7 febrero, 2026

7 febrero, 2026

Laberintos del poder

¿Es de Tamaulipas…?

Laberintos del poder

El texto que a continuación expongo, es letra por letra la parte medular de un correo recibido por su servidor. La experiencia puede ser de cualquiera de nosotros.

Le presento el escrito para intentar una reflexión posterior a su lectura:

“Soy un comerciante que he trabajado durante más de 20 años en forma honesta y sin descanso. Soy una persona reconocida en Ciudad Victoria junto con mi familia, gozo de la estimación de amigos, colegas de ocupación y de quienes en general me rodean.

Hasta hace unos días estaba seguro de que con ese esfuerzo no tenía problemas para mostrar en todos lados donde me parara, mi honradez y confiabilidad. Pero estaba equivocado.

Tengo varios hijos, pero uno de ellos fue enviado por la universidad donde estudia en la capital del Estado, a cursar un semestre en la Ciudad de México, como una especie de premio por sus buenas calificaciones. Y ahí empezó mi viacrucis.

He pasado dos semanas tratando de alquilar un modesto departamento lo más cercano posible a la escuela donde estudiará mi hijo, el cual él compartiría con dos compañeros más de su misma carrera. Y no he logrado conseguirlo, por lo menos donde me parecían lugares adecuados.

Resulta que los encargados de esos pequeños departamentos y en otros casos los mismos dueños, nos recibían la solicitud en forma amable, pero sólo hasta que se enteraban que somos tamaulipecos. Válgame Dios.

Parecía que estaban hablando con el diablo. De inmediato nos negaban el alquiler y casi nos corrían. Algunos de ellos lo hicieron en forma cortés, pero uno de ellos casi llamó a la policía porque insistimos en rentarle.

Sólo uno de los que pudimos platicar nos explicó por qué nos negaban el servicio.

Nos dijo que se había corrido la voz de que no le rentaran a gente de nuestro estado, porque no se podía confiar en nosotros ¡hágame el favor! y para colmo nos informó que ya la autoridad local hasta les habían incautado dos departamentos, porque nuestros paisanos los habían utilizado para actividades ilícitas. Y para colmo, nos dijo que los inquilinos se habían presentado como funcionarios gubernamentales.

Ahora estoy pagando las consecuencias de eso, porque sólo me queda pagar una cantidad triple de lo que pensaba gastar, para rentar sólo un cuartito amueblado con lo básico en una vieja casa, que es en los únicos lugares donde nos miran feo pero sí nos rentan. A lo mejor porque son muchos y se sienten menos inseguros con mi hijo y sus compañeros.

Le mando este correo para que si puede lo haga público y que se sepa que en muchos casos los tamaulipecos estamos pagando justos por pecadores. No se vale tanto sacrificio de uno y de la familia para que por unos cuantos a todos nos marquen como si fueranos reses.

Gracias por su tiempo y si puede hacer lo que le pido, otra vez gracias.

Su servidor…”
Esta historia, de la cual omito por razones obvias el nombre de su protagonista, con toda la infamia que significa para quienes hemos hecho del trabajo limpio nuestro modo de vivir, indigna. Ahora, como usted puede ver, resulta que esa imagen sincera, afable, solidaria y de cabalidad que poseíamos los norteños, se ha convertido en cenizas.

Y cómo estaremos, para que –imagínese– hasta los chilangos desconfíen de nosotros. ¡Qué insulto…!

Twitter: @LABERINTOS_HOY

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