2 enero, 2026

2 enero, 2026

Crónica urbana

Los árboles, reyes y príncipes

Crónica Urbana

Árboles somos y en los caminos sombra andamos. Así escribí en el Paisaje del Cuerpo. Los árboles, esas maravillas de Dios son la salvación del mundo. No en vano los antiguos consignaban que escribir un libro, tener un hijo y sembrar un árbol, era nuestra obligación de vida.

Los árboles en su mágica fronda menean al viento, juegan con los pájaros y en el silencio de los días son el murmullo de un mar por los aires. Siembra un árbol y prolongarás la vida de tus hijos y a la sombra de un árbol bendice a los tuyos y  goza el placer de amar bajo un árbol.

Los árboles son los reyes del bosque y en los caminos son los señores que nos dicen adiós en la fresca tarde y festejan con el verde los calcinados  meses de junio y agosto.

Los árboles traen la lluvia y en sus ramas cantan los pájaros y llenan de color a nuestras hojas. Abrazar y besar bajo un árbol es un conjuro de existencia plena, de disfrutar la juventud, de colgar los sueños de niños en el columpio de la vida.

Los árboles urbanos son los señores de la calle, quien tiene un árbol frente a su casa tiene un guardián día y noche con su coraza contra el fuego. Un árbol es el escondrijo de nosotros cuando fuimos niños y un árbol contuvo las trampas de la búsqueda de huevos, de mariposas en los vaivenes de la tarde.

Un árbol tatuado con el juramento de que el amor será para siempre. Un árbol como señal de los linderos, como orientación en los caminos perdidos.

En tierras como las de nosotros, de cuchillos de sol, los árboles son trincheras para protegernos de los males urbanos y sus hojas son la fertilidad por siempre.

Mi Árbol y Yo de Alberto Cortez, que tiene nombre de árbol, el poeta de la canción canto al árbol como la casa propia y los poetas germanos hicieron del árbol la poesía del árbol. El Árbol Boabad es un árbol que encanto a Patricio Lumumba, el libertador africano. Por eso admiro a los que cuidan y siembran árboles, como mi amigo Guillermo Tirado, como Teresa Bahesa, a quien llamó «Señora árbol». Los árboles tienden ramas de amistad, pero sobre todo, extienden nuestras vidas en la perversa capa de ozono.

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