZ GUEVARA 
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Era grandioso caminar por los amplios patios de la Escuela Secundaria Técnica Número 30 Álvaro Obregón, hoy Escuela Secundaria Técnica número 1. Bajo las gigantescas sombras de sus edificios y naves donde se guarecian los talleres de oficios varios, bien equipados, y maestros ilustres, se paseaba la adolescencia.

Un edifico de cuatro pisos se construyó posteriormente y lucía moderno y arrogante a un costado de la gran ceiba que de adulta no logró alcanzar la altura del último piso desde donde nosotros chiquillos veíamos la ciudad en los 4 puntos cardinales.

Bajabas las escaleras y ahí estaba ella, esperándote. Con su risa angelical pero los ojos traviesos. Luego echaba a correr y te quedabas pensando todo el día y hasta el día siguiente en ella. Era el primer amor de muchos, descubrir que te veía entre las hileras formadas en honores.

Había en los edificios más viejos un testimonio de la vieja Europa. De profundo estilo romántico tenían y tienen todavía angostos pasillos que dan a una gran puerta y muchos lugares donde como estudiante era fácil sentarse a platicar. Ahí estaban las máquinas de escribir del taller de taquimecanografia. Enseñaban taquigrafia y el oficio noble de escribir a máquina con lo cual ya podían trabajar como secretarias o secretarios en una oficina de gobierno. 

La escuela Álvaro Obregón una vez que dejó de ser Internado y Escuela del niño industrial se convirtió en escuela secundaria; no por ello dejó de ofrecer talleres de artes y oficios donde se recuerda a grandes maestros y grandes graduados en carpintería, moldeo y fundición, soldadura y forja, electrónica, electricidad, máquinas y herramientas, contabilidad y mecanografía. 

Con cariño, seguro estoy que los alumnos de aquel entonces, entre otros muchos profesores que escapan a la memoria, recordamos a la Doctora Socorro Lavin Paz quien primero daba biología y después fue directora, al profe Villela y Morquecho del taller de Soldadura con quien una vez destazamos una avioneta que se había caído en Soto la Marina y los de Moldeo y fundición hicieron bancas, extractores de jugos. La maestra Ludivina Benavides Peña de Español, el profe Mendivil de Inglés, los profes de Educación Física muy serios, esposos Quintero, y Cecilio Becerra, todos con su respectivo apodo. 

A los varones nos permitían el pelo largo y los pantalones acampanados. Corriamos durante todo el receso si no es que jugábamos fútbol en las canchas pequeñas que daban a la calle 18 o en una de las más grandes para jugar que abarcaba prácticamente todo el espacio de lo que hoy es la Técnica por la calle Olivia Ramirez.

Antes de que todo cambiara y se fueran los más viejos, antes de que el inmueble de excelente arquitectura de volviera ITACE y luego oficinas del DIF de Victoria, por ahí podía escucharse «Espejismo» de Juanelo, que Ismael Alanis imitaba muy bien. O las primeras canciones de Juan Gabriel «La rosa roja» . El profe de contabilidad llegó un día con un enorme toca cintas con dos grandes carretes y nos pusimos a escuchar música cuando no existían siquiera las grabadoras. Ahí un grupito de chavos inquietos escuchamos «Too Much Heaven con los Bee Gees, y a»Los Terrícolas», con «una carta de Lenny» dando los primeros pasos por esta tierra. 

La Industrial como comúnmente se le llamaba destacó en todos los deportes y por su banda de Música. La competencia que llegaba a los extremos en los escenarios de fútbol, Basquetbol, banda de guerra, y voleibol, era con la secundaria federal número uno. No existía la dos, pero sí la escuela de internados secundaria Técnica agropecuaria de Tamatán. 

Cuando se trataba de disciplina no existía oficina de derechos humanos que pudiera salvarnos, bajo el consentimiento de nuestros padres venían los duros castigos, las expulsiones temporales y las definitivas, sin importar chipote con sangre. Las escuelas Secundarias de entonces Era una especie de taller insospechado de hombres y de fuertes mujeres. 

HASTA PRONTO 

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