Ahora que eligieron la nueva directiva nacional del PRI, conviene recodar que las mujeres han sido discriminadas durante muchos años, y que nunca las promueven a cargos directos importantes. El nombramiento en la Secretaría General de Carolina Monroy no es suficiente.
– Eso que dice me parece una exageración.
– No, de ninguna manera. Recuerde que hace algunos años, una lideresa dijo que en el PRI sólo toman en cuenta a las mujeres jóvenes, con muchas curvas, bonitas facciones y algún amigo influyente.
– Oiga, eso sí que no me gustó. Nadie tiene derecho a criticar el privilegio que tenemos los revolucionarios, de disfrutar de todos los antojos que el poder puede ofrecernos.
– ¿Y por qué piensa usted que los revolucionarios tienen ese privilegio?
– Pues es que en el pasado sufrimos mucho. Los compañeros que hicieron la Revolución con las armas en la mano, tuvieron que conformarse con soldaderas. ¡Imagínese usted! Puras indias prietas, chaparras y desgreñadas. ¡Qué suplicio y qué horror para nuestros compañeros revolucionarios! ¡Qué estómago de pelaos!. Pancho Villa y Emiliano Zapata fueron unos mártires.
– ¿Así que como antes sufrieron ahora se están reponiendo?
– Así es, y ya tenemos tiempo reponiéndonos, aunque hay bandazos en los sexenios, pues de repente viene el Presidente muy fajador, y luego viene otro “mandilón”. Con López Mateos le dimos vuelo a la hilacha y no dejamos falda sin levantar, con Díaz Ordaz la “tigresa” Serrano se volvió millonaria y con José López Portillo superamos todo. ¿Se acuerda usted de Pompa Luz Alegría? ¡Qué mujer! ¿Me daban ganas de ser resfriado para aventármele al pecho!
– Sí, me acuerdo muy bien, ¿pero por qué los dirigentes revolucionarios no mantienen alejadas del poder a sus muñecas favoritas, y les otorgan los cargos a las mujeres capaces?
– Mire, en verdad que usted no conoce la psicología de estas fulanas. Todas las que están “cueros” le quitan a uno hasta la piel, y nos exigen cargos políticos para figurar. Les encanta la grilla, y cuando toman el poder les brillan los ojos de gusto como coyotes. ¡Son terribles!
– Bueno, pero los revolucionarios deberían resistir a esas mujeres tan peligrosas, y no darles cargos políticos por méritos de alcoba. Les pueden decir lárguense “pelanduscas” y llévense su “fúchila”.
– ¡Deveras que usted es un inocente! Esas fulanas son invencibles; son atletas sexuales, artistas del colchón y tecnólogas del sexo, que derrotan al más “bragado” con un simple “sabanazo”. Ellas inventaron la “muerte chiquita”.
– ¿Deveras son tan malvadas y perversas?
– Claro, en el combate cuerpo a cuerpo vienen invictas desde “el paraíso”. No hay remedio, compréndalo. ¡Es una realidad amarga de la vida que los revolucionarios soportamos con emoción partidaria, pasión de servicio y un hondo sentido de justicia social.




