8 enero, 2026

8 enero, 2026

La tercera fase de la estrategia

Catalejos

El discurso de Miguel Ángel Osorio Chong no ha cambiado mucho en sus últimas visitas a Tamaulipas. Destaca avances sustentados en cifras que pueden resultar alentadoras, pero al mismo tiempo reconoce que todavía hay tarea pendiente.

Resulta natural que la opinión pública ponga el foco justamente en lo que falta por hacer; qué injusto sería negarle a una sociedad tan lastimada su derecho a exigir mejores condiciones de vida.

Por eso, los discursos del Secretario de Gobernación no causan el efecto que les gustaría a él y a todas las autoridades involucradas en la lucha contra la delincuencia.

De los muchos cuestionamientos que surgen desde la ciudadanía, acaso el más importante sea qué va a ocurrir cuando se cumplan con todas las 15 detenciones que se han marcado como prioridad para recuperar la paz de Tamaulipas.

Hasta el momento han sido 14. Se trata de un logro que no puede ni debe regatearse a las instituciones que lo han conseguido.

Pero queda la impresión de que conforme se avance en las capturas, la lista tenderá a crecer.

Por eso la importancia de establecer una estrategia que vaya más allá de las sonoras capturas y los cuantiosos decomisos.

Es tiempo de que el gobierno federal establezca una ruta que no olvide la persecución, captura y castigo de los grandes delincuentes, pero que tenga como meta principal devolver la calidad de vida a tantas familias tamaulipecas que la han visto trastocada de manera paulatina desde hace años.

Y ese planteamiento, a largo plazo, forzosamente debe ir más allá de la apuesta de la fuerza.

Las bandas delincuenciales han probado una y otra vez su capacidad de sobrevivir a la mutilación de sus organigramas, el reclutamiento de carne de cañón no se detiene y —quizá lo más grave— los delitos del fuero común parecen imparables en muchas ciudades de la entidad.

Por eso crece la percepción de que a casi un año de que se echó a andar la segunda fase de la estrategia de seguridad, es necesario pasar a una tercera etapa en la que se ponga énfasis en la recomposición del tejido social como objetivo.

Es momento de sentar las bases para un futuro que permita a los tamaulipecos vivir con tranquilidad, más allá de las dinámicas inevitables de un mercado gigantesco como el de las drogas, sin que eso signifique la rendición del Estado ante la delincuencia.

Todo lo contrario, deben diseñarse mecanismos para plantar cara a las bandas delictivas, pero con la intención de que sus actividades dejen de afectar a la sociedad.

Y al mismo tiempo (suena a lugar común, sin embargo, sigue siendo el componente faltante de la estrategia) procurar avances importantes en el acceso de los jóvenes a la educación de calidad, a espacios deportivos, culturales y recreativos dignos. Dotarlos de oportunidades, pues.

Comentarios: mdominguezf@gmail.com

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