25 mayo, 2026

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Laberintos del poder

Ojalá fuera el 20

Laberintos del Poder
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La definición la acuñó o por lo menos a él es a quien por primera vez se la leí en una de sus columnas, el recordado periodista victorense Víctor Manuel Calzado, padre.

«Diputados de chiripa»…

De esa manera los bautizó Víctor, en alusión a la inclusión de esos personajes en una lista de privilegiados, fabricada en muchos casos por su buena suerte y en otros por la calidad de sus padrinazgos.

Hoy, beneficiarse de esa «chiripa» cada vez enfrenta mayores complicaciones, como lo demuestra el fallo de la Suprema Corte de Justicia, emtidio ayer, al echar abajo el dictamen del Congreso Local para permitirle en Tamaulipas a los partiditos —los menciono así por su tamaño no por sus atributos— tener representantes en una tribuna legislativa con apenas un puñado de votos que los respalde. Sólo se pedía el 1.5 por ciento de la votación alcanzada y el Tribunal lo devolvió al 3 original.

En lo personal me parece una decisión correcta. Engordar la nómina del Congreso estatal con diputados que en muchos casos sólo los conoce su familia, no sólo lastima le economía de ese Poder, sino hace estragos también en la credibilidad de un cuerpo colegiado que en teoría representa a la sociedad.

Y le diré el porqué de esta opinión, muy personal.

En el concierto nacional, una corriente a favor de los diputados plurinominales argumenta que la trascendencia de esas camadas de legisladores descansa en que son quienes hacen la chamba estratégica, tanto en la Cámara de Diputados como en la de Senadores. Tal vez tengan razón, si es que el criterio de sus partidos de origen aplican el criterio de garantizar que lleguen por esa vía a una curul o escaño, sus mejores mujeres y mejores hombres. Son, según sus defensores, los que piensan. Los demás en su mayoría eran antes «levanta dedos» y ahora «oprime botones». Con sus excepciones, por supuesto.

Pero en los estados, el gozo por lo general se ha ido al pozo.

En el caso de nuestro feudo, una gran parte de los nombres y apellidos que fueron y son inquilinos del Congreso Local con esa etiqueta brillan, pero en el terreno del escándalo, del anecdotario y de la improductividad.

Sería ocioso darle identidades e esos protagonistas, porque de eso ellos mismos se han ocupado. Han labrado trayectorias que en lugar de honrar a sus casas partidistas los han convertido en material para guardarse en alguna gaveta polvosa.

El balance de muchas incursiones de esas «celebridades» tamaulipecas es tan variado como penoso: riñas de callejón en pleno recinto legislativo, remedos de crucifixiones, alegorías de insultos, huelgas ficticias de hambre, en fin, un rosario de extravagancias que nutren un catálogo de anti virtudes y muestran el lado oscuro de esas curules plurinominales, que también marcan a fuego a las regidurías de ese tipo, usadas casi todas para cobrar sueldos.

Por eso, aplaudo a la Suprema Corte.

Ojalá no fuera el 3 por ciento el mínimo de votos. Ojalá fuera el 10 o el 20. Así ahorraríamos dinero del erario.

Y ahorraríamos verguenzas…

SEÑALES Y TIEMPOS

El tema fue lo de menos. La orientación del mismo era la esperada: poner de relieve el trabajo presidencial.

La intervención de Edgar Melhem Salinas, ayer en la Cámara de Diputados, para ponderar el trabajo de Enrique Peña Nieto, pudiera ser considerada en el escenario general del Poder Legislativo una postura más del bloque priísta, pero si se observa desde la óptica tamaulipeca, en donde todo gira alrededor del 2016, la lectura es para algunos, otra.

Y es que para los interesados en ese año, todo lo que se mueve y se dice tiene un origen y un destino. Hasta un podium les parece una señal.
Caray, tan bonito que es esperar los tiempos…

Twitter: @LABERINTOS_HOY

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