MATAMOROS, Tamaulipas.- Cuando insultaba y agredía a su esposa, un herrero alcoholizado cayó al suelo y se golpeó la nuca con el cordón de la banqueta, falleciendo de forma instantánea.
Los hechos fueron en los primeros minutos de ayer, en la vivienda marcada con el 37, calle Santa Elena, del fraccionamiento Jacarandas, donde quedó sin vida Pedro Pablo Ríos Colunga, de 42 años; era originario de Ciudad Victoria, Tamaulipas.
Nadia Marisela Rivera, de 38 años, vio morir su marido.
La ahora viuda relató que desde la una de la tarde del pasado jueves, su esposo empezó a tomar con sus amigos en el patio de su casa.
A las 11 de la noche sus amigos se fueron y él siguió emborrachándose.
Su esposa y su hija salieron a platicar con él y luego de unos 20 minutos se metieron a la vivienda.
«Me metí a la casa para descansar y luego escuché que mi esposo también se metió», recordó Nadia Marisela.
Al ver que su marido ya estaba acostado, salió al patio para meter un estéreo que dejó afuera, para que no se lo robaran.
El marido se paró a un lado de la puerta y empezó a insultar a la dama, acusándola de haberse acostado con su vecino.
«Siempre que andaba tomado me empieza a insultar al grado de golpearme», dijo Nadia Marisela.
Aseguró que su marido le propinó varias cachetadas y también le dio varios golpes en la cara.
Pero por ebrio que andaba, cayó al suelo en varias ocasiones y se volvía a levantar.
«Mi hijos se despertaron y él les gritó que se fueran a la chingada, luego le grité que cuando me dieran un préstamo que había solicitado me iba a separar de él», agregó la mujer.
Pedro Pablo se salió hasta la calle y ella lo siguió para controlarlo. Cuando le tiró un golpe, ella lo esquivó y el herrero cayó de espalda. Se dio un golpe en la nunca con el cordón de la banqueta y murió.
«Intente reanimarlo e incluso le puse un trapo con alcohol en la nariz, pero ya no reaccionó y cuando llegaron los paramédicos me dijeron que ya estaba muerto», concluyó Nadia Marisela Rivera.
El fiscal de la Agencia Séptima del Ministerio Público Investigador, José Alfredo Rodríguez González, dio fe del cadáver. Ordenó que fuera enviado al Servicio Médico Forense para realizarle la autopsia de ley y así comprobar las verdaderas causas de su muerte.




