No tenía cinco minutos de haber salido del Aeropuerto Tocumen en las afueras de la capital Panamá, cuando el taxista, hábil y bien instruido, identificó el acento: ‘¿mexicanos verdad?, acá llega puro jefe de allá de México, puro maestro cabrón, como a ustedes les gusta decir’.
Así es mis queridos boes, comenzaba un recorrido aleccionador desde la terminal aérea hasta los suburbios de la vieja ciudad de Panamá, pasando por la majestuosa zona de los rascacielos que las trasnacionales del capitalismo han constituido para colonizar este paraíso caribeño, donde los mexicanos no pasan, aunque quieran, desapercibidos.
Lorenzo, el taxista, de hablar en el tono ‘cantadito’ de los panameños no necesitó del agua mineral en la nariz o la bolsa de plástico cubriéndole la cara, los tablazos y demás artes famosas en la vieja policía judicial mexicana para comenzar a soltar sopas y demostrar que conoce al dedillo lo que por tierras mexicas y sobre todo las cuerudas pasa.
‘Yo soy taxista y como taxista conozco, sé a lo que vienen los mexicanos, puro jefe, llegan con maletas vacías, grandes maletas y se van con ellas llenas’, aventó sin pregunta de por medio.
‘A mí me preguntan, yo les digo, vete por ahí, baja por allá, pregunta por tal, a quién quieres conocer, yo te lo presento, pero yo no estoy metido, no soy delincuente porque tengo una niñita linda, yo solo soy el taxista que sabe’. Quizá tanteaba a los visitantes mexicanos, entre risas y deducciones sobre los más de 100 millones de paisanos, nos dio el recorrido por los barrios de las pandillas, esas que controlan espacios no mayores a dos manzanas, pero que matan por su territorio.
‘Los de aquí se matan con los de allá, son áreas pequeñas no como allá en México donde están los jefes, allá es otra cosa’, insistía.
Lorenzo no es un delincuente, pero ha recibido ‘grandes lecciones’ de algunos mexicanos, nos dejó con el ojo cuadrado cuando sin previo aviso burló el pago y la pluma de la primer caseta de cobro de la autopista que nos llevaba al viejo Panamá.
‘Eso me lo enseñó un amigo mexicano, llevo 10 años sin pagar casetas, es cuestión de habilidad, de esperar el momento, de acelerar para ganarle al sensor, no pagas al gobierno que te roba, nos roba, entonces por eso yo no pago, me lo enseñó uno de los jefes mexicanos’.
Parece sencillo, pero no debe serlo, se acerca al auto que está enfrente pagando el peaje y acelera al mismo tiempo que él para impedir que baje la pluma antes que el burle el coste. Dice que en diez años solo dos veces lo han agarrado y multado por esa falta y tan dominado lo tiene que a la siguiente caseta también pasó sin pagar un centavo.
Ya reconocido por los mexicanos en el taxi como un hábil alumno de los ‘jefes’, salió a relucir Tamaulipas.
‘Ah no, eso sí es hablar de jefes jefes, ¿cómo dicen ustedes?, ah sí, allá no se andan con chingaderas, cualquier pedo como dicen los mexicanos se paga cabrón’
Las fosas de San Fernando, la ola de secuestros, el cobro de piso y la ‘epidemia’ de incendios en comercios y restaurantes de Tampico son materia conocida, al menos para el taxista.
Su barrio se nos atravesó en el camino, una docena de multifamiliares de 12 pisos, todos con antenas de televisión de paga, minisplits, agua, luz e imágenes tenebrosas en las calles tipo los barrios bajos neoyorquinos.
‘Aquí tenemos todo y no pagamos nada, con una antenita que se paga abajo, va subiendo gratis y llega hasta el piso 12, agua, luz todo gratis, porque cuando nos cortan algo tapamos la autopista, el gobierno ya sabe’, se burló.
‘Bueno por aquí nada más conmigo, nada de solos por la calle, porque cualquiera te pica (te apuñala) para robarte, mejor los dejo en el casco viejo donde está lo bonito de antes, aquí frente a los rascacielos y junto al mercado de mariscos’
Nos compartió su teléfono y se puso a la orden, a la orden de los jefes mexicanos, de los que hasta el final supo que eran dos simples periodistas que llegaban a Panamá a una reunión del Colegio Latinoamericano de Periodistas que inicia hoy.
Envidia y tristeza…
Ver el litoral de la ciudad de Panamá repleto de rascacielos, muchos hoteles y condominios centros comerciales nos hace preguntar: ¿qué han hecho ellos que en México y Tamaulipas no?, ¿comer en el espléndido mercado de mariscos, limpio, moderno, con servicio de primera nos repite la duda, sobre todo ahora que muchos oferentes de los ruinosos mercados de Tampico se aferraban a mantener el estado de podredumbre que hoy los domina y que apenas está en vías de solucionarse?
Y Lorenzo, el taxista, vuelve a la escena: ‘aquí hubo un presidente que se fajó, que dijo me vale y voy a hacer cosas, aunque muchos no quieran, hizo mucho de lo que ven (de la infraestructura turística) sin permiso de todos, porque no se ponían de acuerdo, él mejor no preguntó, seguro que se llevó sus millones, pero hoy se lo agradecemos’.
En Panamá, por cierto, otro de los territorios de Slim, el magnate mexicano domina lo que los ciudadanos de este país ven en televisión, es dueño de Claro, la empresa líder de tele de paga, es de la telefónica más grande y junto con ICA ha hecho la mayoría de las obras públicas.
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