Como es costumbre durante la época decembrina, en la que es común olvidarse de las tristezas y de los malos ratos para dar paso a la alegría de las posadas y los convivios familiares, el aspirante a candidato del PRI a gobernador de Tamaulipas, Marco Antonio Bernal Gutiérrez, ha aprovechado el espíritu navideño que prevalece en estas fechas para hablar sólo de cosas positivas y de buenos deseos.
El Secretario General Adjunto del CEN del Revolucionario Institucional reiteró, como un buen Santaclós, que, como resultado de la reforma energética, en el 2016 bajarán los precios de la gasolina y el diésel que ojalá no haya sido una inocentada y vaya a suceder igual que a las tarifas eléctricas que siguen sin disminuir, por lo menos para los usuarios domésticos, a pesar de los anuncios de que gradualmente se irán reduciendo.
El mismo mensaje positivo utilizó el ex presidente de la comisión de energía de la cámara de diputados del Congreso de la Unión para ayudarles a olvidar las penurias y dificultades a los correligionarios de escasos recursos económicos que ya no saben qué hacer para cubrir las necesidades del hogar a causa de la carestía.
Aunque sabe que cada elección es distinta y de que en política nunca hay nada seguro, el ex diputado federal pronosticó que en el proceso electoral del 2016 el ex invencible volverá a repetir el triunfo de carro completo que logró en la jornada electoral del 2015 en la que, como es del dominio público, de las ocho curules federales que se disputaron en las urnas el tricolor se las adjudicó todas.
Si se cumplen los vaticinios del nativo de Matamoros, el partido que gobierna la entidad ganaría el año que viene al PAN y a sus eventuales aliados electorales, además de la gubernatura, las 43 alcaldías y las 22 diputaciones de mayoría, que le permitirían refrendar de nueva cuenta la supremacía política de más de ocho décadas que ostenta desde 1929.
Los que, a diferencia de Bernal Gutiérrez, parece que prefirieron olvidar las giras y las reuniones de posicionamiento en los días de receso de la navidad y la fiestas del fin del año, fueron Baltazar Hinojosa Ochoa, Alejandro Etienne Llano, Paloma Guillén Vicente, Alejandro Guevara Cobos, Enrique Cárdenas del Avellano y demás priistas interesados en el puesto de Egidio Torre Cantú, que prácticamente desaparecieron del escenario político durante la segunda quincena de diciembre.
En contraste, el que ha de estar inquieto es el panista Francisco Javier García Cabeza de Vaca. Tras la denuncia que lo involucra como presunto responsable de utilizar dinero de procedencia ilícita para financiar la campaña electoral de su hermano Ismael en la pasada disputa de la diputación federal de Reynosa, el senador que quiere gobernar a los tamaulipecos el próximo sexenio ha de haber tomado las providencias necesarias para eludir cualquier responsabilidad en el asunto o en su defecto, como es habitual, achacarle motivos electoreros y hacerse la víctima para sacarle provecho a las acusaciones.
El legislador tiene experiencia en estos menesteres pues no es la primera vez que le imputan este tipo de ilegalidades.
Los que seguramente están que brincan de gusto, por otra parte, pero no precisamente por la navidad, son los jerarcas estatales del recién resucitado Partido del Trabajo, a saber, Alejandro Ceniceros Martínez y compañía, a los que, después de meses de angustia que deben de haber sufrido al saber que dejarían de vivir del presupuesto si el organismo político perdía el registro, les volvió el alma al cuerpo.
Las autoridades electorales les dieron una nueva oportunidad para mantenerse en el régimen de partidos y tendrán que ponerse a trabajar en serio, no pasársela en los cafés, en los restaurantes de lujo y hoteles de cinco estrellas disfrutando de las buenas viandas y vinos importados a costa de las contribuciones fiscales de los mexicanos, como lo han hecho hasta ahora, para alejarse definitivamente del peligro de la disolución. Y la única manera de conseguirlo es dedicándose a reclutar adeptos y adhiriendo a seguidores a la causa de la agrupación. Pero sobre todo dejando de hacerla de comparsa del PRI que ha sido, junto con la falta de trabajo político, lo que ha puesto en riesgo su permanencia en la partidocracia.




