Para llegar al Estadio Marte R. Gómez hay varias formas de hacerlo, como por ejemplo a pie, la más común y la que en gran porcentaje utiliza la afición pagante de boleto, los clientes cautivos, los fieles y casi casi mártires seguidores de Correcaminos.
Ésto porque resulta bastante complejo y a veces hasta molesto, que con la justificación de brindar mayor seguridad a quienes van al estadio, así sean mil quinientos en promedio por juego, se cierra la circulación vehicular en las calles aledañas al inmueble, por eso quienes sí gustan de ir al fútbol, tienen que caminar varias cuadras para llegar a su lugar.
Hay algunos (Que ya no sé si sea malo o bueno) que tenemos la oportunidad de accesar al estacionamiento de la Unidad Deportiva Adolfo Ruiz Cortines, eso sí, llegando temprano, porque pese a que tengamos un pase para acudir a tal sitio, nadie nos garantiza que vayamos a caber todos.
Los otros, más afortunados, son los que llegan en vehículos oficiales hasta la puerta del estadio, escoltados al menos por dos patrullas, haciendo sonar sus sirenas, flasheando con sus estrobos, con chofer que les abra la puerta y casi casi una valla para recibirlos en la zona de plateas… y quien sabe si traigan boleto.
Y no hay bronca, cada quien asumimos el rol que nos toca, al fin y al cabo que nada dura para siempre.
Un servidor suyo, o sea yo mero, me encuentro en el segundo grupo en mención, le decía, ya no sé si sea malo o bueno tener un pase de estacionamiento.
El miércoles, quizás muchos de ustedes ya sepan qué sucedió.
Resulta que donde me estaciono, a un costado permitieron el acceso a una camioneta van que traía aficionados de Monterrey; al finalizar el juego, unos dizque aficionados de Correcaminos, frustrados por la derrota ante los Rayados, o tal vez muchachos con problemas de conducta -eso sin duda- con déficit de atención, aunque para mi barrio los conocemos simplemente como güercos volados, llegaron y pese a que se dieron cuenta que eran vistos, lanzaron piedras a dicho vehículo, que para mi mala fortuna estaba a un costado del mío.
Huyen cobardemente tras su gracia, llegan los rayados que viajaban en dicha camioneta, atrás de ellos algunos elementos de la Fuerza Tamaulipas, que su ánimo fue de menos a más en lo que aparentemente era una escena rutinaria, los hechos violentos ya había pasado, no había nada más por hacer, más que escoltar a la afición rayada para que saliera sin mayor problema o resguardarla hasta que fuera más seguro salir de ahí… al menos eso se haría si se usa el sentido común.
Resulta humillante el simple hecho de repetir lo que he venido relatando desde la noche del miércoles, durante toda la madrugada y todas las horas del día de ayer.
Preocupante porque la seguridad de los victorenses está en manos de quién sabe qué tipo de personas; denigrante porque nadie merece ser tratado como fuimos tratados, sin oportunidad de explicar, sometidos, con violencia de por medio.
Es más, he visto criminales en la televisión, de esos que presentan para decir que sí están haciendo su chamba, mejor tratados que como fuimos tratados el miércoles, porque cometimos el grave delito de sacar un teléfono celular con la intención de tomar una fotografía.
Me preocupa que esta misma gente se encuentre a las puertas del estadio recibiendo a la afición, misma afición que de por sí ya está cansada de ir a chutarse desde hace muchos años partidos infumables, con la esperanza de que ahora sí sea ‘la buena’.
A veces tengo la costumbre de ir con mis amigos a la tribuna de sol, a esa donde fui desde chavito con mi familia, desde ahí empieza el calvario, siendo sometidos a una revisión al azar sin el mínimo respeto y hasta discriminatoria, pues una vez me tocó ingresar casi al mismo tiempo que el político Gustavo Cárdenas, quien para su buena suerte no fue revisado y en el interior del estadio resultaba que bebía licor en una ‘nalguera’.
¿Pero sabe qué es lo más preocupante?: La indiferencia.
No es la primera vez que paso por una situación así y sé la impotencia, la frustración y hasta la rabia que destila en momentos de esta índole; por lo que he sido, hasta donde he podido, solidario con quien vive algo así, sobre todo si son mis compañeros de los medios, que en este caso, en su gran mayoría me han dado su respaldo.
Pero, ¿dónde están las autoridades?, anoche, antes de escribir esta columna recibí un mensaje del presidente de Correcaminos, quien aseguraba que se estaban reuniendo los elementos para tomar cartas en el asunto: urge que lo hagan.
Autoridades municipales, autoridades deportivas, autoridades estatales, ¿esta es la seguridad que le brindan a los tamaulipecos?, un pueblo harto de violencia que se tiene que acostumbrar a recibirla de quien debe protegerle.
Y ojo, no olvidemos el comportamiento de quienes se dicen aficionados, constantemente se quejan de querer fútbol de Primera División, ¿para qué?, ¿para agredir al visitante?… son minorías, pero lamentablemente existen con un cacahuate de cerebro que confunden una derrota con un insulto y rebasan los límites que el fútbol tiene.
Como sociedad debemos dar un paso, también exigir a las autoridades y salir del hoyo y el atraso en el que lamentablemente nos hallamos.
@luisdariovera




