Pero nosotros seguimos con el pincel en la mano.
Escribía Octavio Paz del pintor indú, Sadao Yodita; «Con un trapo y un cuchillo con el pincel oxidado…» en un poema aparecido en la revista El Corno Emplumado No. 18, que le presté al Padre Carlos González Salas y que dejó en encargo para que se me entregara por dos presuntos amigos cronistas del Puerto de Tampico, y que hoy se echan la bola de que no lo tienen. En esa revista, que es un libro, aparecen los primeros poemas del gran poeta tabasqueño José Carlos Becerra, que es la «Relación de los Hechos», un súper poema del escritor que murió en Brindisi, Italia, cuando se preparaba para abordar el ferriy a Grecia.
Y si continúo y espero que dure varios años con el pincel en la mano pintando a toda música. Es mi etapa de madurez, de pintar libre y soberano, de plantar imágenes, de volver de cabeza mis textos, de encontrar la poesía a flor de piel.
Pintar en serio y en serie para toda la gente que cree en mi trabajo. Un trabajo que siento mío, en formatos grandes, en aventuras de de sombras y luces de figuras subliminales que flotan o frotan, con facilidad.
No es lo fácil de lo difícil, es lo difícil de los años en que se marca el paso de la vocación.
Para esto, se requiere pisar fuerte, y con mis nuevos zapatos de ortopedia de gran calado, al menos por un tiempo no hay quien me pare.
Pintar es continuar la existencia, la vida que nos da, el coraje de soñar.
Porque soñar es un equilibrio de pensar y de hacer. El sueño como un instrumento de trabajo, como un resorte, como una manecilla que no para en la carátula de la vida..
Pintar y escribir, caminar y caminar como los zapatos Canada. ya preparo mis dos textos, un par de cuentos por publicarse en Miami, junto a escritores hispanos que residen en la Florida. Y esto es un festejo, porque si sale a tiempo el libro estaremos en la Feria Internacional del Libro de Miami y en librería. Y eso, amigos, tiene su chiste. En fin, me escribo y me pinto solo.




