16 enero, 2026

16 enero, 2026

Laberintos del poder

Entre mieles y hadas

Laberintos del poder

¿Cómo definir una luna de miel?

Me atrevo a intentarlo: Es esa etapa en la cual en sus protagonistas no existen errores, los defectos son minucias y el pasado no cuenta. Todo es felicidad y el mundo es color de rosa.

En esos días dorados, se piensa que el cálido y plácido presente será el futuro para la eternidad y que esa historia de armonía se coronará con la clásica frase “y vivieron felices para siempre…”

¿A qué viene todo esto?

Se lo diré. Lo que en estos momentos vive el PRI en Tamaulipas se puede definir precisamente como una luna de miel. Y con toda justicia.

Pero cuidado. No se puede ni se debe confundir una luna de miel con un cuento de hadas. La primera, como la que disfruta el PRI, es terrenal y por lo tanto puede caducar. El segundo, el de la felicidad eterna, es un castillo en el aire y existe sólo en sueños de niños y quinceañeras.

De pie sobre esa realidad, la pregunta brota natural: ¿Qué debe hacer el partido triunfador para alargar esa luna de miel?

La respuesta, en la muy modesta opinión de su servidor, puede tener muchas opciones, pero una de ellas corresponde contestarla precisamente a quienes hoy se ciñen los laureles de la victoria. Sí, a los flamantes nuevos diputados federales electos. Y le diré por qué.

Históricamente, el principal reclamo a los legisladores ha sido el olvido de sus representados. Abundan las historias de abandono de los diputados a sus respectivos distritos, que tanto contribuyen al descrédito de la clase política no sólo de Tamaulipas, sino de todo el país.

Ojalá que esta generación de priístas tamaulipecos trabajen de manera distinta a muchos de sus antecesores o a lo que han hecho ellos mismos en oportunidades similares anteriores. No sólo por legitimar sus triunfos, sino para no mandar al cesto de la basura el enorme esfuerzo desplegado para llevarlos a ser inquilinos del Congreso de la Unión.

En otras palabras, no basta haber sido un buen candidato. Es indispensable ser también un buen diputado, tarea que parece ser tan difícil de cumplir para muchos agraciados en esa tómbola política de la suerte. “Ejemplos” sobran.

En la memoria personal y colectiva de ese grupo, debe quedar claro que su arribo a ese recinto legislativo no se deriva “por su cara bonita”, como algún día dijo el entonces líder tricolor en la Cámara Baja, Luis Marcelino Farías, a sus compañeros de bancada, sino por el trabajo desarrollado por el gobierno federal, el del Estado y los de los municipios. Queda claro que al votar por ellos, los ciudadanos en realidad confiaron en quienes les gobiernan.

Ahora les toca a esos legisladores hacer su parte y trabajar para que su partido siga dominando, porque uno de los factores que tomarán en cuenta los votantes en el 2016 para confiar nuevamente y elegir a un nuevo gobierno será el desempeño de sus diputados federales. Si trabajaron o si se echaron a dormir en una poltrona.

De ellos dependerá en gran parte si ésta es una auténtica luna de miel o si, lamentablemente, será un cuento más de hadas…

RECONOCIMIENTO

En el juego sin hit ni carrera que logró el PRI el pasado 7 de junio, falta reconocer el trabajo de un grupo de guerreros que sin estridencias ni fanfarrias fueron piezas clave para el triunfo de los candidatos del Revolucionario Institucional.
Me refiero a los jefes de prensa.

Casi siempre tras bastidores, casi siempre no valorados y siempre en el papel de pararrayos, hoy permítanme en estas líneas rendirles un modesto reconocimiento a ese grupo de operadores. Ahí van los nombres y si omito a alguien, una sincera disculpa.

David Dorantes, Javier Ramírez y Jorge Vela en el Distrito 1; Carlos Peña, en el 2; Nora Domínguez y Edmundo Lozano, en el 3; Oscar Pineda, en el 4; Karla Cabrera, en el 5; José Manuel Núñez, en el sexto; Hugo Medellín, en el 7 y en forma muy especial, Patricia Castro y Mario Rodríguez, en el 8.

A todos, felicidades. Lucharon como soldados y ganaron como generales…

Twitter: @LABERINTOS_HOY

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