Por Mtro. Arqlgo. Francisco Mendoza Pérez
Expreso-La Razón
Los AMACOY un grupo indígena de ese gran país y que como dijimos un día en México: «Venezuela sigue en pie»
AMACOY empieza con el viento en Sudamérica y al igual que Mesoamérica género dioses, vivos y muertos como Ehecatl el dios Mesoamericano del viento y desde Sayulita con los huicholes se trajo mi prima, de cariño, desde Venezuela a este grupo indígena y llegó al Pacifico Mexicano para venirse a la Costa Norte del Golfo a la gran Chichimeca y de la cultura Huasteca Mila Mendoza nos trae Vivos, Muertos y Fantasmas y asi renombra nuestra tierra.
Este libro es una saga es el Segundo y Mila recorre al igual que los huicholes buscando el venado azul a sabiendas que en México, la muerte no es el final, hay muertos que se van y otros que regresan para terminar lo que quedó inconcluso.
Así es el Noreste Mexicano en donde concluye culturalmente la región de las altas culturas mexicanas que sin querer han opacado a las culturas de semidedentarios o de regiones transicionales del norte que simplemente por vivir de forma diferente fueron tratados como bajas culturas pero todos sabemos del alto valor de las culturas norteñas sean huicholes, nahuas, huastecos incluso janambres de estos aquí los tuvimos presentes en la región de CD. Mante y sur centro de Tamaulipas.
En esta región el antiguo nombre huasteco del río Guayalejo quiere decir: «Lugar donde se siembra maíz o bien en donde se encuentran los cultivos de maíz. Región vecina de la región del peyote, el hikuri en donde habita el venado azul.
Sin embargo en la región huasteca tamaulipeca regada por la gran cuenca del río Guayalejo, el Mante, El Sabinas, el Comandante y abastecida siempre por lo que conocemos desde siempre como El Nacimiento y conocido desde tiempos prehispánicos como El Mantle muy nahua como lo hemos establecido los arqueólogos y antropólogos por la presencia cultural en los materiales arqueológicos como la cerámica de Antiguo Morelos y del mismo Mante que nos hacen contar con presencia mexica en la huasteca Tamaulipeca. Y bueno aparentemente Mantle quiere decir «Donde el agua choca con la piedra.
Así encontramos en el Ejido Celaya al dios Huasteco de la muerte y acá la vida y la muerte están conectados a muerte y naturaleza en la siembra, en la relación y en la vida misma hay vida, muerte y transformación, y en la misma fertilidad esto lo traemos desde CD. Valles en San Luis Potosí, estoy seguro que de conocer desde Valles hasta el Mante, Real de 14, Tula, Ocampo además de El Cielo nuestra gran Área Natural Protegida podrán ver nuestros públicos españoles y europeos está hermosa región que cubre en pocos kilómetros 5 climas diferentes desde el bosque de pino en las alturas hasta el desierto y planicie y llegar hasta Tampico en la Costa del Golfo esto incluye toda una gran variedad de flora y fauna en donde influyeron importantes grupos culturales.
La misma Sierra Madre al oriente es fértil y muy verde y al poniente seca, desértica y espinosa sin embargo aquí también hubo vida v fertilidad en la cultura y en la vida misma acá también desde el preclásico se observaron estatuillas de figurillas femeninas y claro más al norte arte rupestre con elementos de esa fiesta del mitote; donde se consume peyote, y que si no eras invitado se veía de mal gusto y que se decía eran fiestas bacanales pero las mujeres untaban con almagre las cabezas de sus maridos y si una mujer escoge a un hombre decorado con rojo su cabeza ya sabía que era casado y así muchas costumbres por el estilo de estos grupos culturales que arribaron a esta tierra desde etapas muy tempranas desde los cazadores de mamuts de Xicoténcatl hasta las culturas huastecas.
Desde la Prehistoria en Xicoténcatl habitaron grandes mamuts por eso la llame: Tierra de Gigantes porque en esta parte de Tamaulipas está esa tierra que no conocen, la tierra donde nací inmensa y fabulosa que estoy seguro que si la conoce Mila Mendoza se enamorara de esta tierra que también es de muertos, de vida y de esa fertilidad huasteca que enamora y hoy está tierra nos da frutos mangos, ciruelas, guayabas, mantés, duraznos, paguas y aguacates y sin falta conocer sus mercados y gastronomía, seguramente querrán saber más de esta tierra incluso de la rica gastronomía que ofrece la huasteca además de las artesanías y su cultura plasmada en los bordados de sus prendas ya un inglés se enamoró de Xilitla Sir Edward James y remontar una Tercera Saga de AMACOY pasando por El Cielo, Mante y Tierra de Gigantes y que esta aventura remonte hasta el sur de Texas que estoy seguro les encantará. A los de aquí y a los de allá. Y aquí les presento el prólogo del Libro 2 AMACOY vivos, muertos y fantasmas el cual expongo.
Prólogo
Cuando conocí a Mila Mendoza a través de las redes sociales, jamás imagine que nuestra conversación sobre rituales indígenas y ceremonias ancestrales terminaría llevándome hasta aquí: prologando una novela que no se puede leer despacio ni rápido, sino con el alma abierta.
Desde las primeras páginas entendí que AMACOY: Vivos, muertos y fantasmas no es únicamente ficción. Es un territorio, un lugar donde la memoria ancestral, la espiritualidad indígena y las realidades más duras del presente se entrelazan sin pedirse permiso, porque asi es como ocurren las cosas verdaderas.
Mila, venezolana y profundamente marcada por la Amazonia, construye en esta obra una presencia llamada AMACOY. No representa un pueblo concreto ni una figura mitológica específica, es algo más difícil de nombrar: Es una energía que surge de la selva misma, que llama a los elegidos, que protege y transforma desde lo invisible.
En tradiciones orales de pueblos como los piaroas se habla de presencias espirituales que atraviesan la selva a quienes son capaces de escucharlos. AMACOY nació de esos relatos, de esas experiencias de ese llamado que la autora afirma haber sentido en carne propia en territorios amazónicos.
El viaje que propone esta novela no se queda en la selva. Como en los antiguos caminos indígenas, la historia se desplaza hasta el norte del continente, hasta llegar a Sayulita, ese Pueblo Mágico del Pacifico Mexicano donde el día de muertos convierte las calles de un portal entre mundos. Porque en México la muerte no es el final. Es continuidad. Es presencia. Es la familia que regresa cada año a sentarse a la mesa.
Pero el camino continúa. La narrativa se adentra en la Huasteca y la Gran Chichimeca, tierras donde durante siglos confluyeron los huastecos, nahuas, chichimecas, janambres y totonacos. Tierras de mitotes. Esas ceremonias profundas donde se canta, se danza y se busca la comunión con los ancestros mediante el uso sagrado del peyote. Allí aparece también Ajactic, el dios huasteco de la muerte, que en esta novela no destruye sino que transforma, porque la muerte aquí no es un muro sino una puerta.
Y sin embargo, esta historia, no vive solo en el plano espiritual, la protagonista también atraviesa territorios donde operan redes de narcotráfico, poderes ocultos y silencios comprados. En medio de ese infierno real. El amor, la huida y la búsqueda de libertad avanzan junto a la revelación interior, porque el peligro y el alma nunca viajan separados.
Yo nací cerca del río Guayalejo, en el noreste mexicano, en alguna region que algunos llaman Tierra de Gigantes porque desde tiempos prehistóricos la habitaron cazadores de mamuts. Llevo años investigando las tradiciones indígenas de estas tierras, las rutas espirituales que durante siglos siguieron al venado azul hacia la tierra del peyote, cruzando montañas y desiertos desde el Pacifico hasta el Altiplano. Cuando leí AMACOY reconocí esa misma lógica: una travesía donde lo físico y lo espiritual son la misma cosa.
Hay un pasaje de la novela que lo dice mejor que cualquier prólogo:
“Después de tantos años, cuando pensé que la tierra me había devuelto por completo al mundo de los vivos… ellos volvieron. No como visiones. No como serpientes enredadas en mis sueños. Volvieron como una vibración, una llamada que se siente en el cuerpo y se instala detrás de los parpados, donde habita la memoria que nunca se olvida… AMACOY, AMACOY, AMACOY.”
Fue ahí donde entendí, que este libro que habla de algo que todos cargamos memorias, heridas, amores y ausencias que se niegan obstinadamente a dejarnos.
AMACOY: Vivos, muertos y fantasmas es una novela que no intenta explicarlo todo. Y ahí está su mayor virtud. Hay historias que se entienden con la mente. Esta llega primero al alma, mucho antes que la mente pueda comprenderla.
Mtro. Arqueólogo Francisco Mendoza Pérez.
8 de marzo de 2026





