16 enero, 2026

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Cuadrante político

Un honor, aportar al periodismo crítico del país

Cuadrante Político

Hace tiempo, en una charla entre homólogos de la palabra escrita, hablábamos sobre los famosos premios de periodismo. Estos constituyen sin duda, un estímulo y reconocimiento para quien los recibe. Sin embargo, llegado el momento de aportar un razonamiento al respecto, externé que para mí, el premio más importante que un periodista puede recibir, es el de los lectores. Y sigo sosteniendo dicha postura. En realidad es la mirada colectiva de un pueblo o de una nación, la que mejor puede juzgar el trabajo de sus líderes de opinión. El comentarista escribe. La sociedad califica.

En este sentido, quiero agradecer al escritor y periodista mexicano, Francisco Cruz Jiménez, autor del reciente libro, “Los Juniors del Poder”, el haber incluido unos segmentos de mi columna en su mencionada obra, donde subraya la herencia del poder, desde un punto de vista filial, entendida como una cadena de privilegios familiares, trasmitidos a lo largo del tiempo y de la historia.

Definido como, “un sólido periodista, formado en algunos de los medios de comunicación más importantes de México”, corresponsal en Colombia, Texas y Miami de Notimex, colaborador del periódico Reforma, Director de contenidos de El Universal en su área de internet, y coordinador general de información en Diario Monitor, premiado con la presea José María Cos, el autor de “Los Juniors del Poder”, concedió en octubre del 2014 una entrevista al noticiero de CNN con Carmen Aristegui.

El autor del libro define su trabajo como una “radiografía del sistema político mexicano”. El parteaguas de esta especie de placa que describe el esqueleto del statu quo en el país, es el año de 1946, justo cuando llega a la presidencia Miguel Alemán Valdés, bautizado como “El Cachorro” de la Revolución. A partir de aquí, afirma Cruz Jiménez, se fue creando lo que el autor califica como “lo más parecido a una monarquía”. Una urdimbre de poder compleja y dueña de mil blindajes e impunidad, al grado de que, “ya desde entonces, los funcionarios empezaban a involucrarse en el narcotráfico y el crimen organizado, y no pasaba nada”.

¿Qué somos para la clase política mexicana?, se pregunta Francisco Cruz, y él mismo responde: “Ellos nos ven como una mercancía, como subordinados”. En ese país de la amnesia política, el autor hace desfilar acontecimientos actuales, tales como los normalistas desaparecidos, los ejecutados de Tlatlaya, la matanza de indocumentados en San Fernando, los asesinatos en La Marqueza y los alcaldes ultimados. Hasta hoy, el poder camina hacia un lado y el pueblo en sentido contrario.

En el capítulo VI, que el autor le dedica al llamado “Niño Verde”, Jorge Emilio González Martínez, salen a relucir los tiempos en que el abuelo Martínez Manautou gobernó Tamaulipas. Justó aquí, en la página 175, el autor de “Los Juniors del Poder” escribe: “En su columna “Cuadrante Político” del 27 de noviembre del 2013, Fernando Acuña Piñeiro, plasmó aquella administración: “Durante su mandato, Tamaulipas cayó en uno de los peores incendios de violencia política, especialmente en los municipios de la frontera, donde se vivía el auge de los cacicazgos cetemistas. El manatuato pasó a la historia, también como una de las épocas más virulentas del porrismo en la Universidad Autónoma de Tamaulipas. En suma, Martínez Manautotu precipitó a su entidad natal, al desgobierno y la anarquía. Se dice que los tamaulipecos pagamos caro el hecho de que don Emilio perdiese la sucesión presidencial, a manos de Echeverría”.

Lo del ex gobernador, abuelo del “Niño Verde”, está más que documentado. Mis inicios como reportero coincidieron con ese sexenio. Y en su momento dejé constancia de cómo el yerno Blazquez Coppel, (también ya fallecido, al igual que don Emilio) llegó a tener su cuadra de caballos finos, equipadas las caballerizas con luz eléctrica y aire acondicionado, mientras que las colonias populares colindantes, estaban carentes de todos los servicios.

Las características del poder y sus privilegios no han cambiado mucho de aquellos tiempos a la fecha. Se siguen dando excesos. Sólo que hoy, los tamaulipecos padecemos lo que parece ser el colofón de todos los acontecimientos pasados. Lástima que entre los opositores, PRD y PAN, no haya quién esté autorizado para emitir juicios de solvencia ética, pues todos ellos le entraron al pastel de la corrupción.

La pregunta para los políticos del prianato actual en la entidad es: ¿Quién cierra la puerta?.

Finalmente, agradezco la inclusión de mi comentario en una obra destacada de la crítica e investigación política en el país. Dicen que no somos profetas en nuestra tierra. Pero bueno, como le decía en un inicio: el mejor premio son los lectores, y si nuestros planteamientos llegaron hasta niveles del altiplano, es un honor contribuir.

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