1.-Me levantaron mi banca. Hace algunos días, como escriben los clásicos; los amantes de lo ajeno me llevaron mi banca. Una preciosa banca de madera que yo pinté de rojo y que adornaba mis tardes en la esquina del color y la forma en el 16 Matamoros. Una banca que permitía admirar a las mujeres que pasaban con sus bicicletas por allí. También les echaba el ojo a los políticos que de vez en cuando me saludaban desde sus poderosas Suburban de vidrios polarizados y blindados. Desde mi banca roja, veía uno que otro perro y algunos gatos escapados de las casonas abandonados entre el circular de birulas y comerciantes deambulantes. Mi banca roja, preciosa de madera de parota fue levantada con toda tranquilidad por algún «caco» o «cacas», desde y dentro de mi propio centro de operaciones estéticas y de sueños. El muy pillo o pilla la sustrajo a pies de gato o gata que no me dejó rastro alguno y sin darme cuenta cerrando los ojos la dejé pasar.
Ya me habían dado un buen llegue hace algunos años al robarse mi herramienta con valor de diez mil pesos, y también mi Monalisa que tenía colocada en el muro frontal de mi hospicio de arte. Pero, aquí, también me duele, porque a esa banca yo la lloraba con lágrimas de mis ojos, mis amigos me decían ya no saques esa banca, esa flor ya no retoña tiene muerto el corazón, o sea de parota.
2.-Hemos vuelto a la manita de puerco con este pinchurriento frío que nos aprieta las amígdalas y nos suspira la piel. Un frío loco, loco, loco que nos trae de nalgas hinchadas y el pelo almidonado. La verdad es que ya queremos calorcito humano. Calor de pesebre, calor contra este frío que nos quema huesos y huesas, porque los huesos también tiene sus pares como todas las cosas del mundo.
3.-Ya jaló mi compu y pude enviarles este correo amigos y amigas del arte y la vida. Un abrazo solidario a mi amigo Pancho Cuéllar por el sensible fallecimiento de su Señor Padre. Saludos mi amigo, un abrazo fuerte.




