En México la paternidad tiene, para la ley, una medida exacta, cinco días, los que la Ley Federal del Trabajo, en su artículo 132, concede al padre con goce de sueldo por el nacimiento de un hijo, un permiso que paga la empresa y que ni siquiera alcanza el rango de licencia, frente a las doce semanas que recibe la madre con cargo a la seguridad social, seis antes y seis después del parto, de modo que al sexto día, cuando ella apenas se recupera, el padre ya regresó al trabajo, como si una semana bastara para hacerse padre.
Detrás de esos cinco días hay una idea vieja, la de que la madre cría y el padre mantiene, que sigue en la ley aunque las familias hayan cambiado, y el Instituto Mexicano para la Competitividad lo pone en cifras, 131 de 193 países ya tienen permiso de paternidad, y en México veintitrés estados lo ampliaron, pero solo para los trabajadores de gobierno, de modo que el empleado de la maquila, del comercio o del campo se queda con los cinco días de siempre, sin importar cuánto gane ni cuánto trabaje.
Tamaulipas ilustra bien ese doble piso, porque en febrero de este año el Congreso del estado amplió de diez a veinte días hábiles la licencia de paternidad de sus servidores públicos, una reforma que impulsó la diputada Silvia Chávez Garay en nombre de la corresponsabilidad familiar, que deja a la entidad por encima de la media nacional aunque todavía lejos de Nuevo León o Quintana Roo, donde llega a sesenta días, de modo que el trabajador del gobierno estatal cuenta ya con cuatro veces el permiso que la ley federal le reconoce al obrero de la fábrica de junto.
En esa misma ruta, la diputada Mayra Benavides Villafranca, de Movimiento Ciudadano, propuso opciones de trabajo a distancia para empleados públicos que cuidan a hijos con discapacidad, una señal de que en el estado el debate empieza a mirar el cuidado y no solo el sueldo.
La duración no es el único punto, también pesa quién paga, porque las semanas de la madre salen de la seguridad social, que cuesta lo mismo por un hombre que por una mujer, mientras los cinco días del padre corren por cuenta del patrón, y para muchas empresas eso vuelve el permiso un gasto que prefieren no alentar.
Lo que el permiso no cubre lo termina cubriendo la casa, y el INEGI le puso precio, en 2024 el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado valió ocho billones de pesos, casi una cuarta parte del Producto Interno Bruto, y las mujeres aportaron 72.6% de ese valor contra 27.4% de los hombres, lo que en promedio significó 82 mil pesos al año por cada mujer y alrededor de 34 mil por cada hombre, es decir, casi el triple de carga sobre ellas.
El desglose dice todavía más, porque los hombres aparecen sobre todo en las compras y la administración del hogar, con 41.4%, y en la ayuda a otros hogares, con 35.4%, pero casi desaparecen en la cocina y la limpieza diaria, las tareas que no esperan, así que el padre suele encargarse de lo que se resuelve de vez en cuando y la madre de lo que hay que hacer todos los días.
Y no es solo cuestión de justicia puertas adentro, también es economía, porque cuando el cuidado recae casi entero en las mujeres, muchas terminan dejando el trabajo, en el propio Congreso se ha recordado que nueve de cada diez personas que abandonan el empleo antes del retiro son mujeres, y detrás de buena parte de esos casos está la misma carga que la ley no ayuda a repartir.
En Tamaulipas ese reparto se nota en el empleo, porque entre la población en edad de trabajar 75 de cada 100 hombres son económicamente activos y solo 48 de cada 100 mujeres, según el Censo 2020, una distancia de casi veintisiete puntos, y buena parte de esa diferencia ocurre porque alguien tiene que quedarse en casa, y casi siempre es ella.
Donde sí hay avances claros es en el cobro de la pensión, que protege a los hijos, pues Tamaulipas reformó en 2022 su Código Civil para crear el Registro de Deudores Alimentarios Morosos, y en 2023 la federación llevó ese principio a la Constitución con la reforma 3 de 3 contra la violencia, que cierra el paso a cargos públicos a quien no cumple, de manera que ya existe una herramienta firme para garantizar el dinero del padre, y apenas comienza a construirse una parecida para garantizar su tiempo.
Ese lado del dinero hasta creció en 2023 con un Registro Nacional de Obligaciones Alimentarias, público, que permite saber si una persona debe pensión y expedir constancias de quien no la debe, otra muestra de que el aporte económico del padre está cada vez mejor cubierto por la ley, mientras que su tiempo casi no.
La ley, en los hechos, aprendió a exigirle al padre que provea mucho antes que a dejarlo estar, por eso reconoce con claridad la paternidad que se mide en pesos y deja en la buena voluntad de cada quien la otra, la del cuidado, la crianza y la cercanía, esa que no aparece en ninguna prestación.
A esa idea la sostiene también la costumbre, la de aplaudir al padre que se mata trabajando para que en su casa no falte nada, y mirar con sospecha al que prefiere bañar a su hijo en vez de quedarse dos horas más en la oficina, como si proveer fuera lo único que de verdad cuenta y cuidar le restara hombría, hasta que muchos hombres acaban creyendo que estar cerca es un lujo y no un deber.
Y eso se ve en cosas pequeñas, en el trabajador que pide el quinto día y le contestan que le eche ganas, en el hijo que termina entendiendo a su papá como un depósito que llega cada mes, y en el hombre que quiere quedarse y descubre que ninguna ley lo respalda, a todos ellos el tercer domingo de junio les regala una corbata por lo que el resto del año no se les facilita.
Por eso, más que celebrar al proveedor, habría que hablar de ampliar el permiso de paternidad, de repartir mejor quién lo paga y de tratar el cuidado como cosa de dos, porque lo que más le hace falta al padre que quiere estar no es una fecha en el calendario, es tiempo, y ese, para la mayoría, todavía no lo garantiza la ley, y es lo que un hijo recuerda de su padre mucho después de olvidar el dinero.




