Que los candidatos que van ganando no quieran ir a un debate, resulta obvio y hasta predecible, igual de natural que las ganas de quienes sienten que tienen oportunidad de subir sus bonos con una buena actuación.
En Matamoros, donde muchos de los propietarios de las 11 fórmulas que compiten por la diputación federal han levantado la mano para participar en un hipotético encuentro con sus adversarios, sólo el Partido Verde Ecologista de México, ha planteado de manera oficial su propuesta ante el Instituto Nacional Electoral.
Los demás se subieron al tema que acaparó la agenda pública en el primer mes de campaña, pero tampoco han hecho gran cosa porque el famoso debate se materialice.
Es decir, igual que los exámenes «antidoping» la discusión ha servido más para el «show» que para cualquier otra cosa.
Por eso vale la pena cuestionar si los candidatos de verdad tienen ganas de debatir y capacidad para hacerlo.
De entrada, con el respeto que, ¿se merece?, la chiquillada, hay que preguntar quién podría soportar un debate en el que participen ¡11 candidatos!.
Que alguien piense en la audiencia, por favor.
Desde luego, la ciudadanía sí tiene una obligación: exigir a sus candidatos las razones por las que deberían votar por él, pero con argumentos sólidos sobre su futuro, y no con puros buenos deseos como los que nos tienen acostumbrados.
En ese sentido parece positiva la iniciativa de las cámaras empresariales y asociaciones de profesionistas de Matamoros que buscan crear una suerte de observatorio para analizar las propuestas de todos los candidatos.
La iniciativa privada empieza a jugar el papel que le toca en una sociedad desarrollada.
Cómo van…
Han cambiado poco las cosas en el panorama electoral estatal.
En la frontera las percepciones son las mismas, salvo porque en Reynosa la contienda parece más cerrada de lo que se pensaba en un principio.
Y en el sur cuentan que María Elena Figueroa Smith, la candidata panista por el distrito VIII ha comenzado a desinflarse para beneplácito de Mercedes del Carmen «Paloma» Guillén Vicente.
Para la próxima semana cuando comience el segundo mes de campaña, se pronostica una lluvia de encuestas para satisfacer todas las expectativas.
No se sorprenda con los números disparatados que ofrezcan algunas. Será una prueba más de que en México esos trabajos son un instrumento más de estrategia electoral.
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