Es una noticia que danza entre dos ópticas. La mala y la no tan mala. Y en su médula, tiene una relación importante con Tamaulipas.
Ayer, la Universidad Nacional Autónoma de México –UNAM– dio a conocer que de 60 mil 254 aspirantes que presentaron examen para cursar una de las 113 licenciaturas de sus 20 facultades, sólo lograron su acceso 6 mil 893.
Más claro: casi nueve de cada diez jóvenes que intentaron ingresar a esa casa de estudios, no lo consiguieron. Para decirlo de manera exacta, pudieron hacerlo sólo 1.14 jóvenes de cada decena; sólo 11.4 de cada cien.
Expresado en su forma más dramática, 53 mil 361 preparatorianos no pudieron acceder a ese mundo universitario. Y aunque usted no lo crea, para las autoridades del plantel nacional tales cifras son positivas.
¿Por qué la duda sobre las dos visiones –mala y no tan mala– de estos resultados?
Esta, si me permite, es mi opinión personal a manera de respuesta. Y empezaré por el lado oscuro. La mala noticia, pues.
Para esos más de 50 mil muchachos y muchachas no ingresar a la UNAM es una tragedia real. Muchos de ellos con seguridad alimentaron por años la ilusión de estudiar una carrera en esa institución y hoy su presente y futuro parecen desmoronarse. Lamento muchísimo que la UNAM no tenga la capacidad material, tanto en instalaciones como en su plantilla docente, para atender a esa nube de aspirantes y mantener vivas sus ilusiones académicas.
Y es aquí donde aparece la visión “no tan mala”.
La verdad es que la mayor parte de los no aprobados, queda claro, no tienen la preparación escolar en el área que eligieron, para ser un buen profesional. Y ni hablar de ser uno de excelencia como pretende esa universidad que sean sus alumnos. Esa oscura realidad se confirma en cada inicio de ciclo escolar, en una réplica sostenida de la teoría darwiniana de la evolución sobre la supervivencia del más apto.
Quienes lograron entrar, serán con seguridad quienes el país necesita para su desarrollo. Así de sencillo. Y eso, no tiene nada de trágico para el país.
¿Y cuál es la relación de este escenario con nuestro Estado?
Bueno, sucede que la Universidad Autónoma de Tamaulipas, conforme a la declaración del rector Enrique Etienne, en el ciclo escolar que se avecina recibirá en sus aulas entre 7 y 8 mil alumnos de nuevo ingreso. Sí, más de los que la UNAM, con todo y su colosal infraestructura, aceptará.
No me atrevo a establecer una comparación académica, presupuestal y en infraestructura entre las dos instituciones. La diferencia es abrumadoramente mayor a favor de la Autónoma Nacional. Nuestra UAT, sería absurdo no aceptarlo, está a muchos kilómetros de distancia de su hermana mayor.
Pero con todo respeto, me parece que la UNAM podría tomar una lección del Alma Mater estatal. Una lección sobre el necesario orden interno que debe poseer una universidad.
¿Cómo es posible que nuestra casa de estudios pueda ofrecer una mayor gama de oportunidades de preparación profesional que las que otorga el monstruo que es la Universidad Nacional Autónoma de México?
La respuesta sólo puede ser una palabra: Congruencia.
La UAT, a diferencia de la UNAM, hace tiempo dejó atrás el manejo político y grupal que por décadas perfiló a la primera y creó sin ton ni son carreras que no necesitaban más egresados por la saturación laboral que registran. En la UNAM sigue viva la práctica, por motivos políticos, de mantener matrículas elevadas en áreas que no resisten más alumnos como tributos a cotos de poder, lo cual hace tiempo desapareció en la institución tamaulipeca.
Sí. Congruencia en abrir las carreras que demanda el desarrollo regional y de no plusvaluar aquellas que no soportan más profesionales.
Y lo mejor, la lección para la UNAM sería gratis…
Twitter: @LABERINTOS_HOY




