En el periodismo he encontrado miles de cosas, una pasión, un modo de vida y grandes aprendizajes, es un trabajo que no lo veo como trabajo, sino pasatiempo, pues lo disfruto mucho, por si fuera poco me pagan por hacer lo que me gusta.
Aparte de todo eso y de muchas cosas más, esta labor me ha dejado amigos que atesoro con mucho cariño, uno de ellos es sin duda José Juan, a quien todos conocemos como «La Borre».
El martes pasado me lo encontré en el estadio, platicamos de todo como siempre y amablemente me dijo «Vente Dany, te invito una raspa», «Vamos mi Borre», contesté.
Pasamos apresuradamente la zona donde los niños se suben a los carritos eléctricos, realmente tuvimos cuidado, pues ahí arriesgas el físico, los muchachos a veces se te van con todo a los tobillos (jajajaj).
Llegamos al puesto de raspas, con la señora a la que yo le compraba desde que estudiaba en el CBTis 119, pedí la de siempre, de Piña Colada y Borre de otro sabor, no sé cual, «Yo le saco al azúcar carnal», dijo.
Mientras disfrutábamos de nuestra refrescante bebida, los dos nos quedamos viendo fijamente hacia el área del brincolín, estaba ahí parado y con una mochilita en la mano Márquez, el árbitro que ha sido tema durante la semana luego de que trabajó en un partido de la Liga de Campeones.
Nos vio y vino a saludar, caminaba lento. ¿Cómo estás?, pregunta inmediata, bien, dijo él mientras sacudía afirmativamente la cabeza.
Al poco tiempo llegó corriendo un pequeño de máximo siete años, se dirigió a Márquez y le dijo ¿Mé compras un dogo?, lo pensó un momento y le dijo que sí, pero que lo pidiera sencillo «Porque luego te enfermas, acuérdate».
El niño se alegró y comenzó a bailar al ritmo de una cumbia que se escuchaba en el lugar, luego corrió por su Hot Dog.
¿Quién es él Márquez?, le pregunté, «Es mi hijo, lo tengo desde que (él) tenía cuatro años» por alguna razón que no quise preguntar él se tuvo que hacer cargo en todos los sentidos, me quedé frío en ese momento, se vinieron a la cabeza muchas cosas.
A veces en la cancha vemos a los árbitros como un rival más, queremos criticar y cuestionar (me incluyo) cualquier cosa que decida marcar, los tratamos mal como paradigma heredado desde hace mucho tiempo.
Y nunca nos ponemos a pensar que para ellos estar ahí es un momento del día que dedican para ganarse unas monedas y poder llevar algo de comer a su casa, es para muchos silbantes un sustento, van a las canchas a trabajar y no a disfrutar, dudo que sea un gusto estar ahí soportando de todo.
El silbante vive en ocasiones pesadillas en el terreno de juego, y en casa la impotencia de la familia se vive igual o en mayor magnitud.
El juez siempre queda mal, aunque señale lo correcto un equipo quedará molesto, es uno contra 22 o 14, según sea el caso, sin contar las porras.
Y estoy de acuerdo en que tienen errores, como todos los tenemos, me ha tocado ver malos silbantes y a muchos muy buenos, a los que se preparan y los que no.
Es realmente un oficio muy complicado de realizar, es tomar decisiones en menos de un segundo. El jugador puede fallar el gol, pero tiene el resto del partido para sacarse la espina y hacerlo mejor, el árbitro no tiene ese privilegio.
Mis respetos para todos ellos, son tan importantes en una cancha como la pelota misma, sin ellos no hay partido, disfrutemos del fútbol, que es alegría y no depresión.
Gracias a la «Borre» por la raspa y a Márquez y su hijo por mostrarme lo que sucede cuando el silbato está guardado.
@danielrios10




