18 enero, 2026

18 enero, 2026

Laberintos del poder

La gallina desaparecida

Laberintos del poder

¿Cuándo dejaron de ser las gallinas de los huevos de oro?

La pregunta se refiere a las maquiladoras que operan en Tamaulipas. Se ubican principalmente en el norte, pero se pueden encontrar en el centro y hasta en algunos puntos del sur.

Mencionar a esas empresas de la manera en que empieza esta colaboración, se desprende de un reportaje que en la década de los ochenta publicó en Matamoros el periódico El Bravo –firmado por Javier Villegas– en el cual se daba cuenta de la importancia de esas factorías, pero también los problemas que ya empezaban a sufrir en la frontera. El trabajo, que precisamente se titulaba “Matando a la gallina de los huevos de oro”, mereció en ese entonces un Premio Nacional de Periodismo.

Trabajar en esos días en una maquiladora era una especie de medalla laboral. Se pagaban sueldos muy por encima de la media estatal, se disfrutaban prestaciones de diversa índole, se capacitaba en forma permanente al personal hasta hacer de sus operadores una de las primeras mano de obra calificada en el plano mundial y se ofrecían numerosas oportunidades de avanzar en la jerarquía interna.

Eran tiempos dorados en que los gobiernos donaban terrenos gigantescos para levantar plantas y otorgaban largos períodos de exención fiscal, para atraer inversiones y generar los empleos dignos que acostumbraban.

Y casi de la noche a la mañana –muchos culpan al error zedillista de diciembre–como asienta una moderna y popular canción, ese mundo color de rosa se empezó a desmoronar.

En la frontera algunas plantas tomaron sus aperos cobijados en las sombras de la noche y cuando los empleados llegaban al día siguiente encontraban una nave vacía. Sin equipo, sin materiales, sin jefes.

En los parques industriales el escenario era cada vez más inquietante. Cascos vacíos de lo que fueron ejemplares centros de producción menudeaban como vista general, con la naturaleza recuperando los espacios arrebatados. El ubicado en Victoria es una muestra de lo que se soñó sería un imperio y terminó en un páramo.

No tengo idea cabal de lo que sucedió, pero lo que me queda claro es el balance casi trágico que representan hoy las maquiladoras en Tamaulipas, como lo denuncia su propio sindicato.

Hoy, para citar el caso de la capital tamaulipeca, los salarios semanales en esas plantas frisan en los 800 pesos, los cuales sufren reducciones por fondos de ahorros, descuentos por créditos, cuotas gremiales y otras similares, que les dejan a los operarios prácticamente la mitad de su ingreso. Cómo puede vivir una persona o lo que es más grave, una familia, con 400 pesos a la semana no es un misterio, es un verdadero milagro.

Entonces, ¿cuál es la importancia de esas empresas en el Estado?

Deben tenerla, de otra manera no existirían, pero es evidente que el beneficio es para quienes las instalan, quienes utilizan una mano de obra casi regalada y ni siquiera benefician a la región con sus productos, porque todo lo que generan es material de exportación.

Parece que es tiempo de cambiar las reglas del juego. Es tiempo de revisar los contratos laborales de las maquiladoras, de no tratarlas como si le hicieran un favor a la zona donde se instalan, de obligarlas a cumplir con las prestaciones legales a las que están comprometidas a otorgar y a no aplicar horarios y reglas de trabajo lindantes en la esclavitud, para beneficiar la economía de bolsillos lejanos, pero nunca de sus trabajadores o Estado que las aloja.

Es tiempo de que nos convenzamos de que ya no existen esas ya míticas gallinas de los huevos de oro…

Twitter: @LABERINTOS_HOY

Facebook
Twitter
WhatsApp

DESTACADAS