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Columnas: Crónica Urbana

La Casa Filizola, respiración de arquitectura

/ 25 de abril, 2015 / Alejandro Rosales

Altiva, desde la piedra y el sillar donde otea el tiempo en las arcacadas y barandales, la  Casa Filizola es uno de los baluartes en pie de la calle Hidalgo, donde pocos edificios del primer cuadro han logrado escapar del lucro y despiadada destrucción por los Atilas del comercio que miran la punta de su nariz para mercar en cada peso la arquitectura de mi ciudad.

El Centro Histórico, de principios de finales del  XIX y en los albores del Siglo XX,  ha sido consumido por los Atilanos bajo las bondades de los estacionamientos y en nombre del lucro.

La ignorancia, la ingratitud, hacia los sitios memorables de Ciudad Victoria han sido las alternativas de un comercio aparentemente desarrollado. Y es la arquitectura de las ciudades la que primero paga la falsa visión de una modernidad efímera y sin sustento social.

En mis pocos años de existencia crítica, he visto caer bajo la tala inmoderada de los casatenientes solemnes casonas, alegorias de frisos, pérdida de herrería y hasta quioscos y puertas inolvidables. Sin existir un verdadero catálogo sobre el patrimonio edificado que cuando menos persuada a los dueños de edificios en zonas históricas, no ha sido posible consolidar ante la Ley. Las técnicas de destrucción son simples; esperar la noche y entre las tinieblas segar la vida de las casonas ciudadanas. O en otros la sutil técnica de dejar que los elementos naturales, lluvia, viento, polvo y la flora y fauna, permitir que hagan su labor silenciosamente hasta consumir y destruir las construcciones antiguas. Es suficiente con abandonarlas, y de la noche a la mañana aparece un espacio inerte, preparado para meter 10 o 12 automóviles a 10 pesos la hora.

La restauración de la Casa Filizola es un hecho conmovedor en la conciencia ciudadana y una de las intervenciones gubernamentales más acertadas en la conservación de los sitios preponderantes en la vida de una ciudad.

Hay un valor agregado a la nueva visión urbana, el respeto al sentimiento social que nos pertenece a todos. Se llama Querencia. Amor por la ciudad.

José Eduardo Briones Rivera, arquitecto a cargo de la restauración de la Casa Filizola nos ha dado el jueves una clase en sentida conferencia sobre los procesos de restauración de la Casa Filizola. No sólo en aspectos técnicos, superables y de contenido práctico. También, y lo que para mí es muy importante, «El Sentimiento y Respiración de la Arquitectura». La Casa Filizola respira, y desde ahora hay un sentimiento de amor por las cosas y las casas de la ciudad. Necesario es armarnos contra los Atilas del lucro y la destrucción. Y la mejor manera  es ver y entender la arquitectura de nuestra ciudad. Porque se puede amar a las piedras, al sillar y al ladrillo, pero más, se puede amar a la ciudad viva.