El estrecho de Ormuz se ha convertido en la vía de navegación más importante del planeta. Por el transitaba, hasta antes del conflicto, cerca del 20 por ciento de la producción global de petróleo, alrededor de la tercera parte de los compuestos indispensables para hacer fertilizantes, cerca del 20 por ciento del gas helio, indispensable como refrigerante en la fabricación de chips y, además, otras mercancías importantes.
Estos productos, generados en los países que lindan el golfo pérsico, Arabia Saudita, Bahréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Omán tienen, con la excepción de Arabia Saudita, una única vía de salida. Se trata de una franja marítima de 39 kilómetros de ancho en su parte más angosta pero que presenta tan solo un par de canales navegables de cerca de tres kilómetros de ancho cada uno. Se ubican, uno en las aguas territoriales de Irán y el otro en las de Omán.
Cuando Estados Unidos e Israel atacaron sorpresivamente a Irán esperaban que su gobierno, agobiado por décadas de sanciones y deterioro económico, se desmoronaría por el descontento popular en muy pocos días. No fue así. Irán no solo resistió sino que hizo algo inesperado; bloqueó de manera efectiva el paso por el estrecho de Ormuz limitando y encareciendo a nivel global la oferta de insumos indispensables a la producción industrial, la movilidad y, de hecho, la vida en el planeta.
A partir del ataque existe un conflicto que tiene como uno de sus principales ejes contenciosos el control del estrecho de Ormuz.
Previo al ataque reciente hubo otro en 2025 en el que Estados Unidos e Israel bombardearon instalaciones nucleares de Irán y, a lo largo del año se impuso un bloqueo financiero que disminuyó fuertemente el acceso de Irán a divisas y a realizar importaciones. Esto incidió muy negativamente en el bienestar de la población cuyo descontento se expresó en amplias manifestaciones, incluso motines violentos alentados desde el exterior que fueron duramente reprimidos.
Tras el ataque estadounidense e israelí de fin de febrero la guerra contra Irán ha pasado por varias etapas. Primero la decapitación de su elite política y religiosa en prácticamente el primer día del ataque. A continuación, 39 días de intensos bombardeos aéreos sobre instalaciones militares y civiles del país entero. Luego un cese al fuego acompañado de un cerco naval norteamericano que se sumó al bloqueo iraní y disminuyó aún más la salida de mercancías del golfo pérsico.
Cada una de estas etapas del conflicto ha sido proclamada una victoria por el presidente norteamericano Donald Trump. En repetidas ocasiones ha dicho que acabó con la primera y segunda líneas de dirigentes iraníes y no mata a la tercera ola de dirigentes porque no tendría con quienes negociar; que fulminó la flota naval y aérea de Irán y disminuyó casi al punto de la extinción su capacidad para lanzar drones y misiles; que el bloqueo impidió a Irán exportar su petróleo. Ninguna de estas medidas consiguió doblegarlos.
Finalmente un dialogo cargado de interrupciones llevó a que Trump firmara el 17 de junio un Acuerdo de Entendimiento -ADE- con varios puntos de aplicación inmediata y otros para negociar a detalle en un periodo de cese al fuego de dos meses. Trump justificó su aceptación del acuerdo porque en unas cuatro semanas, dijo, se agotarían las reservas estratégicas norteamericanas de petróleo. Se refería en particular al tipo de petróleo pesado del cual se extrae el diésel y el combustible para aviones.
A esas alturas la escasez de abasto ya se traducía en mayore precios de la gasolina para los consumidores norteamericanos y, en consecuencia una caída en la popularidad de su presidente. De continuar la escasez la perspectiva era, y sigue siendo, una posible recesión o incluso depresión económica planetaria.
El caso es que Trump firmó el ADE con Irán que fue ampliamente interpretado como expresión de la derrota estratégica de los Estados Unidos dado que prácticamente aceptaba todas las demandas fundamentales de irán. El vicepresidente estadounidense Vance justificó el ADE como una manera de reabastecer las reservas de petróleo.
Sin embargo a pesar del ADE Estados Unidos no ha intentado cumplir con varios de sus puntos. El punto 1, de gran importancia para Irán era garantizar la soberanía e integridad de Líbano. Otro no cumplido a la fecha es el regreso de los fondos financieros de propiedad iraní que se encuentran congelados.
Por otra parte se suspendieron las sanciones que le impedían a Irán vender su petróleo. El motivo lo expresó el vicepresidente norteamericano Vance al justificar la firma del ADE por el propósito de reabastecer el mercado petrolero y bajar sus precios.
Se dijo en el acuerdo que no habría amenazas y se instrumentaría una negociación diplomática. Pero Trump lanza amenazas continuamente y lo hace con un lenguaje lepero, extremo.
Lo más grave ocurrió esta semana cuando Estados Unidos promovió que varios buques intentaran cruzar el estrecho de Ormuz por el canal cercano a Omán e Irán los atacó. A su vez Estados Unidos bombardeo instalaciones militares costeras de Irán e incluso puentes y vías de ferrocarril civiles y reactivó las sanciones que le impiden al sistema financiero hacer compras del petróleo iraní.
Entre ataques y represalias mutuas a lo largo de esta semana se dio la mayor escalada del conflicto. Trump dio por terminado el cese al fuego y abrió la posibilidad del regreso a una guerra abierta, total, que inmediatamente generó alza del precio del petróleo e incertidumbre financiera. Sin embargo hacia el fin de semana Trump suspendió los ataques e Irán mantuvo su posición de ejercer represalias solo si era atacado.
Trump dijo que Irán rogaba por un regreso a las negociaciones que Irán negó indicando que antes tendría que cumplirse con los puntos del ADE. La afirmación de Trump debe entenderse en sentido opuesto. Tras fallar en su nuevo intento de controlar el estrecho plantea regresar a negociar.
Sin embargo la participación de millones de personas pidiendo venganza en la procesión funeraria del anterior ayatola ha provocado un cambio político dentro del país. Consolidó la unidad interna al tiempo que fue un revés para la facción más moderada. Esto se traducirá en una posición más inflexible por parte del gobierno de Irán. En su perspectiva el dialogo es para que se cumpla con el acuerdo ya firmado.
Trump ha agotado sus cartas. La decapitación, el bombardeo, el cerco naval y esta semana de ataques y represalias no consiguieron sus objetivos. Debe evitar una crisis económica global y enfrenta una creciente falta de popularidad interna.
Tanto Estados Unidos como Irán tienen un interés primordial en desbloquear el estrecho de Ormuz. Es posible que Trump haga lo suficiente para que fluya el petróleo, incluyendo presionar a Israel para que abandone la invasión a Líbano y a regañadientes y lentamente cumplir con partes del acuerdo. Eso no garantiza un verdadero cese al fuego paralelo al dialogo.
Sin embargo cada una de las partes sabe que el ADE no es duradero, que la negociación de los detalles será difícil y que cada parte seguirá preparándose para atacar o resistir en la siguiente ronda del conflicto. Por lo pronto todo el planeta se ve afectado seriamente en su economía y no se ve una luz al final del túnel.
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